HAY UN LOBO QUE SE COME EL SOL TODOS LOS INVIERNOS

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

Uno no elige dónde nacer, nosotros tenemos el privilegio de haberlo hecho en un país donde hay de todo y, por supuesto, también días y noches. Para la mayoría de la gente el sol marca los horarios, es decir, aún sin voltear a ver un reloj, sabemos si es temprano, tarde o noche por la luz que irradia el sol. Sin embargo, existen algunos lugares en el mundo, como ciertas regiones de Rusia, Alaska, Canadá, Groenlandia, Islandia, Laponia y las Islas Sbalvard donde viven seis meses con luz y los otros seis con oscuridad. El simple hecho de pensar que quienes habitan en esos lugares no pueden ver el sol durante medio año es impactante. En esos países nórdicos, la vida es distinta y sus habitantes se adaptan a lo que implica vivir de día o de noche. Su idiosincrasia es distinta de la del resto del mundo.

Así mismo, tienen sus propios cuentos y leyendas. Entre éstas, una de las más populares es la que se refiere a dos criaturas malignas, los lobos gemelos llamados Sköll (Repulsión) y Hati (Odio), hijos de una bestia terrible llamada Fenrir, que es un lobo gigante, carnicero terrible por naturaleza, que está a la espera de la batalla final que marcará el fin del mundo y el ocaso de los dioses. Cada uno de sus gemelos tiene un objetivo propio y terrible. En tanto que Sköll persigue incansablemente al Sol para devorarlo, Hati ansía devorar a la Luna.

Es posible que esta leyenda haya servido de inspiración al dramaturgo Gibrán R. Portela, no obstante lo cual, el autor sólo utiliza tal inspiración en cuanto a que sus protagonistas también son hermanos gemelos y como metáfora para reflejar la carencia de sol que padece una familia disfuncional.

Gibrán R. Portela es un reconocido autor mexicano que divide su trayectoria entre el teatro y la cinematografía. Ente sus varias obras de teatro, recordamos Escocia, un proyecto muy original e interesante que se estuvo presentando bajo las perspectivas de Silvia Ortega Vetoretti y de Ginés Cruz, con lo cual se hizo patente el distinto enfoque que cada director escénico da a un mismo texto. En relación con el cine, su éxito más sonado es ser el guionista de la popular película Güeros. En la actualidad es integrante del colectivo teatral Los Bocanegra y de Poolfiction Mesa de Escritores, que es la primera mesa de escritores en México, cuyo propósito es reivindicar el papel del guionista en el medio audiovisual.

El texto que Gibrán R. Portela concibió para Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos es poderoso, capta la atención absoluta del espectador y mantiene el suspenso de principio a fin. Gibrán R. Portela define perfectamente bien la psicología de cada uno de sus personajes. No determina la ubicación ni la temporalidad. Sin orden cronológico. En forma paulatina van aflorando detalles de la vida de esta familia, en forma tal que el público se ve precisado a ir uniendo las piezas cual si fuera un rompecabezas. Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos resultó la obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido 2012.

Se trata de una mirada al interior del hogar de Elba y Dago, una pareja en apariencia amorosa, cuyo principal problema es la falta de dinero. Son padres de Alberta, una niña que, según dicen, es encantadora y blanca como la nieve. El segundo embarazo le cae mal a Elba, siente ascos, dolores insoportables, incomodidad general. De hecho, cree que algo devora sus entrañas. Se queja de que lo que está gestación no es como la primera, ya que con Alberta ella no tenía molestias. Dago trata de consolarla, piensa que sus malestares son normales por ser dos bebés. Lo peor es que a Elba no sólo le quedarán secuelas físicas, sino también mentales.

