AMOR OSCURO

Por Eugenia Galeano Inclán

Imagen promocional.

El rey Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla eran devotos practicantes del catolicismo, tanto así que fueron popularmente conocidos como los Reyes Católicos.  Durante su reinado, una de sus preocupaciones era que todos sus súbditos en España también profesaran esa religión, así que tomaron diversas medidas para lograr que imperara la ortodoxia católica en sus reinos. Una de estas acciones fue la fundación en 1478 del Tribunal del Santo Oficio o  la Santa Inquisición, cuyo propósito primordial era combatir la herejía (entendiéndose por esto todo aquello que no acatara, se alejara o negara los dogmas instituidos por la iglesia católica, apostólica y romana), aunque también podían ser acusados quienes practicaran religiones o cultos distintos, la homosexualidad o la brujería, así como quienes blasfemaran o tuvieran lecturas prohibidas.

Lo paradójico es que los tribunales están supuestos a impartir justicia, pero la Santa Inquisición era una institución que atropellaba el libre albedrío y los derechos humanos. Los acusados eran sometidos a crueles torturas para luego ser sentenciados a muerte. Una vez que alguien era llevado ante el tribunal, no había vuelta atrás, se carecía de argumentos de defensa y la ejecución era inminente. Esto sembró el terror entre los ciudadanos y quienes habían incurrido en alguna falta se veían precisados a ocultarla o disfrazarla, a fin de que nadie se enterara. 

Es en esos tiempos donde el dramaturgo judío-mexicano Isaac Slomianski ubica el relato que escribió bajo el título de Amor oscuro, «una historia de amor prohibido en la Inquisición«. La trama es en torno a un triángulo amoroso. Doña Inés de Manríquez, hermana de don Alfonso Manríquez, el Gran Inquisidor, es una mujer intachable que funge como mayordoma en un orfanato de mujeres adolescentes, donde ha formado un coro femenino. A doña Inés le agrada su trabajo y lo hace con dedicación y empeño. De pronto, se da cuenta de que siente una fuerte atracción hacia María, una de sus pupilas, y su mundo se tambalea. María de Talavera es una jovencita agraciada, precoz y pizpireta, se da cuenta de los sentimientos de doña Inés y está halagada. Por su parte, don Rodrigo de Mendoza, escribano de la Inquisición, está perdidamente enamorado de doña Inés y dispuesto a conquistarla.

El estructurado texto de Isaac Slomianski es una narrativa donde los extremos se unen, abundan las dualidades que se contraponen y al mismo tiempo se reflejan, como algo cíclico. Así como aquello que hemos escuchado de que el amor está a un paso del odio. En Amor oscuro todo es cóncavo y convexo, hay verdad y mentira, luz y oscuridad, amor y odio, atracción y repudio, lo permitido y lo prohibido, serenidad e ira, encubrimiento y sinceridad, candor y maldad. En este universo de pasiones habitan los personajes, individuos que para no ser llevados ante la Inquisición harán lo que sea, incluso, aprender «el idioma de caballos«.  Desde luego, atrapa el interés del espectador de principio a fin.

Desde que el público entra a la sala, percibirá lo dual, toda vez que por el título de Amor oscuro y sabiendo que ocurre en tiempos de la Inquisición, lo más lógico es pensar que el entorno será antiguo y un tanto lóbrego, cuando en realidad lo que se ve es un escenario completamente vacío con una plataforma de estructura ultra modernista en blanco refulgente.

La dirección escénica está a cargo de Víctor Weinstock, quien se encuentra en plena madurez artística. Ha sabido capitalizar la experiencia adquirida en diversos campos y esto le permite imprimir una identidad propia, como la que ofreció en fechas recientes en su espectacular montaje de Viena 19: la sangre, sobre el asesinato de León Trotsky, donde desplegó sus habilidades en cuanto a montajes interdisciplinarios.

