OLIMPIA 68 (TEATRO, VIOLENCIA Y DEPORTE)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de la producción, Facebook

Olimpia681A unas cuantas semanas de cumplirse el 50 aniversario del 2 de octubre y la celebración de los XIX Juegos Olímpicos, el primero recordado por la matazón de cientos de jóvenes indefensos llevada a cabo por el ejército bajo las órdenes de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, éste último considerado como el principal responsable. La segunda, diez días más tarde, la Ciudad de México se engalanaba y se enorgullecía por la presencia de lo más destacado del deporte mundial. Unos cuantos días nos bastaron para olvidar la masacre y gozar de la fiesta olímpica. Una vez más, la memoria nacional se perdió en el imaginario colectivo.

Flavio González Mello, en su calidad de dramaturgo y director, presenta una “exploración del territorio común entre teatro, violencia y deporte, que recrea aquel enardecido octubre de 1968, cuando el gobierno desató una brutal persecución política al tiempo que, como anfitrión de la Olimpiada, tiraba la casa por la ventana para presentar a nuestro país en sociedad” (Programa de mano), mediante el texto Olimpia 68, escrita en 2008, según el Diccionario de Teatro Mexicano del Siglo XX (Ed. Escenología).

Un texto interesante, sobre todo, por la mezcla de los temas. En principio nada que ver uno con el otro, en este caso se conjugan en el mismo escenario. Aborda, obvio, los asesinatos de los estudiantes, la tortura y las desapariciones. El deporte en varios sentidos, tanto positivos como negativos, tales como triunfo del “Tibio” Muñoz, a la vez se adentra en el dopaje (esteroides), la situación vivida por los atletas de lo que en ese momento era la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS). Resalta la importancia de los años de preparación para llegar a la justa, así como la concentración requerida, en muchos casos, para hacerla efectiva en unos cuantos segundos. Incluye relaciones interpersonales entre los deportistas de varias delegaciones, el lado humano. La obra es intrínsecamente valiosa por sí misma, hay imaginación, es propositiva, amena, con toques de humor.

Desde mi perspectiva lo anterior no se concretiza en la puesta en escena. Al primer acto le hace falta más ritmo, es plano en muchos momentos, algunos actores sin intencionalidad, sin fuerza, unos más bien en lo fársico, tal vez por resaltar la hilaridad, esto desdibuja la seriedad y profundidad de la temática. Más que escenografía se vale de la utilería; predominan muchísimos zapatos, creo simbolizan a los masacrados y parte de lo que padecen los deportistas, tanto interna como externamente. Varios géneros musicales de fondo. Altavoces, en algunos momentos lo dicho es inentendible. El vestuario deprimente.

Un grupo de doce actores dan presencia a múltiples personajes, todos unidos ante lo marcado por Flavio; hay unidad y entrega a pesar de lo antes mencionado; entrega si partimos que el montaje tiene una duración de tres horas.

Olimpia 68 se representa en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque (Ciudad de México), hasta el 14 de octubre, de jueves a sábados a las 19:00, y domingos a las 18:00 horas.