DE MONSTRUOS, GIGANTES Y OTRAS CALAMIDADES (EL ALTER EGO DE LOS NIÑOS)

Texto y foto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Astillero TeatroEs de suponerse que en mayor o menor grado todos los infantes, sobre todo, cuando son más pequeños tienen alucinaciones que los hacen ver gigantes, fantasmas, producto de varias circunstancias, como pueden ser fobia a la oscuridad, a la soledad o porqué no, tener un padre alcohólico en el cual ven un ogro, lo importante es que no saben cómo enfrentar la problemática. AutTexto y foto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Es de suponerse que en mayor o menor grado todos los infantes, sobre todo, cuando son más pequeños tienen alucinaciones que los hacen ver gigantes, fantasmas, producto de varias circunstancias, como pueden ser fobia a la oscuridad, a la soledad o porqué no, tener un padre alcohólico en el cual ven un ogro, lo importante es que no saben cómo enfrentar la problemática. Autor y director de la obra De monstruos, gigantes y otras calamidades, Oswaldo Valdovinos Pérez: “aborda la realidad del abandono de niños entre cinco y siete años de edad y de cómo lo enfrentan a través de la resilencia o del llamado constante y desesperado de atención, que generalmente se denomina hiperactividad”. Los monstruos, en este caso, en realidad son el alter ego de los pequeños. El texto está inspirado en El más gigante, escrito e ilustrado por Juan Gedovius.

“La historia aborda la relación de dos niños que, a su modo de ver y en su entrono, están solos: Javier, a quien ignoran por completo en su casa y Mónica, una niña que vive con un padre alcohólico. A partir de un encuentro fortuito en un parque que ambos frecuentan, los dos se darán la oportunidad de compartir su miedos, juegos y secretos, pero, sobre todo, la necesidad de saber que aún en la soledad se pueden encontrar amigos en quienes menos se espera” (Programa de mano). Alrededor de ellos, hay una serie de personajes que dan vida al desarrollo de la anécdota, tal es el caso de cuatro gigantes: un cíclope que representa la furia de un padre alcohólico; una mole de piedra llamada Macate, alter ego de Javier; Gucho, un anciano pelirrojo, abuelo de Mónica y Garvaza, una gigante roja, alter ego de Mónica. En su calidad de director, Oswaldo recurre a títeres (varias técnicas) una escenografía, (fundamentalmente, un barco, donde se representa una analogía entre los seres humanos y el mar, ambos pueden transcurrir en las tormentas). Actores y máscaras. La historia tiene profundidad, lo curioso es que el montaje es sencillo, lo cual permite a los infantes captar con amplitud la historia.

Un proceso de dramaturgia que llevó un largo tiempo para el resultado final, escenificado por Zohar Salgado, Sandra Rosales, Miroslava Figueroa, Itzel Casas y el propio Oswaldo, quienes actúan y manipulan a los títeres. Producción de la Compañía Astillero Teatro. México cuenta con una gran tradición titiritesca, por tanto, hay que reconocer el esfuerzo por mantenerla, desgraciadamente cada día son menos los grupos dedicados a esta expresión artística, esperemos no muera ante la envestida de los juegos electrónicos, hoy en boga. Un acierto a reconocer es que los monstruos no provocan miedo en los pequeñines, al contrario, les llaman la atención y están a la expectativa con lo que acontece en el escenario.

De monstruos, gigantes y otras calamidades se presentara hasta el 7 de octubre en el Teatro Benito Juárez (Ciudad de México), sábados y domingos a las 13:00 horas.
or y director de la obra De monstruos, gigantes y otras calamidades, Oswaldo Valdovinos Pérez: “aborda la realidad del abandono de niños entre cinco y siete años de edad y de cómo lo enfrentan a través de la resilencia o del llamado constante y desesperado de atención, que generalmente se denomina hiperactividad”. Los monstruos, en este caso, en realidad son el alter ego de los pequeños. El texto está inspirado en El más gigante, escrito e ilustrado por Juan Gedovius.

“La historia aborda la relación de dos niños que, a su modo de ver y en su entrono, están solos: Javier, a quien ignoran por completo en su casa y Mónica, una niña que vive con un padre alcohólico. A partir de un encuentro fortuito en un parque que ambos frecuentan, los dos se darán la oportunidad de compartir su miedos, juegos y secretos, pero, sobre todo, la necesidad de saber que aún en la soledad se pueden encontrar amigos en quienes menos se espera” (Programa de mano). Alrededor de ellos, hay una serie de personajes que dan vida al desarrollo de la anécdota, tal es el caso de cuatro gigantes: un cíclope que representa la furia de un padre alcohólico; una mole de piedra llamada Macate, alter ego de Javier; Gucho, un anciano pelirrojo, abuelo de Mónica y Garvaza, una gigante roja, alter ego de Mónica. En su calidad de director, Oswaldo recurre a títeres (varias técnicas) una escenografía, (fundamentalmente, un barco, donde se representa una analogía entre los seres humanos y el mar, ambos pueden transcurrir en las tormentas). Actores y máscaras. La historia tiene profundidad, lo curioso es que el montaje es sencillo, lo cual permite a los infantes captar con amplitud la historia.

Un proceso de dramaturgia que llevó un largo tiempo para el resultado final, escenificado por Zohar Salgado, Sandra Rosales, Miroslava Figueroa, Itzel Casas y el propio Oswaldo, quienes actúan y manipulan a los títeres. Producción de la Compañía Astillero Teatro. México cuenta con una gran tradición titiritesca, por tanto, hay que reconocer el esfuerzo por mantenerla, desgraciadamente cada día son menos los grupos dedicados a esta expresión artística, esperemos no muera ante la envestida de los juegos electrónicos, hoy en boga. Un acierto a reconocer es que los monstruos no provocan miedo en los pequeñines, al contrario, les llaman la atención y están a la expectativa con lo que acontece en el escenario.

De monstruos, gigantes y otras calamidades se presentara hasta el 7 de octubre en el Teatro Benito Juárez (Ciudad de México), sábados y domingos a las 13:00 horas.