Autor: Alejandro Laborie

TODOS SANTOS (¿CUÁNDO SE ESTÁ MUERTO EN VIDA?)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de Facebook de la actriz Mayra Sérbulo

 

Tdos santos (1)

Hay quienes nacen con un destino, tal vez no determinado pero sí condicionado, para que su vida sea una tragedia de principio a fin. En nuestra sociedad contemporánea aún existen personas y grupos sociales condenados a ser marginados. Las razones pueden ser múltiples, lo cierto es que es una realidad. Uno de esos sectores son nuestras mujeres indígenas; ellas sufren la pérdida de identidad, sobre todo, cuando se incorporan a entornos ajenos a su idiosincrasia y costumbres; migrar por cuestiones económicas ante la falta de oportunidades en sus lugares de origen, y la discriminación, en ocasiones velada en otras abiertamente ante la indiferencia de sus semejantes.

A través de un conmovedor y bien escrito monólogo, mejor estructurado, Mónica Perea nos conduce por todos esos vericuetos que envuelven, absorben y fustigan a las mujeres indígenas. Uno de sus caminos dramatúrgicos es la poesía de la tragedia, emplea palabras, frases, ideas de una belleza indiscutible, por fortuna no incurre en el melodrama común y corriente, sensibiliza en forma emotiva, no se desgarra las vestiduras, no cae en la retórica, plantea, no da soluciones, denuncia, el teatro es su medio de expresión. El tema es desgarrador, una mujer -Ángeles- ha sido privada de todo, la ciudad es su refugio, al tiempo su cárcel existencial.

Surge una interrogante ante el planteamiento de Mónica: ¿Qué le espera a una mujer que busca sobrevivir pero no sabe si está muerta en vida? El hambre, el agotamiento del alma y del cuerpo siempre presentes… se necesita un milagro; éste se personifica en una mujer, quien la contrata como sirvienta; la situación mejora ligeramente, sin embargo, la explotación, la falta de respeto a su dignidad son la constante, como dice: “Dónde puede alguien encontrar seguridad, refugio?”… ¿en la guerrilla, en la pérdida de los seres amados arrebatados por tratar de reivindicar sus derechos?

Si el texto es de una estética admirable, éste se redondea con la actuación de Mayra Sébulo, originaria de Oaxaca, quien en su caracterización de Ángeles transpira sentimientos, dolor, rebeldía -el personaje se involucra en situaciones peligrosas pero necesarias para los marginados- y al mismo tiempo conmueve; si bien se trata de presentar una víctima no se desborda, le da voz a miles de mujeres. Hace de su cuerpo un lenguaje; la tonalidad de su voz admirable, inicia con un canto -acompañada por un guitarrista-; da paso a una coreografía de excelsa plasticidad, provoca el deseo de invadir el escenario y consolar a la sufrida mujer, tal vez lo más relevante, contagia dignidad, misma que nunca se debe perder, esto es difícil de explicar o describir con palabras, hay que sentirlo desde la magia de un trabajo actoral.

Sixto Castro, desde mi punto de vista, en esta ocasión no está a la altura del texto, sobre todo, su montaje tiene deficiencias tales como mantener durante un largo tiempo a su actriz esquinada -a la izquierda – en el proscenio, no la mueve de ahí, por tanto, el noventa y cinco por ciento del espacio queda a la deriva, desperdiciado, la verdad Mayra lo salva; sin una buena actriz su propuesta no fructificaría, además teniendo un guitarrista en vivo tiene la ocurrencia de meter una pista. Lo anterior solo trata de ejemplificar, no se trata de despedazarlo.

El monólogo Todos santos estará en temporada hasta el 30 de noviembre, los jueves a las 20:30 horas, en La Gruta del Centro Cultural Helénico, Ciudad de México.

