LAST MAN STANDING

 

Texto y fotos por: Eugenia Galeano Inclán

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A la mayoría de los mexicanos les gustan los deportes.  Esto se comprueba con los tiempos que las televisoras dedican a la transmisión de todo tipo de deportes.  En general, son los hombres quienes más ven los programas deportivos, pero también hay mujeres que los disfrutan.  Desde luego, el deporte que más adeptos tiene es el futbol.  Hay quienes se conforman con ver partidos, en tanto que otros lo practican cada vez que pueden, aunque sea en plena calle.  Los que son muy aficionados son capaces de dejar de lado responsabilidades, compromisos familiares, personales o con amigos, con tal de ver algún partido que les parezca importante.  Desde la niñez van surgiendo sus preferencias deportivas y, en algunos casos, llegan a convertirse en pasión.  Después del futbol, el deporte que ocupa el siguiente sitio es el boxeo.

 

México se distingue por haber tenido grandes boxeadores -Julio César Chávez,  Salvador Sánchez,  Juan Manuel Márquez,  Ricardo “Finito” López,  Raúl “el Ratón” Macías,  Marco Antonio Barrera, Daniel Zaragoza,  Miguel Canto, Vicente Saldívar y Rubén “el Púas” Olivares, entre otros.  Algunos de ellos han llegado a ser verdaderos ídolos nacionales.

 

En los Juegos Olímpicos de la antigüedad, el pugilato fue introducido en el año 668 A.C.  En aquel tiempo, no se contaba con una reglamentación determinada.  Los rivales eran elegidos al azar, sin importar su peso y competían en un terreno de arcilla arenosa.  Los jueces del combate designaban al ganador.  En nuestra era, el boxeo entró a formar parte de los Juegos Olímpicos hace catorce años, en 1904.  Durante ocho años solo podían participar hombres.  Fue hace apenas seis años en que se permitió la participación de la mujer en el boxeo olímpico.

 

A la fecha, México ha ganado trece medallas en la disciplina de boxeo en Juegos Olímpicos, mientras que, en la de futbol, sólo una.

 

Los detractores del boxeo dicen que es inhumano ver a dos contendientes golpearse y que en este deporte se pone en peligro la integridad física y, peor aún, existe riesgo de muerte.  El boxeo puede agradar o no y cada quien decide si quiere verlo, sin embargo, a diario enfrentamos una contienda constante.  Cada quien libra sus propias batallas y corre riesgos.  Hay que estar en alerta para protegernos de accidentes, asaltos, contingencias, enfermedades, o ser blanco de deslealtades, envidias, traiciones.  Si queremos algo hay que luchar por ello.  La vida misma es un campo donde luchamos por concretar nuestros anhelos y por subsistencia.

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LAST MAN STANDING (EL ÚLTIMO HOMBRE EN PIE) es una idea concebida por Jorge Maldonado, egresado del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México -UNAM-, en el área de dirección y actuación.  Cuando concluyó el texto de LAST MAN STANDING, Jorge Maldonado decidió aliarse con David Psalmon, para encomendarle la dirección escénica del proyecto. David Psalmon, nacido en Francia, egresado de dos universidades de París, donde obtuvo su licenciatura en Letras Modernas y Sociología, para luego obtener una Maestría y un Posgrado en Teatro.  David reside en México desde el año 2000 y es fundador del Colectivo TeatroSinParedes y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes -FONCA- (2016-2019).  Es así, como toca a estos dos hombres de teatro convertir el escenario en un ring.

 

Según se lee en el programa de mano LAST MAN STANDING “es un proyecto de investigación escénica que busca indagar la relación existente entre el box, el teatro y la idiosincrasia mexicana, a través de un estudio realizado acerca de los orígenes del box, su llegada a México y su interrelación con los espectadores como fenómeno social”,  lo describen como un “simulacro boxístico para actores“,  y concluyen diciendo:  “A este proyecto no le interesa la espectacularidad del boxeo sino las historias de aquellos que no han tenido otra opción, para salir adelante, que lanzarse al ruedo y dar todo en el ring y por el ring.  ‘A fin de cuentas el vencedor es, siempre, el último hombre en pie’.”

 

El texto de Jorge Maldonado es de estructura sólida, capta el interés absoluto del espectador.  Se trata de una narrativa que expone las similitudes y diferencias entre el boxeo, el teatro y la vida.  Jorge entrelaza en forma eficaz las tres temáticas.  Por los fundamentados datos que incorpora, es evidente que llevó a cabo una investigación exhaustiva de todo lo referente al mundo pugilístico –reglas, rituales, fama, triquiñuelas, espectacularidad, lo turbio, la fama, lo duradero, lo efímero, así como el comportamiento de boxeadores, entrenadores, autoridades, público–.  A pesar de que se citan varias estadísticas, esto se dosifica en tal forma que no es un compendio aleccionador sino entretenimiento puro.

