BLACKBIRD

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

A la mayoría de las personas los niños les inspiran ternura, ver sus ojos llenos de inocencia es conmovedor. Sin embargo, no es así para toda la gente. Los niños no deseados o no amados están a merced de padres, familiares o tutores que los maltratan, golpean y/o explotan, lo cual les deja cicatrices en el alma. 

A quien sea le puede ocurrir un accidente, ser víctima de un asalto o de un desastre natural, pero los chicos, por su fragilidad, están expuestos a un sinnúmero de peligros. Por un lado están los delitos por parte de extraños, como secuestros, compraventa de infantes, comercio de órganos, narcomenudeo (con drogas que ponen en caramelos para atraer nuevos clientes), así como otros ilícitos igual de reprobables. También pueden ser objeto de abuso infantil, sea por manoseos, violaciones o la muy temida pederastia que cometen seres perturbados en busca de menores para saciar sus más bajos instintos. Por otro lado, están todos aquellos daños que podrían infligirse a sí mismos, dado que no miden el peligro. Por ejemplo, un pequeño que juega a ser superhéroe y, bajo la creencia de que si se lanza volará, irremediablemente caerá al vacío. Igual en el caso de hacer cosas a destiempo. Un niño no debe correr si apenas aprendió a caminar, ni tampoco debe actuar como adolescente o adulto, debido a que no tienen la suficiente madurez física, mental ni emocional para hacerlo. En estos supuestos, las lesiones físicas tardarán un mayor o menor plazo en sanar, pero los traumas psicológicos pudieran llegar a ser permanentes. 

Por supuesto, no se trata de vivir aterrados, sino de tomar conciencia para poder advertir a los pequeños de los peligros que enfrentan, a fin de prevenirlos y se cuiden. Con amor y confianza podrá lograrse un equipo que en conjunto disminuya los riesgos.

El dramaturgo escocés David Harrower, nacido en 1966, quien reside en Glasgow, Escocia, Reino Unido, se dio a conocer en 1995 por el sonoro éxito que obtuvo su obra Cuchillos en gallinas (Knives in Hens), cuyo tema era un triángulo amoroso en un entorno rural en el que la mujer terminaba preguntándose qué es lo que realmente quería de la vida. A partir de entonces, la gente ha aclamado cada una de sus obras subsiguientes, toda vez que se ha caracterizado por su fina pluma y por abordar problemáticas inherentes a la naturaleza humana en forma directa e inteligente.

Una de sus obras más afamadas es Blackbird (Mirlo), la cual escribió en 2005, bajo la producción del Festival Internacional de Edimburgo, para luego ser representada en febrero de 2006 en el Teatro Albery situado en el West End de Londres, Inglaterra. En abril de 2008 Blackbird resurgió y estuvo en temporada en el Teatro Rose, en Kingston, ubicado al lado del Támesis, en Londres, Inglaterra, para después cubrir una gira por varias ciudades del Reino Unido. En 2011 Blackbird fue llevada a escena bajo la producción de Rogue Machine, representándose en Los Angeles, California, E.U.A., en donde fue la ganadora del Premio del Círculo de Críticos de Drama de Los Ángeles tanto por el mejor libreto, como por la mejor actuación masculina. Ahora, por fin, llega a nuestro país.

Es posible que para el título de Blackbird David Harrower se haya inspirado en la melodía homónima de Los Beatles, misma que no fue tan popular como otros de sus temas, pero en sus estrofas dice: «Vuela mirlo, vuela, en la luz de una noche oscura y negra. Mirlo que cantas en el silencio de la noche, despliega esas alas rotas y aprende a volar«, y esto podría asemejar el sentir íntimo de los dos personajes creados por Harrower para su Blackbird. El texto de David Harrower es de excelente factura. A pesar de ser un tema escabroso y difícil de tratar, él opta por poner todas las cartas sobre la mesa sin críticas ni prejuicios para que sea el espectador quien haga sus propias conclusiones. Esto capta la atención absoluta del público de principio a fin.