TEATRO EN CORTO (MONTAJES INTIMISTAS, NUEVA TEMPORADA)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía cartel promocional

 

Teatro en Corto2

De unos años a la fecha se ha puesto en boga una modalidad que ha cobrado popularidad o bien aceptación entre los teatrófilos, montajes en verdad intimistas, los espectadores, literalmente, a centímetros de los actores. En su primera versión está el llamado Micro Teatro, originario de España, hasta donde tengo entendido opera como una especie de franquicia en México. Ante el éxito aparecieron nuevas opciones -para algunos copias del modelo- entre ellas TEATRO EN CORTO, con sede en una remodelada casona de la colonia Nápoles, al frente de la cual está Lolita Cortés.

 

Ha iniciado la vigésima séptima temporada con nueve propuestas, diferentes géneros, variados estilos; actores y actrices afamados por la televisión y la cinematografía, otros empezando sus carreras. Obras breves de unos cuantos minutos en cuartos adaptados como espacios escénicos. En tiempos pasados un texto dramático se componía del planteamiento, desarrollo y conclusión, de ahí los tres actos habituales. En el caso que nos ocupa todo el proceso debe desarrollarse en 15 minutos, ese es el reto, unos lo logran otros fracasan en forma rotunda. De esta nueva temporada comentaremos tres obras: LA VISITA, BRINDEMOS, ABUELA y COSTUMBRES.

 

Kerim Martínez, quien repite con esta obra ante un éxito anterior, nos ofrece de su autoría LA VISITA, bajo su propia dirección junto con América Gabriel. Una mujer de la tercera edad siente que su vida romántica y sexual no ha terminado, a pesar de lo vivido con quien pretende continuar su existencia amorosa. La visita, inesperada, es de su hijo. Surge una plática entre cordial e incómoda, imbuida en el humor fino, cierta profundidad y motivos para tomar partido. Hay alternancia en el elenco, en mi turno Evangelina Martínez y Jorge Badillo. La primera deja constancia de su indiscutible histrionismo, como pocas pronuncia una majadería sin ofender al respetable, maneja el humor en forma natural, otro personaje al que le da prestancia en el escenario. El segundo no se achicopala, alterna dignamente, con carácter ante los hechos, con ternura filial cuando es el caso.

 

Todo un deleite y agrado encontrarse con Lupita Lara (alterna con Emilia Carranza), actriz quien goza de la simpatía y el cariño de su público, sin embargo, más allá de lo anterior, interpreta a una abuela de carácter fuerte, personalidad sólida, mujer decidida que no vacila ante las situaciones. Lupita proyecta todo esto en el escenario en BRINDEMOS, ABUELA, de Alejandro Karam, dirigida por Héctor Cruz. La historia no tiene nada de novedosa, de hecho el tema y, sobre todo, el desenlace ha sido tratado en múltiples ocasiones, sin embargo, se logra captar la atención y provocar la “sorpresa” de los espectadores. Al lado de Lupita, Juan Pablo Ruiz, momentos buenos otros sobre actuado, en unos pasión en otros exaltado.

 

COSTUMBRES, una relación enfermiza,sadomasoquista, la costumbre de compartir con quien se ama y se odia al mismo tiempo.. “El amor se convierte en pasión, la pasión en locura, la locura en obsesión y la obsesión en odio”. Así lo plantea María José Robles (autora e intérprete) quien deja en Luis Felipe Tovar la discreta o sencilla dirección. Tanto María José como Ricardo Baranda se entregan, sin embargo, no asumen con plenitud las características de sus personajes, de hecho hay momentos en que son inverosímiles, caen en la cursilería, habrá que ver a sus alternantes.

 

TEATRO EN CORTO se lleva a cabo en Yosemite 40, Col. Nápoles (Ciudad de México), de jueves a sábado a partir de las 20:00 y domingos desde las 19:00 horas, hasta fines de noviembre. Cada día hay oportunidad de ver un máximo de seis propuestas.