Durante la infancia de Leo y Ham, Elba trata de educarlos y estar a su lado, pero su mente la traiciona, tiene una obsesión y a menudo les cuenta a sus hijos que hay un lobo que «para calentarse devora el sol y lo guarda en su barriga«, lo cual inquieta a los chicos, incluso, provoca pesadillas a Leo. Si el dinero escaseaba antes, ahora la situación es apremiante, así que el padre por doblar turnos se aleja cada vez más de casa. Muy de vez en cuando van de paseo al campo y disfrutan de buenos momentos. Leo y Ham se llevan bien, hay complicidad entre ellos. Leo es revoltoso e insensible. Si lo regañan, suele echar la culpa a Ham. Conforme crecen los niños, Elba continúa perdiendo cordura y el padre a causa del trabajo y para no lidiar con las dificultades, prolonga sus ausencias. Todo empeora cuando Sofía, la joven más linda de la escuela, desaparece. Dago recibe llamadas misteriosas. En el vecindario se siente el terror y el oficial Morton es el encargado de resolver el caso.

La dirección por parte de Cristián Magaloni es extraordinaria. Traslada fielmente el texto a escena, con toda su crudeza y suspenso. Su trazo es firme y riguroso. Delega en su elenco la transmisión de emotividad a través de sus habilidades histriónicas. Las coreografías fueron diseñadas con acierto. Dispone que el escenario tenga distintos planos y cuida con esmero que cada personaje tenga su universo propio. Establece el foco escénico justo en el proscenio. Dimensiona la acción permitiendo que el público vea en todo momento a los demás personajes, aun cuando sus imágenes luzcan algo difuminadas, ya que para llegar al proscenio tienen que cruzar dos puertas. El ritmo es preciso.

El desempeño histriónico, corporal y vocal de los participantes es formidable. Cada uno de ellos realizó una atinada construcción de personaje, proveyéndolos de las emociones idóneas. Ellos son: Pilar Ixquic Mata como Elba, Arnoldo Picazzo como Dago, Assira Abbate como Sofía, Roberto Beck como Leo, Gonzalo Guzmán como Ham y Julio César Luna como el oficial Morton.

Natalia Pérez Turner engalana la puesta en escena con su música original, ejecutándola en vivo con virtuosismo.

Miguel Moreno tiene a su cargo el diseño de escenografía y el de iluminación. Logra un excelente trabajo en los dos rubros, al crear el entorno ideal para enmarcar la trama. La escenografía es a base de paneles de plástico translúcido, en tanto que en su bien distribuida iluminación prevalece la penumbra.

Complementan el equipo creativo de Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos: Assira Abate en coordinación de vestuario; Ángela Pastor en producción ejecutiva; Julia Arce en asistencia de dirección; Adriana González en prensa y Ricardo Castillo en Social Media Management.

Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos es producida por la compañía Teatro en una Cáscara de Nuez y presentada por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, a través de la Dirección del Sistema de Teatros.

Corre a visitar el hogar de Leo y Ham porque su temporada está llegando a su fin, te encantará conocerlos porque son muy guapos. Disfrutarás el auténtico suspenso de una historia en la que hay amor, complicidad, hastío y terror llevada a la escena, bajo una gran dirección, entrañables actuaciones, música de tonos siniestros y un equipo muy comprometido con su quehacer teatral. Un montaje original y bien logrado, en el que todos y cada uno de los engranajes del concepto integral embona a la perfección. ¡No te la pierdas!

Hay un lobo que se come el sol todos los inviernos se presenta viernes y sábado a las 19:00 horas y domingo a las 18:00 horas en el Teatro Sergio Magaña, ubicado en la calle Sor Juana Inés de la Cruz número 114, colonia Santa María la Ribera, cerca de la estación San Cosme del Metro, Ciudad de México. Duración aproximada: 75 minutos. Costo de la localidad: $157.00 pesos. 50% de descuento a estudiantes, maestros, personas con discapacidad, trabajadores de gobierno y miembros del INAPAM con credencial vigente, sujeto a disponibilidad. Aplican restricciones. La temporada concluye el domingo 13 de octubre de 2019.

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