Se trata del reencuentro de Ray y Uma, quienes hace alrededor de 15 años vivieron un suceso que los hizo quedar interconectados de por vida. A raíz de esto, cada uno siguió su camino. Tanto la perspectiva de lo ocurrido como la forma individual de asumirlo es diametralmente opuesta entre ellos. Él ha hecho todo lo que está a su alcance por olvidarlo, en tanto que ella lo recuerda día con día. En lo único en que coinciden es que no es algo de lo que les guste hablar, prefieren callarlo, mantenerlo para sí mismos. Durante década y media han evitado sincerarse ante otras personas al respecto, lo que ha hecho que quienes en el presente interactúan con ellos no estén enterados. Él ve el asunto como parte de su pasado y, en cierta medida, lo ha superado, si bien no olvidado. A ella, en cambio, le quedan numerosas preguntas que le inquietan e impiden ser como los demás. Piensa que si obtiene las respuestas la carga le será menos pesada, así que hace sus indagaciones, ubica a Ray y decide ir a verlo a su lugar de trabajo. La tercera llamada se da justo cuando ella acaba de llegar a la oficina de él.

La labor de dirección por parte de Katina Medina Mora es brillante. La directora ha dividido su trayectoria entre el teatro y el cine, y en ambos campos ha obtenido reconocimientos. Su trazo escénico es firme y riguroso. Comprende bien el texto y lo traslada fielmente a escena. Aun cuando da a cada palabra el valor adecuado, también da relevancia al subtexto, que es el sentir íntimo de cada protagonista. Con acierto imprime balance entre acción y pausa. Conduce a su elenco a actuar con contención. Los desplazamientos son coordinados. La corporalidad va de la mano con el relato. El ritmo es preciso.

El experimentado primer actor Alejandro Calva y la bella actriz Cassandra Ciangherotti dan vida a Ray y a Uma. Cada uno despliega sus dotes histriónicas, corporales, de expresión y vocales en forma admirable, denotando un extraordinario trabajo en la construcción de sus respectivos personajes, a fin de estar en posibilidad de translucir la compleja carga emocional que traen a cuestas. Cuentan con la participación de Zoe Cassandra Iturralde o Laura Anaya, alternando funciones, para representar a Carol.

La traducción del texto de David Harrower para la versión de Blackbird en español fue realizada por Jerónimo Best. Berenice González es la productora de Blackbird. Jennifer Soler tiene a su cargo la coordinación de producción. Isaías Martínez es el asistente de dirección.

El diseño de escenografía es de Adrián Martínez Frausto, quien opta por lo realista, mediante una oficina burocrática, desordenada y llena de expedientes. Gabriela García Moreno es la asistente de escenografía. Ingrid Sac diseña la bien impartida iluminación.

Alejandro Castaños es el responsable del diseño sonoro y la música, con lo cual provee el entorno apropiado.

El diseño de vestuario es de Valentina Muñoz, quien resalta la personalidad de cada uno de los protagonistas con atuendos de corte fino, telas de buena caída y atinada combinación de colores neutros.

Complementan el equipo creativo de Blackbird: GL en diseño gráfico. Lariza Melo en difusión y prensa. Norman Null en estrategia de comunicación. Airam Piñón y Celina Manuel son asistentes de prensa y difusión. Pedro Rueda en fotografía. Maricela Estrada en maquillaje de fotografía. Verónica Amil en apoyo en material de redes. MACE Montajes Artísticos y Construcciones Escenográficas, Macedonio Cervantes Mejía en realización de escenografía. Gremio, Arturo Durán, Ana Sofía Armenta, Ana Laura Aguiar, Giovanni Palacios, Facultad de Artes y Diseño UNAM en pintura escénica. Lili Camacho en realización de vestuario.

A pesar de que Blackbird es una obra basada en una charla, casi sin acción, el equipo comandado por Katina Medina Mora logró hacer un montaje formidable. El interés que despierta desde el primer momento es indescriptible. Mediante el relato, el público se va enterando de todos y cada uno de los detalles que ocurrieron hace 15 años, así como de las circunstancias y motivos que lo envuelven. Las actuaciones son entrañables, plenas de emotividad. Nos deja en claro que lo que se vive queda impreso en la memoria y esto es casi imposible de borrar. Una historia que te impactará. Teatro bien realizado que tienes que presenciar.

Blackbird se presenta viernes a las 20:30 horas, sábados a las 17:00 y 19:30 horas, y

Domingos a las 18:00 horas en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, ubicado en Avenida Revolución número 1500 -cerca de la estación Barranca del Muerto del Metro-, colonia Guadalupe Inn, Ciudad de México. Duración aproximada: 75 minutos. Costo de la localidad: $350.00 pesos. La temporada concluye el domingo 29 de septiembre de 2019.

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