UN ACTO DE COMUNIÓN

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

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Uno de los anhelos más preciados de algunos jovencitos es independizarse. Para cumplir su objetivo se esmeran en sus estudios y tan pronto se gradúan buscan un trabajo bien remunerado. Quienes llegan a lograr ser independientes se muestran satisfechos y felices. Piensan en todo lo bueno que implica el cambio: ya no requieren de permisos ni concesiones y ejercerán su libre albedrío. Sin embargo, no tomaron en cuenta lo que perderían y es común que tan sólo unos días después comiencen a extrañar a su familia, comodidades y todo lo que compartían. Nadie les prepara su platillo favorito, no hay consentimientos, caricias, consejos, juegos compartidos ni con quién platicar. Asumir todas las responsabilidades es una carga pesada, hay que administrar la vida, los recursos y los gastos. Habrá que estar pendientes de todos los recibos por renta y servicios, comprar alimentos e insumos suficientes, así como efectuar los pagos en forma oportuna. Por si fuera poco, la soledad no es fácil de sobrellevar.

Son unas cuantas personas las que disfrutan de estar solos, otros logran acostumbrarse, pero a la gran mayoría les es desagradable y puede desencadenar temores, tristeza, ansiedad, furia y hasta desequilibrios. El silencio por las noches facilita que fluyan las voces internas y esto puede detonar que aparezcan fantasmas del pasado, recuerdos olvidados, frustraciones y, peor aún, eventos traumáticos que se han enfrentado. Todo esto hace que la realidad se desvanezca y las fantasías se incrementen. Tal es el caso de Franky, el protagonista de Un acto de comunión, de la autoría de Lautaro Vilo.

El dramaturgo, director de teatro, actor, guionista, traductor y docente, Lautaro Vilo, originario de Buenos Aires, Argentina, ha escrito alrededor de quince obras, mismas que han sido representadas exitosamente tanto en su país de origen como en otros y también han sido publicadas. Por su trabajo, Lautaro Vilo se ha hecho acreedor a múltiples nominaciones, galardones, reconocimientos y premios.

La inspiración para concebir Un acto de comunión le llegó a Lautaro Vilo de un caso de la vida real, una noticia que impactó al mundo. A principios del año 2001 un joven fue acusado de cometer un crimen en la ciudad de Rotemburgo, Baviera, Alemania. Los espeluznantes detalles del crimen hicieron que el jurado contratara a un equipo especial de psicólogos y psiquiatras, a fin de que determinaran el estado mental del acusado. El dictamen final de los especialistas fue que no encontraron señal alguna de demencia. Al igual que los médicos, Lautaro Vilo decidió escudriñar la mente de este hombre a partir de su dramaturgia.

El texto de Un acto de comunión capta la atención del público de principio a fin. El perfil psicológico del protagonista está perfectamente delineado. De frente al público hará un recuento de los recuerdo de su vida desde su infancia hasta un poco después de los hechos que hicieron se le acusara.

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Al entrar a la sala de teatro lo único que ve el espectador es una silla sobre el escenario vacío. En la tercera llamada, Franky entra, da unos pasos y se sienta. Es un hombre joven, alto, de buena presencia, vestido pulcramente, no podría pasar desapercibido. Tiene la certeza de estar psíquicamente sano y quiere ejercer su derecho de réplica, así que está dispuesto a compartir sus más íntimos pensamientos y su sentir. Compartirá su propia perspectiva sobre lo ocurrido. Su plática deja translucir que su nivel de inteligencia es superior al promedio, es culto, educado, ordenado y bastante metódico. Se remonta a su niñez; nació de un matrimonio bien avenido, tenía varios hermanos. A todos los amaban y consentían, los cumpleaños eran festejos divertidos, pastel especial, regalos, sorpresas. De pronto, un día todo cambia, el padre abandona a la madre y se lleva a los hijos, excepto a Franky. Comienza la desventura. La madre se desploma y Franky vive con ella, lidiando con el dolor de ambos. Luego que fallece su mamá, Franky vive solo, tiene un trabajo estable y disfruta de entablar relaciones mediante Internet. Su mayor ilusión es llegar a Un acto de comunión con alguien. ¿Qué es lo que Franky entiende por esto? Él mismo será quien se los explique cuando vayan a visitarlo.

La labor de dirección por parte de Julio César Luna es impecable. Su trazo escénico está infundido por la sobriedad. En lugar de desplazamientos, opta por lo estático, su actor está sentado, se pone de pie en contadas ocasiones, con lo cual todas y cada una de las palabras del texto cobran mayor peso. En esta obra la acción y las pausas se definen mediante la oralidad. El ritmo es preciso.

El desempeño histriónico, vocal y expresivo de Antón Araiza denota el resultado de un exhaustivo trabajo en la creación de su personaje. A lo largo de su trayectoria, el destacado actor ha demostrado que tiene el talento y la capacidad de transformarse en cualquier personaje y el que interpreta en esta ocasión es verdaderamente impresionante. Sabemos que el monólogo es la prueba de fuego para cualquier actor y en esta obra lo es más, ya que la única herramienta son las palabras. Antón enfoca su labor en cómo decirlas, resuelve el alto grado de dificultad utilizando un peculiar fraseo, cual si degustara cada sílaba, habla con elocuencia, su mirada denota absoluta sinceridad y mueve sus manos en cierto modo para remarcar uno que otro parlamento, sin necesidad de alardes ni excesos, la emotividad está presente en todo momento.

El resto del equipo creativo está integrado por: a.a en producción ejecutiva,  Marilú Garcialuna en asistencia de dirección, Javier Pérez Maya en fotografía; video y diseño gráfico, Víctor Audiffred, y Sara Cortijo en audiovisuales para redes sociales.

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Una historia que conmocionó al mundo es llevada a escena y Lautaro Vilo decide que la narre de viva voz el autor de los hechos, en forma tal, que el espectador conozca las circunstancias y motivaciones que lo llevaron a hacer algo inimaginable. No pierdas la oportunidad de ver este montaje cargado de sentimientos, reflexiones y deseos incontrolables. Texto interesante, atinada dirección e interpretación memorable. Corre a verla. Su temporada está por finalizar.

Un acto de comunión se presenta a las 20:00 horas los miércoles 20 y 27 de febrero de 2019 en el Teatro La Capilla, ubicado en la calle Madrid número 13 (casi esquina con Centenario), Coyoacán, Ciudad de México. Duración aproximada: 60 minutos. El costo de la localidad es de $250.00 pesos. Descuentos acostumbrados para personas con credencial vigente de maestros, estudiantes o INAPAM, así como para vecinos de  Coyoacán, Iztapalapa y Benito Juárez.

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