LOS CAMINANTES

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

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Durante mi niñez no pensaba que el mundo pudiera acabarse; la literatura o las películas de ciencia ficción que aludían a esto, me parecían mera fantasía. Fue a partir de 1985 que comencé a preocuparme al enterarme de que en el Polo Sur habían descubierto un agujero muy grande en la capa de ozono y que esto representaba un serio peligro. Mayor fue mi preocupación cuando se publicó sobre el calentamiento global. Según los científicos, el fenómeno surgió hace alrededor de 180 años, pero no lo dieron a conocer, sino hasta que se hizo evidente. Hoy en día somos testigos de los catastróficos daños que ha sufrido el planeta. No sólo por el agujero en la capa de ozono y el calentamiento global, sino también por la desmedida tala de árboles, la contaminación, la caza indiscriminada, los desechos industriales y muchos otros problemas. Estamos conscientes de que si no se toman medidas pertinentes y eficaces, el fin del mundo podría no estar lejano. Los estragos al ecosistema no pueden revertirse, cada vez hay más especies en extinción, se han desecado ríos y lagos; en muchos lugares el clima es extremoso y los desastres naturales se han intensificado y son más frecuentes. Se trata de una alarma mundial. Entre las medidas que ya se han tomado está la de orientar a los niños para que aprendan a brindar mayor cuidado a la naturaleza y, sobre todo, a no causar más daños.

Preocupada ante la situación, durante la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte en el año de 2014 Verónica Musalem escribió Los caminantes, una obra futurista que aborda el fin del mundo.  Como sabemos, Verónica Musalem es una mujer inteligente, observadora, sensitiva y amante de la naturaleza.  Orgullosa de sus raíces, suele utilizar su fina pluma para trazar con amplitud de colores la cultura, la cartografía, la vegetación, la artesanía, las tradiciones, las creencias, los sabores, los aromas, las leyendas y, sobre todo, el sentir del pueblo de su amada Oaxaca.  Está cumpliendo 26 años de trayectoria ininterrumpida en su labor dramatúrgica.  Aun cuando Verónica no acostumbra dedicarse a la dirección escénica, desde que escribió la citada obra, se propuso que ella la dirigiría.

En el momento en que eligió intitularla Los caminantes, desconocía que esto sería profético, ya que para llevarla a escena, tanto ella como los integrantes de su elenco y colaboradores han recorrido un largo y sinuoso camino.

En abril de 2018, Verónica Musalem ofreció un avance a su público presentando Los caminantes, como trabajo en proceso en el Foro Casa de la Paz. A pesar de que hacía tiempo que ella tenía el texto completo, sólo presentó una parte del mismo. Del elenco que presentó aquel trabajo, sólo continúan tres de los actores y la corporalidad aún estaba en ciernes, era mucho más estática que ahora. Debido a compromisos laborales y viajes previamente concertados, Verónica dejó un poco en suspenso el montaje, retomando el proyecto seis meses después, con miras a estrenar a fines del año pasado, lo cual no pudo concretarse por causas ajenas a su voluntad. En diciembre de 2018 Los caminantes participó en el encuentro Urgen Musas como lectura dramatizada, ya con el elenco definitivo.

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Desde el pasado mes de octubre, Verónica se ha dedicado de lleno al montaje de Los caminantes. Con este propósito, creó una especie de laboratorio de dirección, para lo cual depositó su confianza en el cuadro actoral y en el asistente de dirección y asesor corporal, a fin de que ellos propusieran acciones que dieran fuerza a los parlamentos. Fue así como bajo la estricta supervisión de Verónica, en forma paulatina fueron armándose las coreografías para Los caminantes, luego de arduo trabajo y largas horas de ensayos, hasta encontrar los movimientos idóneos que habrían de formar parte de la puesta en escena. Lo cierto es que el resultado de este laboratorio sorprenderá al público. Me permito darles unos adelantos: La escena en que la tarántula tiende sus redes a los cuatro actores está llena de simbolismo y refleja la coordinación y precisión del trabajo en equipo. La corporalidad que despliega la actriz en su interpretación de la tarántula es impresionante.