SI NOS VAMOS A IR JUNTOS… ¡QUÉ SEA A LA CHINGADA! (LO SUBLIME Y LO RIDÍCULO)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la compañía eMe

 

Si nos vamos a ir juntos1

Es increíble, pero sucede, cómo una persona puede en un solo hecho teatral ser sublime y al mismo tiempo caer en lo ridículo. Tal es el caso de Guillermo Navarro, autor y director de Si nos vamos a ir juntos… ¡qué sea a la chingada! Lo sublime el texto, lo ridículo la puesta en escena.

Estamos frente a un monólogo sobre Frida Kahlo, personaje del arte con reconocimiento universal y una vida “escandalosa” para unos, envidiable para otros -a excepción de sus males corporales-, controversial, irreverente, bisexual, alcohólica y enamorada hasta la obsesión de Diego Rivera. Son múltiples las obras llevadas a escena con ella como protagonista, abundan los monólogos. Ahora bien, ¿qué se puede decir de ella o poner en su boca que no haya sido abordado? Guillermo combina la realidad con la ficción, el personaje divaga en el presente sobre el pasado, reniega y presume, breves y profundas disertaciones; una búsqueda en el ámbito psicológico, un monólogo interior, un apremio por su identidad, lo real y lo posible, claro, desde la perspectiva del dramaturgo. Un texto inteligente, no incurre en la verborrea, no es discursivo, no biográfico, es penetrar en el alma a través de la imaginación. Las situaciones “delicadas” o “morbosas” están presentes, sin embargo, todo en el marco de un lenguaje fuerte y al tiempo sutil.

Por fortuna Guillermo cuenta con una gran intérprete: Yazmín Jáuregui. Ella le da vida al espectro que habla desde el más allá, no de ultratumba, sino desde lo más profundo de su ser, claro, teatral, la actriz -un hecho raro en el medio- posee gran manejo de voz, con carácter y fuerza, condiciones en las que fundamenta las emociones, no hay necesidad de gritar para enfatizar; se desplaza por el escenario con soltura; interactúa con el público con seguridad, lo involucra. Uno ve a Frida sin esas “caracterizaciones” ridículas y desgastadas. Un trabajo para recordar.

Pasemos a lo ridículo, al montaje. Una escenografía “folclórica, por llamarla así, en verdad ridícula, a tal grado que en una sección parece un nacimiento navideño, al menos es la impresión a primera vista, con todo y sus foquitos, es prescindible, no tiene razón de ser, no sirve para nada, en verdad nefasta. Homero Guerrero es el responsable del concepto visual, quien tiene la osadía, bajo la venia del director, de ubicarse en escena con su lap top y controlar el multimedia, proyecta una serie de imágenes igual de intrascendentes que el resto de la producción, incluyendo el vestuario. Hay otros dos en escena -Alejandro Cantú y Alán Vak- su participación solo sirve de distractor, tampoco tienen razón de estar en el montaje. En un cuadro se conjuntan el multimedia y los dos “fantasmas” bailadores, quedan a segundos de darle al traste a todo. En fin, recalcando: lo sublime y lo ridículo en el mismo espacio.

Si nos vamos a ir juntos… ¡qué sea a la chingada! tiene lugar en el Foro Contigo América (Arizona 156, col. Condesa, Ciudad de México), hasta el 29 de octubre, los domingos a las 18:00 horas.

LAS TOUZA (PIEZA DE TEATRO DOCUMENTAL)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la producción

 

Touza

En todas las guerras hay gente que sufre las consecuencias de las mismas, muchas tiene como objetivo salvar la vida, huir de la persecución, encontrar un lugar donde sobrevivir. Por fortuna, siempre hay personas dispuestas a albergarlas, alimentarlas y ayudarles a partir a mejor destino. Alfonso Cárcamo se adentra en el tema mediante una pieza de teatro documental, Las Touza. Ahora bien, a dónde nos remite el título: a tres hermanas con ese apellido quienes durante la Segunda Guerra Mundial y concluida la guerra civil española se abocaron a salvar la vida de unos 500 seres humanos. El hecho es real, las Touza existieron, hasta cierto punto se volvieron una leyenda en su comunidad como en las mentes y corazones de sus protegidos. Judíos y republicanos quedaron bajo su protección y auxilio, superar la desgracia de la que fueron víctimas. Sólo su sentido humanitario, sin más intereses, las llevaron a múltiples actos de solidaridad.

