VOLPONE (AVARICIA Y LUJURIA)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro  

Imagen tomada de la página de la producción en Facebook

 

Volpone

La avaricia y la lujuria son considerados dos de los pecados capitales, ambos, en términos generales llevan aparejadas consecuencias negativas para quienes hacen de ellas un estilo de vida. Ben Jonson (Gran Bretaña, 1572-1637), uno de los más destacados dramaturgos de la época jacobina, retrata a la sociedad en la que le tocó vivir en Volpone (1605, hay quien la ubica en el año siguiente), mediante la sátira mordaz nos conduce por un mundo descriptivo de la ciudad de Londres y el entorno donde se desenvolvían sus moradores. Esta obra es la más representada del citado autor en el mundo.

El tiempo no pasa en balde y para los teatrófilos contemporáneos la trama puede parecer ingenua en su forma, sin embargo, el fondo conserva su valor y es actual. Ante lo anterior no sorprende que alguien decida adaptarla y llevarla a escena como ocurre en el caso de Rodrigo Hernández Tapia, quien también funge como director al frente de la Compañía Hatha Teatro. En verdad la versión deja mucho que desear, no aporta y sí quita a la esencia planteada por Jonson, porque, como ya se mencionó, se trata de una sátira mordaz, sin embargo, ahora estamos frente a una comedia, que en principio lo es, solo que negra y esto se pierde, simplemente se pretende provocar la carcajada, hecho que tampoco se consigue.

La dirección es poco afortunada: exceso de desplazamiento escénico, todos, absolutamente todos los actores se la pasan gritando de principio a fin, parecen más payasos -sin ofender al gremio-, ambos aspectos le dan al traste al montaje. Por si lo anterior no bastara para decepcionarse, la “escenografía”, una estructura de alcances mínimos, no recrea nada, ni en forma simbólica, y la madera corriente se vuelve en un estorbo a vencer, con unas salidas de escape convertidas en una tortura para el elenco, quien además se ocupa de su movilización. Un músico en vivo, teclado (de esos que tiene una manguerita y funciona con el aliento del ejecutante), más que un apoyo sonoro es un tormento auditivo para el respetable, llega el momento en que dan ganas de invadir el escenario y callarlo, curiosamente hay una escena simpática en que los propios actores callan al músico, claro, como parte del desarrollo.

En fin, Volpone y su codicia lo llevan, cuando está al borde de la ruina, a provocar y aceptar las falsas adulaciones de sus “amigos”, quienes lo frecuentan con la intención de ser nombrados sus herederos universales, porque creen que posee riquezas; su criado se convierte en su cómplice, como ya es sabido, todo el enredo se aclarará y cada uno de los protagonistas pagará por sus actos.

En suma, una propuesta intrascendente, para el olvido a corto plazo, pero para quien desee verla, la cita es en el Teatro El Granero, del Centro Cultural del Bosque, Ciudad de México.