“SI BIEN NOS VA… “

Texto por L.A.D. Luis M. Nájera

Pertenecemos a una generación prodigiosa, donde nuestro trabajo es “la única creación escénica maravillosa” y nos es posible exponerlo así gracias al poder que las redes sociales nos otorgan; es ahí donde todos somos críticos, directores, productores, escenógrafos, iluminadores, dramaturgos, actores y, si el destino lo permite, vestuaristas con un ojo divinamente agudizado en la creación pero, lastimosamente, lo somos en mayoría de veces desde atrás de una pantalla (ya sea una computadora o lap top, tablet o smartphone), en donde cada que podemos subimos evidencias de dichos trabajos, lo cual es sumamente válido (y es que hay que documentar todo el work in progress en el time line de cada una de nuestras redes, para que todos vean que estamos triunfando, tenemos que dejar en claro que somos los “fregones”, y eso, si bien nos va, que en el año hayamos participado en más de dos producciones y con una escueta paga) y la mayoría del tiempo nos dedicamos a desvalorizar haciendo “críticas” (de esas que el gremio suele llamar constructivas, pero más que construir, derriban y son para encajar el colmillo hasta despedazar cualquier hecho escénico, con la justificación “pseudo intelectual”, no fundamentada, de que aquello no es teatro) sobre el trabajo de los compañeros que tuvieron la fortuna (o el valor) de pagar una cuota extremadamente alta para tener derecho a un foro (ya no digamos un teatro, porque son palabras mayores) o llegaron a un acuerdo de porcentajes en taquilla (un minúsculo porcentaje -dicho sea de paso-) que se reparte entre varios y que sólo llega a cubrir -si bien nos va- el pasaje.

Vemos actores/actrices1[1] dirigiendo actores/actrices que, a su vez, se dirigen a sí mismos produciendo sus puestas para ser el/la “prota”, siendo unas grandes divas, que por saber “llorar lágrimas de verdad en la no actuación, son actores/actrices naturalmente orgánicos consagrados” (esos términos que aprendieron en un curso de tres horas a la semana por un mes, y que no tienen ni idea de qué significa, pero suena “chido” y con orgánicos no nos referimos a productos de consumo), son los que tristemente atacan con mayor saña a todos aquellos que se han preparado toda una vida en el arte y que son de los que debemos aprender lo que es humildad y como crecer en el arte teatral a través del mismo arte. Es una tarea muy compleja, puesto que los egos nos atacan y son los peores consejeros. Recuerdo aquella frase que nos repetía continuamente nuestra maestra rusa en la licenciatura: “Ama el arte en ti mismo, más que a ti en el arte.” [2] Todo trabajo de creación escénica busca como verdad la humildad (un actor que no es humilde y sobrepone ante todo la soberbia es un actor destinado al fracaso, puesto que jamás aceptará indicaciones, observaciones y correcciones de un director, no conocerá la nobleza del trabajo en equipo y creerá que el teatro está a su disposición, cuando es completamente al revés: todo actor está al servicio del teatro y su dignificación y, lo más triste es que el espectador no agradece jamás la soberbia/ego del actor) y saber que se está creando para un espectador que está ávido de esas sensaciones que sólo el teatro en sí puede dar.

Es verdad también, que dentro de esta compleja profesión/vocación, el talento es innato y que es la columna vertebral de todo quehacer escénico, pero no basta el talento, también hay que entrenar, estudiar, empaparse y aprender a aprehender acerca de las técnicas y lo que “hacer teatro” conlleva y significa.

Hay muchas anécdotas que a veces al traerlas al presente son muy cómicas (o deprimentes), como aquella vez que una “experta en iluminación” le pidió al técnico un “genital al centro”, sin duda el técnico se percató de la falta de aquella “directriz productora” , y le preguntó con seriedad que qué era lo que pedía y nuestra directriz productora nuevamente contestó: “un genital al centro”; el diálogo se repitió varias veces hasta que el técnico, con mayor experiencia y conocimiento, le corrigió y amablemente le confesó que era: “cenital”; o aquella cuando un “director” te pide que llores sin carga emotiva sólo porque para él, el llorar es muestra de “actuar”; o te dan indicaciones como: con esta mano no y con esta sí, olvidando completamente la construcción/propuesta del personaje, el segundo plano, el motivo que lleva a dicho actor a crear, y sólo se ve limitado en un montón de indicaciones que contradicen ensayo con ensayo las mismas indicaciones del director, al no llevar un planteamiento e idea de dirección desde un principio.