El texto de Verónica Musalem es de buena factura y capta el interés de principio a fin. La acción se ubica en “lugares del Sur, más allá del Sur” en el corazón de la sierra oaxaqueña. El tiempo no se define, pero es el futuro, el fin del mundo se aproxima. Los personajes son: un hombre que vive de la caza y que no es afortunado en el amor; otro que vive del campo, bueno, sencillo, amante de los animales; una mujer que bailaba en un bar, luego de trabajar en un circo cuando era niña, quien a raíz de sufrimientos y vicisitudes se ha empoderado, y dos sicarios -uno al que le encanta matar y presume de mujeriego-, el otro, algo tímido, de buen corazón, que se dedica a asesinar, porque es lo único que le deja dinero. En cierta forma, todos ellos, por diversas razones, han llegado a sus límites individuales. Los cinco se encuentran mientras recorren “caminos donde hay nada, hay nadie“. Según nos dice Verónica, la naturaleza es un personaje más: “que enloquece y cuestiona todas las creencias de los protagonistas“, así que ella aprovecha para describir la perdida belleza de la vegetación, su frondosidad y sus vivos colores. Los temas que toca el texto son muy diversos, entre estos, el amor, la soledad, el aislamiento, el “machismo“, la seducción, la fe y la migración. Algunos de los temas cobran particular importancia en nuestros días, nos duelen, sabemos de compatriotas que han sido desplazados de sus lugares de origen a causa de la violencia y hemos visto cuántos migrantes llegan a nuestro país.

La acción comienza cuando Román y Ernesto deambulan por parajes desolados, comentan estar hambrientos y deciden cazar algo para poder comer. Frente a ellos pasa un venado. Ernesto le pide a Román que le dispare, pero la majestuosa belleza del ejemplar le impide matarlo. El venado escapa a gran velocidad. Ernesto se enoja con Román. Sin darse cuenta, Román es picado por un alacrán y los efectos del veneno lo sumen en un delirio. Divaga, dice que es tiempo de una “nueva conquista” y que tienen que hacerse de armas para combatir al enemigo. Ernesto se limita a seguirle el juego, ante la imposibilidad de trasladarlo a un hospital o brindarle cualquier tipo de ayuda. Poco después, llega Anabela, hermosa, sensual y enigmática. Mujer que ha aprendido a defenderse, es aguerrida, nada le causa temor y no se deja de nadie. Está acostumbrada a hechizar a los hombres, lo que no sabe es que Mauricio y Julián, dos matones a sueldo. andan buscándola.

La labor histriónica, corporal y de expresión de todos los integrantes del elenco es estupenda. Genny Galeano es Anabela, “La Tarántula“; Luis Ernesto Verdín es Román, el joven sensible. Luis Villalobos es Mauricio, matón a sueldo; Javier Sánchez es Ernesto, David Sicars es Julián. Destaca Genny Galeano por su magnífica interpretación de un personaje tan complejo como intenso.

Parte fundamental para el relato es el diseño sonoro. Alejandro Andonaegui crea la composición y ejecuta la música en vivo en su teclado. Alejandro está en el proyecto desde su inicio, improvisando la música en forma consistente a la acción de cada momento. Lydia Margules aporta un buen trabajo con su diseño de iluminación, proveyendo el sombrío entorno en el que habitan los personajes.

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Cabe aclarar que, desde mi punto de vista, el foro en donde se presentan no les es propicio. Es una sala hecha para teatro de cámara. El tamaño del escenario es pequeño y, por ende, en algunas escenas parece insuficiente para albergar a cinco actores, en demérito de la isóptica. El equipo lumínico no permitió a Lydia Margules la realización de un trabajo óptimo como los que le hemos visto anteriormente. Las rosetas de led de colores distraen la mirada del espectador y, en ocasiones, hasta molestan. Por último, se carece de buena acústica, lo cual también desluce el extraordinario trabajo de Alejandro Andonaegui.

El resto del equipo creativo está conformado por: Marco Vargas en intervención escénica, Erika Medina y Erick Saúl E. en producción ejecutiva, David Cano Sánchez en diseño de maquillaje, Luis Ángel Torres en diseño gráfico, y Sandra Narváez en difusión y prensa. La producción es de Musa-Colibrí-Producción y Producción Escénica S.E. El montaje de Los caminantes está dedicado a Gerardo Musalem Moreno.

El potente texto concebido por Verónica Musalem, las interpretaciones y la asombrosa corporalidad de los integrantes del elenco hacen que valga la pena aventurarse a imaginar qué sucederá en el fin del mundo. La devastación y la esperanza van de la mano con los personajes en la poética de Los caminantes, en virtud de que el instinto de supervivencia es uno de los más fuertes que tenemos. La sensibilidad con la que se aborda un tema tan temido como preocupante, nos insta a valorar mejor lo que aún tenemos. Seamos más conscientes de los daños causados, mientras cuidamos, disfrutamos y admiramos el esplendor de la naturaleza. No dudes en ir a ver un trabajo bien logrado en un montaje estético y lleno de energía.

Los caminantes se presenta jueves y viernes a las 20:30 horas en el Foro Bellescene, ubicado en la calle Zempoala número 90, colonia Narvarte Oriente, Ciudad de México. La duración aproximada es de 105 minutos. Entrada general $200.00 pesos y el descuento es del 30% a estudiantes, maestros e INAPAM con credencial vigente, así como a vecinos de la colonia Narvarte. La temporada concluye el viernes 22 de febrero de 2019.