La labor de dirección por parte de Víctor Weinstock en Amor oscuro es extraordinaria. Su trazo escénico es firme y riguroso. Confía en la capacidad histriónica de su elenco para que el potente  texto sea trasladado a escena con eficacia. Con acierto dispone que el escenario este vacío y prescinde de mobiliario escenográfico, con lo cual imprime una pureza pocas veces vista. Sin elementos escénicos, permite que la estafeta de marcar la época recaiga en el vestuario. Impone una original coreografía para cada uno de los personajes, incluso, acude al ingenio para ciertos graciosos deslizamientos de la más joven. Utiliza el multimedia para dimensionar espacios y ampliar lo que se ve en escena, mediante imágenes, algunas de las cuales son sugerentes. Vigila la estética en todo momento. Buen balance y ritmo preciso. Noel Díaz colabora con Víctor Weinstock como asistente de dirección. 

La labor histriónica, corporal y vocal por parte del elenco es verdaderamente sobresaliente. Ana Karina Guevara y Sonia Franco alternan funciones para encarnar a doña Inés. Me tocó ver a Sonia Franco, quien dota al personaje de gran emotividad y, desde luego, de su grata presencia escénica, pero estoy segura de que Ana Karina Guevara también ha de estar maravillosa. Gastón Yanes da vida a don Rodrigo de Mendoza y lo hace con destreza, es probable que ésta sea la mejor interpretación que ha realizado en su amplia trayectoria. Fernanda Albarrán imprime en María de Talavera gracia, dulzura y picardía. El niño interior es Axel Shuarma.

El diseño de escenografía e iluminación es de Patricia Gutiérrez Arriaga, quien ofrece un trabajo original y radiante.

El diseño de vestuario y maquillaje están a cargo de Brisa Alonso, una de las mejores diseñadoras mexicanas, quien como de costumbre, realiza un trabajo magistral. Con la responsabilidad de que sea la vestimenta la que ubique el relato en los tiempos de la Inquisición, Brisa Alonso ha de haber llevado a cabo una exhaustiva investigación para conocer las tendencias de la época, a partir de la cual Brisa traslada la suntuosidad de la moda de aquel entonces a las prendas que diseña con exquisitez, con el respaldo de la espléndida texturización que aporta Luis Alonso y la labor de su comprometido equipo de artesanos. Tanto los atuendos masculinos como los femeninos son de fina confección, telas vaporosas o resistentes de excelente caída, de gran belleza y estética. La combinación de colores es algo atrevida, pero esplendorosa. Hay prendas de gala y otras casuales. Se verán encajes, brocados, repujados, transparencias, sobrepuestos, accesorios y mucho más. El primer vestido que porta doña Inés es una auténtica ensoñación. Además, el escenario prístino es el marco idóneo para que el público pueda apreciar en su justa medida los detalles de cada prenda.

El diseño de video escenográfico es de Daniel Primo, quien utiliza el video mapeo o video mapping y composiciones electrónicas, así como imágenes filmadas de los integrantes del elenco, o tan solo piel humana, las cuales son proyectadas en parte del lienzo que conforma la estructura escénica.

La música en vivo es siempre un privilegio para cualquier montaje. El diseño musical está a cargo de Natalia Pérez, quien provee el entorno adecuado para todas las emociones que confluyen en escena. La música es ejecutada a un lado del escenario ya sea por la propia Natalia Pérez o por Ina Velazco.

La producción de Amor oscuro es de Sempiterno Theatrum. Se trata de un producción realizada con el estímulo fiscal del Artículo 190 de la LISR (Efiartes-Efiteatro).

Por fortuna, ya no existe la Santa Inquisición que aterrorizaba a todos porque podrían ser acusados de actos demoníacos sólo por amar a personas de su mismo sexo o por profesar la religión con la que nacieron o eligieron, pero el teatro puede trasladarte a aquella época sin que afrontes peligro alguno. Así que anímate a conocer un  Amor oscuro que surgió espontáneamente y, de paso, te enteras de varios secretos. Una producción plena de estética que conjunta la magia teatral y el arte.  Un montaje de alta calidad, interesante texto, formidable dirección, actuaciones memorables, bella música y asombroso vestuario. Quedan pocas funciones, por lo que debes acudir lo más pronto que puedas.  

Amor oscuro se presentó viernes a las 20:30 horas, sábados a las 18:00  y  a las 20:00 horas, y domingo a las 18:00 horas en el Foro Lucerna, ubicado en la calle Lucerna número 64, colonia Juárez, Ciudad de México. Duración aproximada: 90 minutos. Costo de la localidad: $300.00 pesos. Clasificación: Mayores de 15 años. Concluyó temporada el domingo 29 de septiembre de 2019.

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