Es válido experimentar, pero siendo honestos, el trabajo del actor va más allá de la “mera representación”. Un actor necesita aquellas herramientas que le permitirán traer al personaje a la escena, de nada nos sirven los cascarones carentes de vida en escena. Todo en la escena tiene un propósito y no es precisamente “la lana que nos ganamos con la chamba” (y si es así, también con esto hay que ser honestos).

Deberíamos de ser claros y honestos con nosotros mismos y tratar con verdad lo que estamos haciendo, no podemos llamar profesional a aquello que sabemos desde un principio que no lo es, y podemos llamar profesional a nuestro trabajo cuando hemos tenido además de experiencia, mucha preparación y estudio sustentable constante. Profesar con el ejemplo.

Es cierto también que como intérpretes, muchas veces tomamos un montaje por el gusto, necesidad o cualquier motivo que nos lleva a seguir dentro de la escena, pero tenemos que aprender de cada experiencia y dignificar nuestro trabajo; es una lástima ver muchos espacios vacíos por falta de un presupuesto, por falta de una propuesta concreta, es triste ver un teatro que se va vaciando por la mala calidad del espectáculo teatral, es indignante que las instituciones no inviertan en algo propositivo para el crecimiento y desarrollo cultural, y más triste es ver que muchos dirigen un barco que no tiene rumbo y está a la deriva, llevando al naufragio a muchos jóvenes interesados en el quehacer teatral persiguiendo con ingenuidad el sueño de convertirse en “artistas”. Muchos directores manejan el discurso de “aprender el texto y decirlo en escena”, pero se les olvida que hasta el mismo texto se va descubriendo y, en ocasiones, mezclan épocas, años y hasta corrientes sin saber o investigar, sólo suponiendo que así era en esos años y defienden a capa y espada la poca preparación que tienen vendiéndola lamentablemente al público como “una creación original”.

Y así es esto, una situación constante y latente en el teatro mexicano, y todos hemos sido cómplices de ello al no levantar la voz, por miedo a que nos veten y no nos vuelvan a llamar por considerarnos “liosos” “soberbios” “creídos” y demás improperios, cuando parte de nuestra misión es dignificar el trabajo teatral, expandir los horizontes, lograr una consistencia profesional con presencia en la nación y el extranjero.

Cada uno sabe cuál es su trabajo, su nivel y qué lo avala, y aun así tenemos o no tenemos propuestas para trabajar. Cada intérprete tiene un color, una voz e, indiscutiblemente, una auténtica manera de llevar a la vida cada personaje que se nos va presentando en el camino; seamos humildes, hagamos caso a aquellos que nos ayudaron en nuestra formación, aprendamos de los grandes ejemplos que tenemos a nuestro alrededor y eso, mi estimado lector, el espectador lo agradecerá con el corazón.

No hay necesidad de vanagloriarnos en la escena o de regodearnos, recordemos que hasta el personaje, por más pequeño que parezca, llega a dejar una huella en cada par de ojos que observan atentos y hasta en nosotros mismos, eso, siempre y cuando haya un trabajo sumamente minucioso y bien llevado.

Y, por supuesto, tristemente dentro de las redes sociales se crean muchos mundos paralelos, los que triunfan, los que presumen, los que comparten, los que hacen como que hacen, los que desean, los que anhelan y sueñan y los que trabajan, y claro que nos gusta ver esas publicaciones, enterarnos de lo que a nivel mundial pasa en la escena, es completamente libre y válido hacerlo, pero, en esta nueva etapa que se vive con el avance tecnológico, nos hemos olvidado de lo más importante antes de entrar a un trabajo escénico: entrar con la verdad, tener la conciencia de que manejamos la psique, somos “multitareas” dentro de la escena, dejémonos sorprender como intérpretes, dejemos que esas fibras vivan cada vez que entramos con aplomo a la escena, recordemos que un actor que conoce en pleno las circunstancias, el acontecimiento, los sucesos y toda la línea poética que se ha trabajado en el proceso y a sí mismo, trae consigo su destino en las manos.

