LA NOSTALGIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS (A VECES PERDERSE NOS PERMITE ENCONTRARNOS)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la producción

 

Nostalgia

Una idea muy socorrida en nuestra sociedad es la creencia de que tocar fondo es la posibilidad de levantarse o como expresa Ángel Luna, autor y director de LA NOSTALGIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS, “a veces, perderse nos permite encontrarnos”. Hay muchos casos que constatan la premisa, sin embargo, ahora es abordada en una interesante combinación entre una posible realidad y la fantasía.

 

La obra fue ganadora del Circuito de Jóvenes Directores y Dramaturgos. Otra “extraña” mezcla es la de conceptos científicos -al inicio preponderantemente- y las emociones propias de los seres humanos, tales como el amor, el perdón, el olvido, la traición, la confianza. Cuatro personajes, igual número de actores y el mar como transfondo para enmarcar las historias. No cualquier mar, destino del lugar secreto de las cosas perdidas. ¿El sitio existe o sólo está en la mente, en esos recuerdos que habitan en los recovecos de quien ha olvidado? El texto va de menos a más, cuando la fantasía lo enriquese, cuando lo aparentemente absurdo posee cierta lógica si se permite la expresión, se vuelve por demás atractivo.

 

Por momentos filosófico, ideas para meditar: “Las cosas no están perdidas, están en un lugar alternativo”, “El organismo olvida como mecanismo de defensa” o, en ocasiones, buscando aparecen cosas que no quería encontrar… las cosas no se pierden cambian de dueño”

 

Lo emocional predomina a través de tres historia entrelazadas, al final es una para volverse a desmembrar, querer recordar, recuperar lo perdido, encontrarse a uno mismo. No sólo se pierde lo material, puede ser la identidad, la búsqueda del progenitor; luchar contra un destino que no se puede cambiar. Un globo que se convierte en un niño de siete años, alguien quien desesperadamente desea ser encontrada, un ser quien a pesar de sus grandes ojos quiere dejar de ver… Un texto casi mitológico, escenas caóticas y los personajes recordando esa forma de expresarse, al estilo de los sobrinos del Pato Donald, esto es, uno inicia, otro secunda y otro culmina la idea. Por momentos la narrativa le resta lucimiento al fondo. Obra difícil de digerir, requiere atención de principio a fin, cualquier distracción puede ser fatal.

 

Ángel como director tiene altibajos. Está obsesionado con la rapidez con la que se expresan los personajes, tanto en los diálogos como en las narraciones, esto mismo acontece con el desplazamiento escénico, da la sensación de un trazo contra reloj, algunos instantes entra de lleno a lo coreográfico, los actores son exigidos al límite, tanto física como emocionalmente, más preocupados por las acciones corporales que por el contenido. En los contados relajamientos el texto adquiere belleza, profundidad, se crea y recrea lo onírico, más en la mente del espectador que en el espacio minimalista.

 

LA NOSTALGIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS, se representa en el Foro La Gruta (Ciudad de México, sábados a las 19:00, domingos 18:00 horas, con las actuaciones de Andrés Torres Orozco, Valeria Fabbri, Gina Marti y Aldo Barhego, bajo la producción de Sandra Narváez y la compañía Jengibre Teatro.