EL HILADOR (CRUZAR FRONTERAS METAFÍSICAS)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Crédito de la fotografía: Paulina Watty, de Once Once Producciones

 

El hilador

Pertenezco a una generación que creció escuchando cuentos, desde los tradicionales hasta los que inventaban nuestros abuelos y padres, era un deleite imaginar, transformar palabras que nos hablaban de personajes, de situaciones, de lugares, de emociones… Acudo al teatro y me encuentro con una escenificación de “una historia de amor… con algunos detalles colaterales”, poco o nada ortodoxos; la posibilidad de combinar la realidad con la ficción y cruzar fronteras metafísicas. El texto lleva por título EL HILADOR, producto de la imaginación, creatividad y talento de Paula Zelaya Cervantes, joven dramaturga a quien no tengo el gusto de conocer, sin embargo, con esta obra, además dirigida por ella misma, es indudable que los tres adjetivos me permiten, sin temor a equivocarme, estamos frente a una promesa, por llamarlo de alguna forma, hecha realidad. No sé su edad, el programa de mano refiere su juventud y una formación en importantes instituciones en el extranjero, así como un buen número de becas y reconocimientos.

 

La historia nos remite a un mundo donde un niño huérfano es reclutado por la Muerte, para traer y llevar fallecidos; una niña, quien ama la luz de la velas, que eran elaboradas por su padre, fallece cuando la primera decide que es hora de su partida. Hay un encuentro entre ambos, creo que más que infantes se deben ubicar en la adolescencia, surge un sentimiento entre ellos; sin embargo sólo pueden estar juntos cuando alguien muere, por ello urden un plan para lograrlo. Como en todo cuento que se precie de serlo hay una madrastra malvada y malhablada, la cual es más referencia circunstancial que protagonista. Sin embargo, en ese mundo, digamos onírico, no encuentran la tranquilidad para su felicidad, deciden trasponerlo para incursionar en el mundo real, Más odiseas, la esclavización con las preocupaciones de lo cotidiano, en ocasiones intrascendentes y aburridas. No abundo para no vender la trama de esta fascinante historia, qué si bien tiene mucho de narrativa, como debe ser, a la postre se convierte en un cuento dramatizado.

 

Paula, como directora, sorprende. Junto con su escenógrafo e iluminador, Sergio Villegas y Matías Gorlero, respectivamente, sin descontar el diseño de vestuario de Sara Salomón, concibe(n), más allá de un lugar, un espacio tétrico, fantasmal, lúgubre, sombrío, la atmósfera ideal para evitar caer en el terror y dar paso a una historia conmovedora a pesar de presencia de la Muerte y los daños colaterales de esta odisea. La caracterización la última sale de los convencionalismos que conocemos y desgastados, otro acierto, es más hay momentos de intenso humor provocados por ésta, además responsable de los efectos especiales en escena, técnicamente sencillos pero efectivos.

 

Ana González Bello (Elena), Eván Regueira (Quirón), y Marcos Rodosh (Muerte) espléndidos, naturales, no dramatizan un cuento, se introducen en él, son parte de la historia, más importante llegan a lo más profundo de quienes disfrutan la labor histriónica de estos actores. Al concluir la función a la que asistí, no era para prensa e invitados especiales, el público, en su mayoría jóvenes, los ovacionó de pie, considero que con este último comentario, no hay más que agregar.

 

EL HILADOR, se representa en el Teatro Helénico, Ciudad de México, los miércoles a las 20:30 horas.

 

 

Julio 2018