Luis Mauro Nájera

Actor hidrocálido. Concluye sus primeros estudios de actuación en el Centro de Estudios Teatrales en su ciudad natal Aguascalientes. Posteriormente, recibe el título de Licenciado con distinción Ad Honorem en Arte Dramático con terminal Actuación por el Colegio de Arte Dramático de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Algunos de sus formadores en su quehacer actoral son: Mtro. Jesús Velasco, Abraham Oceransky, Peter Seligmann, Rubén Segal, Francisco Navarro, María Pankova Arabadjí, Dra. Isabel Cristina Flores, José Ávilez, Rosaura Bichir, entre otros.

En el 10° Festival de Teatro Universitario de la Universidad de Ibn Zhor, en la Cd. de Agadir, Marruecos, África, participa con la Obra La orgía y otros papeles del Infierno, donde recibe la mención al Mejor Actor de Reparto. Participa también en el Festival Universitario de Teatro de la Universidad de Caldas, Manizales, Colombia, donde destaca su actuación en el montaje Las preciosas ridículas. Con el monólogo Sólo los giles mueren de amor, como parte del programa JIMA (México/Argentina) intercambio Universidades. Ha participado en innumerables puestas en escena como actor, tallerista y ponente en diversos festivales y foros internacionales y nacionales de teatro, algunos de ellos pertenecientes a la International University Theatre Association (IUTA), la Red CITU-CAD, CONACULTA, SEMARNAP, SNCA (Sistema Nacional de Creadores de Arte), Gobierno del Estado, IMACP, Secretaría de Cultura y H. Ayuntamiento del Estado de Puebla, INBA, Instituto Cultural de Aguascalientes, Gobierno del Estado, Instituto de Educación de Aguascalientes, Gobierno Federal, Alas y Raíces a los Niños, entre otros.

Ha sido publicado con diversos artículos del quehacer teatral en revistas virtuales de índole teatral. También ha participado en temporadas de Teatro en corto. Ha compartido escena con Édgar Vivar, Mayra Rojas, Ana Silvia Garza, Moisés Suárez, Iván Bronstein, Luis Fernando Peña, entre otros.

Inicia su trayectoria en el mundo de la televisión en su ciudad natal grabando cápsulas para el canal 6 (ahora Radio y Televisión de Aguascalientes). Y es en el 2013 que se traslada y establece en la Ciudad de México, participando en telenovelas y programas unitarios de Televisión Azteca como: Destino, Prohibido amar, Corazón en condominio, Siempre tuya Acapulco, Así en el barrio como en el cielo, Lo que callamos las mujeres, Tanto amor, Un día cualquiera, Nada personal, Tres familias y la teleserie Desaparecida.

Con Mundo Fox, Estudios TeleMéxico y RCN Colombia, participa en la teleserie Maldita tentación. Con Televisa ha participado en las producciones: Vino el amor y El vuelo de la victoria. Teleset, Sony Entertainment y Blim le han llamado para actuar en algunos capítulos de las teleseries: Blue Demon, Rosario tijeras y Falsos falsificados. Ha sido invitado para participar en algunos cortometrajes y en cine participa en la película Vantage point (Justo en la Mira), dirigida por: Pete Travis. Columbia Pictures, Relativity Media, Original Film. Art In Motion.

Actualmente se encuentra activo en Teatro y Televisión, siempre en busca de nuevos proyectos. Sus redes sociales:

FB: Luis Nájera Twitter: @NjeraLuisInstagram: @luisnjera

Luis Mauro Nájera luisnjera / Luis Mauro Nájera

[1] Por aquello del lenguaje inclusivo y por consideración a las buenas costumbres virtuales.

[2] Stanislavski.