TEATRIKANDO

Por Benjamín Bernal, presidente de la APT

 El zoológico de cristal, en El Helénico

zoologico ligero

Este mes vuelven a la cartelera “Casa de Muñecas, parte dos” (directamente relacionada con la de Henrik Ibsen, pero de Lucas Hnath autor contemporáneo) y El Zoológico de cristal, de Tennesse Williams, que tienen algunos temas en común: relatan historias familiares y hablan con cierto romanticismo. Ya hemos hablado de Casa de Muñecas que es una historia original de Ibsen y que otro literato escribe una pretendida secuela, ¿válida o no? es interesante verla en el Xola.

El zoológico de Cristal (teatro Helénico) se desarrolla en la época de la gran crisis del 29 en Norteamérica, exhibe lo difícil que era obtener empleo y vemos el nacimiento de las ideas motivacionales que expresa uno de los personajes; por su parte la madre hace acrobacias verbales para empujar a su hijo a ganar más y, claro, tiene un especial esfuerzo hacia su hija, que quizá usted recuerde, a raíz de una enfermedad infantil, cojea y se ha convertido en introvertida. El hijo es amante de las letras, pero como a muchos humanos le cae la pesada maldición de trabajar en lo que hay, que es ser almacenista.

Esta obra es un caballito de batalla de los grupos profesionales y amateurs, así que el director se enfrenta a la necesidad de atraer un grupo profesionales y refrescar, reinventar su montaje. Vimos a Blanca Guerra hacer una magnífica madre que trabaja en varias cosas para completar el ingreso familiar, Adriana Llabrés es la dueña de una colección de piezas ornamentales, de cristal precisamente; su hermano es Pedro De Tavira sólido actor que con desenfado se mudará a quién sabe dónde; hay un olvidado amigo de la familia, David Gaitán, que tendrá momentos con buen ritmo y contraste. Mariano Palacios sustituye algunos días a Gaitán. Por lo que le he descrito quizá usted pudiera pensar, ya entendí la obra: pues no. Williams ha escrito las escenas para ir armando dobles tramas, pensamientos ocultos, que irán entrelazándose para provocar varias sorpresas, que son el eje de las risas, usted dirá ¿pero de qué se rien? Pues si, de lo extraños que somos los humanos, aferrándonos al de junto para no tener que vivir nuestro propio destino.

Vestuario muy normal, cumple su función; la escenografía un tanto extraña, al grado de que una escena en que el sillón recibe a dos personajes, derrumba los libros que la sostienen y les quita concentración para seguir con las acciones. Esto es debido a que hay una zona con declive, quizá de quince grados, capricho del escenógrafo, para no repetir literalmente las que vemos con alguna frecuencia, y no aporta nada novedoso. Adriana Llabrés es una jovencita lisiada, romántica, introvertida, entró fría, la vi ir mejorando cada minuto que pasaba. Las escenas de la madre con el hijo son rotundas, permite ir percibiendo la psique del joven, un escritor que encuentra en sus libros la pasión verdadera.

Cumplen todos en las respectivas escenas, el público genera expresiones que acompañan el avance melodramático de este clásico, que con Arthur Miller y Eugene O´neil fundan la dramaturgia original de los Estados Unidos, donde es frecuente escuchar sobre el calor del sur, los migrantes, la crisis, familias desintegradas. Dirige Diego del Rio, que tiene un gran número de seguidores para sus trabajos. No se la pierda.