 

Por su parte, la labor de dirección que realiza David Psalmon es extraordinaria.  El montaje sitúa al espectador justo frente a un ring.  Su trazo escénico es creativo y consistente.  Aprovecha a fondo el espacio del foro en forma integral.  La coreografía está bien diseñada y eficazmente ejecutada.  Balancea en forma precisa acción y pausas.  Añade espectacularidad con algunos congelamientos en que los participantes permanecen estáticos mientras se formulan ciertas acotaciones.  Presta particular atención al manejo de voces, de modo que su elenco, además de tener buena dicción, explora tonos, inflexiones, matices e, incluso, impostaciones.  Asombroso el respeto que inculca hacia el cuadrilátero, donde las cuerdas no serán traspasadas en momento alguno durante la función.  Las imágenes que aparecen en el dispositivo multimedia son oportunas y sirven para ilustrar la narrativa.  Propicia la interacción con el público en forma espontánea.  Logra que la magia teatral esté presente en la puesta en escena.

 

La acción de LAST MAN STANDING da inicio con comentarios que interrelacionan el teatro con el box, para luego hacer referencia a una de las peleas más famosas en toda la historia del boxeo.  Ocurrió en septiembre de 1923 cuando se enfrentaron el estadounidense Jack Dempsey y el argentino Luis Firpo.  Para darnos una idea del drama que se vivió en esa contienda, la misma tuvo una duración de poco menos de cuatro minutos y en tan corto tiempo hubo once caídas o knock downs, como se les llama en el argot pugilístico.   De allí en adelante, el relato se va diversificando, a fin de compartir con el espectador una original apología entre el box, el teatro y la forma en que se vive en nuestro país.  Se develan datos precisos, algunos insólitos, como que el boxeo es un mundo reservado para los hombres, prueba de ello es que al decir el “último hombre en pie” se excluye a las mujeres, sin dejar de lado que en las peleas de campeonato la paga para una boxeadora apenas alcanza el tres por ciento de la paga que se fija para un boxeador.

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En el elenco participan Gilberto Barraza,  Rubén Olivarez,  Miguel Ángel Barrera,  Carmen Coronado  y  Christian Diez.  Su excelente desempeño histriónico, corporal, vocal y de expresión denota que conforman un equipo muy comprometido que se sometió a un riguroso entrenamiento, tanto para mejorar su condición física, como para ejecutar con eficacia y precisión las coreografías.  El resultado es que ofrecen lo mejor de sí mismos en beneficio del montaje.  En particular, destacan Rubén Olivarez por la forma tan natural en que realiza su interpretación y por la emotividad que imprime a su personaje,  Carmen Coronado por dar el toque femenino a un mundo tan masculino  y  Christian Diez por sus actitudes de divo del boxeo.

 

Sergio López Vigueras crea el diseño de escenografía e iluminación.  En ambos rubros, la labor de Sergio es acertada.  La escenografía provee el entorno idóneo, con superficies a varios niveles, unos casilleros de función dual donde también se proyectan imágenes y diversos implementos propios del deporte de los púgiles.  La iluminación bien distribuida e impartida.

 

Daniel Hidalgo Valdés crea el diseño sonoro, mismo que engalana el montaje.   La producción sonora es de Planet Audio,  Miriam Romero es la encargada del videoarte y el dispositivo multimedia, con imágenes que sirven para referenciar o realzar ciertos momentos durante la función.

 

María Ortiz es la diseñadora de vestuario, el cual abarca tanto la ropa deportiva y calzado usualmente utilizada por los boxeadores, como la fastuosidad de los trajes de árbitros, manejadores y cronistas.  Se contó con el apoyo de Guadalupe Velasco de Industrias Reyes, S.A. de C.V. (Cleto Reyes), fabricantes de ropa pugilística especializada.   así mismo, es atinada la peluquería.

 

Miguel Ángel Barrera y Carmen Coronado, aparte de estar en el elenco, se encargaron de diseñar la coreografía y el movimiento escénico, parte fundamental para el lucimiento de los participantes.

 

La producción es de la Secretaría de Cultura y del Colectivo TeatroSinParedes.

 

Idali Osnaya es productora ejecutiva  y  Eréndira Luna asistente de producción.

 

Existen personas a las que tal vez nunca les haya interesado ver una función de box, pero, si gustan del teatro y vieron LAST MAN STANDING, la disfrutaron muchísimo.  Es un trabajo redondo, en el que todos y cada uno de los detalles fueron cuidados con minuciosidad.  Un montaje fabuloso que entretiene, conmueve y lleva a la reflexión.  Les aseguré que no verían sangre, pero sí sudor, compromiso y esfuerzo.  Texto interesante, y un equipo que entrega cuerpo, alma y corazón al proyecto.

 

Ojala algún productor en Aguascalientes pueda llevarla a esa Ciudad, para que todos nuestros queridos lectores la disfruten tanto como lo hicimos en Ciudad de México.  Los aplausos fueron apoteóticos.  Se requiere que alguien se las lleve.  ¡Suerte!

LAST MAN STANDING

concluyó el domingo 22 de abril de 2018 su muy exitosa temporada en

TEATRO EL GRANERO XAVIER ROJAS

del Centro Cultural del Bosque