EL ERIZO

Por Fernando Sánchez

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El pasado 21 del presente mes, fui invitado a un lugar que seguro para la gente de Aguascalientes es conocido “La Saturnina”, no solo por la calidad de los alimentos que ahí sirven, si no por ser un icono para la ciudad, pero curiosamente, no fui a degustar alguno de sus variados platillos, asistí a la primera presentación publica de un video club, lo cual no solo me lleno de inquietudes, ya que vería una película y no seria en el cine y tampoco en la comodidad de mi casa y estaría rodeado de personas desconocidas, les daré en una palabra mi experiencia: Increíble, si increíble poder compartir con un grupo una película en este caso “El Erizo” y poder comentar la misma.

La película de Mona Achache adapta la novela La elegancia del erizo de Muriel Barbery, que yo, adelanto no he leído, pero que ha sido best seller.

De entre todos los protagonistas El Erizo es Renée Michel. Es la portera de un edificio de apartamentos lujosos, en París. Discreta, educada y fría como el hielo, pasa sus días sin ningún tipo de ambición, viviendo sola con su gato León. Cuando que se quedó viuda perdió la ilusión por vivir. Pero las apariencias engañan. Y Renée tras su aparente falta de formación tiene en su casa un cuarto secreto repleto de cultura.

Los otros dos protagonistas, comparten con ella varias cosas: tener gatos, el ser y sentirse diferentes y su fascinación por la cultura.

La primera es Paloma, una niña de once años, inteligente que vive en el seno de una familia acomodada con la que no comparte sus ideas sobre la vida. A Paloma, de imaginación y creatividad infinita, le gusta grabar con la vieja cámara de video de su padre y es a través de su punto de vista desde el cual está contada la historia. De ella depende el tiempo narrativo ya que tiene un plan que dura desde el inicio de la trama hasta su siguiente cumpleaños, exactamente 165 días.

El segundo es el enigmático señor Kakuro Ozu. Vestido siempre elegante, educado, caballeroso, amable y sencillo a pesar de su fortuna, Ozu es el vecino que todos quisiéramos tener. Con una gran cultura y experiencia, llega nuevo al edificio y enseguida coincide con esas dos almas (Renée y Paloma) que necesitan un guía para redirigir su camino.

Los tres forman un trío excepcional. Y por increíble que parezca, sus encuentros causales son de lo más creíbles. Y es que la película está rodada básicamente en el interior del edificio alternando los lugares comunes, como el patio, el ascensor o las escaleras, con las escenas en las respectivas casas de cada uno. Pero aún, es más.

El edificio hace de refugio para los tres personajes porque es justo cuando salen al exterior cuando se producen las tragedias. Otra metáfora de lo cruel que es el mundo ahí afuera, o de cómo lo ven por lo menos nuestras dos tristes protagonistas. Como ejemplo citar el rato en que Renée y Paloma van a la tintorería en busca de una solución para el vestido o la tragedia final que también transcurre en la calle. Aunque en verdad que esto no sucede del todo, puesto que la cita definitiva entre Kakuro y René no es en el edificio, sino en un restaurante. Kakuro siempre en su labor de enseñarles a ambas que en el exterior también existen cosas buenas.

La película tiene toda la delicadeza del cine francés, tanto en el tratamiento de las imágenes como en los diálogos. La cámara de vídeo de Paloma por momentos se convierte en el ojo privilegiado del espectador haciéndonos cómplices de su visión mágica del mundo.

El erizo, un filme entrañable intimista y reflexivo que me ha dejado con buen sabor de boca, muy recomendable.