TEATRIKANDO

Texto y fotos por Benjamín Bernal, Presidente de la APT

La verdura carnívora, Abril Mayett

Uno de los temas difíciles de abordar es el de los niños de la calle, las niñas son un tema uff, más sensible, hacer reír con estos asuntos literarios es difícil. Bueno, pues provoca risas a granel esta chica con el complicado asunto, por el poder que demuestra al interpretar diversos personajes, a los que aporta diversas actitudes, ademanes y ritmos al hablar.

El texto es de ella y la dirección también, resulta difícil separar lo que quiso decir en el texto, luego lo que provoca en el público; hay que prestar atención al máximo, ya que, generalmente, se trata de un público que ve monólogos muy de vez en cuando; en cambio yo que veo varios al mes noto que debería ser un poquito más sencilla, rústica en su expresión o en su actuar, un poco. No se crea que la estoy criticando, de ninguna manera, es una idea que quizá yo tenga al dirigir este tipo de trabajos.

Es notoria la creatividad usada en el énfasis que otorga a la narración rápida o pausada, con voz tenue o vibrante, ademán amplio o contenido. Y el resultado es de constante risa, de impactos afectivos que logra provocar sentimientos nobles de su público. Casi magistral, diría yo, el trabajo de Abril Mayett. Está en el Teatro Enrique Lizalde, se puede ver antes del monólogo de Sugey (La rompe hogares), los sábados a las 18:30 horas.

Casi normales, con Susana Zabaleta

Con actuaciones de Susana Zabaleta, que luce una voz inigualable; Federico Di Lorenzo, que tiene un tono excepcional para darnos su trabajo; Mariano Palacios simplemente no tiene falla y logra gran lucimiento; María Penella es la hija que tiene un desempeño de gran naturalidad; en tanto Héctor Berzuna, simplemente sensacional, en colaboración con otros actores logran dar vida a un tema difícil: la esposa de Federico, que es Susana, cae en depresión e intenta suicidarse. La solución que le dan los médicos es rotundamente discutible, pues le hacen perder casi toda su memoria.

Casi normales es una producción muy cuidadosa, es necesario decirlo, no hay coreografías, pero el aspecto vocal es bellísimo y poderoso. La escenografía está diseñada de tal manera que le da un sabor cinematográfico, por la forma de manejar las áreas, en tres niveles, con cuatro compartimentos cada uno, que se cierran y abren para que avancen las acciones.

Uno sale con una profunda reflexión acerca de los métodos que utilizan los médicos, no sé si sea cierto, pero no dudo que haya experimentos buscando la normalidad cueste lo que cueste: pero, no reconoce a su propia hija.

La reciente ocasión que vimos a Susana Zabaleta fue en Tengamos el sexo en paz, cantaba varias canciones, muy diferente en todos los sentidos, pero igual reto actoral. Teatro Aldama, fines de semana. ¡Muy recomendable!

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