TEATRIKANDO

Por Benjamín Bernal, presidente de la APT

Viaje en el Tiempo: Entre mujeres

 

Al hablar hace una semana de Confesiones de mujeres de 30, recordé que Entre mujeres, de Santiago Moncada, el 11 de junio de 1992, se estrenó con elenco de lujo: Rosa María Bianchi, Raquel Olmedo, Nuria Bages, Macaria y Silvia Mariscal. Después vinieron otras obras que abordarían el morbo de los secretos de las mujeres y el chismorreo que la sociedad les prohíbe cuando hay hombres… o menores de edad. Mil años antes de Monólogos de la vagina. Recuerdo de este subgénero Confesiones de mujeres de 30, Las viejas vienen marchando, Adorables enemigas; Te amo, eres lo máximo, pero cambia hasta Mujeres de ceniza y Rosa de dos aromas, que son otra genial mirada.

Bueno, pues vi Entre mujeres con un elenco de lujo: Edith González, Alma Cero, Cecilia Gabriela, Ana Bertha Espín e Issabela Camil-Azela Robinson (alterna personaje), pero vi a Issabela. Merecen un aplauso todas porque el reto era muy grande. Debe usted saber que hay varios secretos en esta reunión de mujeres cincuentonas que se reúnen a convivir y con beber para hacer las delicias del público, que deseaba conocer de qué hablan las mujeres cuando están solas y tienen varias copas de champán en su haber.

A Edith González la gente le quiere mucho, además, por su talento como actriz; Alma Cero hace un papel creíble, en tanto que Ana Bertha Espín derrocha ternura lo mismo que veneno envuelto en perfume; Cecilia Gabriela está indiscutiblemente efectiva en su papel, en tanto a Issabela Camil la sentí en un volumen de voz bajo en ciertos momentos, debido, quizá, a su entrenamiento para la televisión, pero en general está bien en su papel: ir tejiendo poco a poco el duelo principal -que no le debo revelar-.

Para quienes han visto la obra antes, cuando el spot televisivo anunciaba: “Entre mujeres podremos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”, es claro que han cambiado muchos momentos. Recuerdo que una revelación crucial era casi al final de la obra, ahora es antes; algunas agresiones han cambiado de tono y motivo, por suerte a nadie se le ocurrió ”actualizar”, usar el celular como se hacía en las comedias antiguas mediante un telegrama, una llamada no deseada, un personaje misterioso que resuelve el conflicto, no, no hay esa clase de trucos.

La escenografía es una sala con mesita para los vinos, obliga a moverse con mucha frecuencia sobre proscenio, detalle irrelevante, pero pudo suplirse con otra composición más arquitectónica, dificultando así el trazo de la obra para las giras, ya que no se sabe dónde van a andar y si hay ayudas para este fin. En fin, ha resuelto más o menos la directora, Claudia Rios, quien a cambio ha tenido un buen manejo del elenco que no debe ser fácil. Es una obra que habla de lo que las mujeres ocultan entre ellas mismas, con más razón a los padres y las autoridades de la escuela, porque es un internado; y después vendrá la necesidad de ocultar a esposos e hijos y sígale imaginando toda la serie de lindezas que van a ir apareciendo poco a poco con la ayuda de un rico champán. Por cierto, se extrañó que no tuvieran a la mano una botana para ir conversando, pero sin duda, hubiera entorpecido en algo las acciones. ¡Enhorabuena: Rubén Lara, Claudia Ríos y elenco de lujo!