ALEJANDRO RICAÑO INVITADO EN EL 443 ANIVERSARIO DE LA CIUDAD DENTRO DEL PROGRAMA CULTURAL

Texto y foto por Ana Leticia Romo García

IMG_2227Dentro del festival cultural brindado por el IMAC, hubo una interesante trilogía bajo la dirección del joven dramaturgo jalapeño Alejandro Ricaño (1983). En diversas entrevistas él ha declarado que su triunfo se debe a poner en escena con franqueza, los temas de su generación, pues cree -bajo su propia experiencia- que se enseña más a actuar los clásicos que arriesgarse a contar lo que aún no se ha dicho. Y con una deliciosa frase lo expresó así: “Shakespeare no escribía sobre Iztapalapa”. Él, dirige buscando la forma de contar contextos que no son convencionales, y eso se observó en esta trilogía de obras: Bye Bye Bird, de José Manuel Hidalgo, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo, título inspirado en la melodía del virtuoso de la armónica, Sonny Boy Williamson. El segundo montaje, de la pluma del propio Ricaño: El amor de las luciérnagas y la tercera, Todos los peces de la tierra.

En cuanto a ByeByeBird, se puede comentar que la trama es brutalmente cierta, triste y llena de un humor muy negro. Trata de tres jóvenes defeños, habitantes de una unidad familiar de Azcapotzalco, inmersos en la gravedad de la delincuencia, pero sin cuestionársela.Así, los tres personajes principales con su particular frescura e inconsciencia: el Johny, la Jennifer y el Bryan (Sara Pinet, Ricardo Rodríguez y Luis Eduardo Yee) juegan con el lenguaje de los chavos banda, y utilizando recursos gestuales y de movimiento, los van haciendo muy verosímiles, haciendo del montaje un terrible retrato de la violencia, el robo, el narcomenudeo, de la política de masas y del destino que les impide salir de esa situación. Los tres jóvenes admiran a Bird, el único negro de la unidad que les ha enseñado a hablar algunas expresiones en inglés, a tocar la armónica y a sentirse dignos de admiración y respeto por sólo ese hecho. Sin embargo, un día amanece muerto y los chicos van relatando los hechos ante un público estupefacto de escuchar todo lo que sucede en ese mundo tan crudo y cruel, tanto, que acaban demoliendo la unidad para imponer una tienda de autoservicio de gran renombre, en donde ellos seguirán siendo las víctimas de su vomitivo y salvaje entorno sin oportunidades. Para el montaje, Ricaño utiliza una escenografía rodante que va cambiando la atención del público hacia lo que los personajes van diciendo.

En cuanto a Todos los peces de la tierra,con las actrices Gina Martí y Alejandra Montes de Oca y texto de Bárbara Perrín, es una obra que habla de muchas cosas. Marina (y su alter ego) es una niña que vive la fatalidad. Primero, el abandono de su madre, el asma y una traqueotomía, una alergia severa a los alimentos marinos, la nueva familia a la que se ve sometida por el padre, su huida de casa albergándose con una tía, el logro de sus sueños poco a poco (un perro, conocer la playa, cantar, reencontrarse con su padre), hasta que un fatídico día recibe la terrible llamada donde le dicen que su padre “el viejo lobo de mar” se perdió en el océano. Sin soportarlo, llega al mar para buscarlo, hundiéndose más y más en una depresión, hasta que logra aceptar la pérdida y es capaz de volver a desear algo y vivir para lograrlo. Enternecedora y profunda obra que habla de la identidad, de la pérdida y de la reconciliación con la vida, contada por Marina y su otro yo, subidas en un columpio gigante.