En México, el teatro documental no es frecuente, por ello llamó mi atención este texto y su concretización en el escenario. Empecemos por lo primero: el autor hace una mezcla -a la postre un híbrido- entre lo narrativo (descriptivo) y los diálogos. Las actrices se dirigen al público para ubicarlo en el contexto, la personalidad de las protagonistas, el lugar donde se llevaron a cabo los hechos, la lectura de una serie de documentos (cartas, declaratorias). Ahora vayamos a los diálogos: solo se pueden calificar de insulsos, intrascendentes, en el más estricto sentido de los términos. Ante un tema como el que se pretende documentar llama la atención que no exista un solo clímax. Lo único que en general se aporta es saber de la existencia de las Touza, por lo demás no hay nada digno de comentar.

Si lo anterior es deprimente más lo es la dirección de Soto. Las tres integrantes del elenco narran y dialogan en una singular forma pausada, a cámara lenta, con apatía (no voluntaria), bajo volumen, parece que el propósito es no encontrarse con ellas, sin claridad, no hay emoción, su causa parece ser algo tan rutinario como cocinar o planchar. Los documentos, su contenido, se pronuncian como si se leyera el periódico en voz alta. La directora arropa todo en una escenografía realista, atractiva visualmente, sin embargo, podría no haber nada y el resultado sería el mismo. Intenta una especie de naturalismo (elaboración y degustación de alimentos y vino), en eso queda, un mal logrado intento. Además hace que entren en el escenario tres integrantes del público, para qué, para nada, no tiene ningún sentido más que el público crea que son tres de sus protegidos.

Abril Pinedo (alterna con Isabel Bazán), Adrián Focke y Alejandra Marín, sin caer -por mi parte- en una garrafal contradicción, se les debe reconocer su trabajo, a nadie se le puede criticar en forma negativa cuando solo siguen las carencias de imaginación del dramaturgo y la directora. Al trío, esperamos, les llegarán mejores opciones.

Las Touza está en temporada en el Foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico (Ciudad de México), los viernes a las 20:30 horas, hasta el 24 de noviembre.

BARE KNUCKLE (EL TRUCULENTO MUNDO DEL BOX)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía de la compañía.  Salvador Carmona e Israel Sosa, intérpretes de Bare knuckle

 

Bare

 

Todos aquellos que han estado en contacto con el mundo del boxeo, ya sea porque son amantes de este deporte, lo han seguido por televisión o a través de la cinematografía, su entorno es conocido. Hasta el más neófito ha oído de las trucañuelas que lo rodean: peleas arregladas; detrás de ellas, millones de pesos o de dólares; la mafia involucrada, los promotores, los mánagers y demás son parte de la maquinaria de corrupción; los únicos perdedores, más allá del ring, son los boxeadores, tanto jóvenes como veteranos, seres con ilusiones quienes terminan lesionados, lisiados, unos con menos suerte pierden la vida.

Por este universo, recordemos es una actividad practicada en casi todos los países del mundo, es el pretexto de un texto que lleva por título Bare knuckle (en español “el mejor golpe”), de la autoría de Israel Sosa, bajo el coucheo de Jesús Rojas y Rafael Balderas. El tema ha sido abordado en varias ocasiones y en múltiples modalidades, en concreto, no es nada nuevo. Lo importante en este caso es que la estructura, el melodrama y la tragedia caminan de la mano, se alternan, de hecho la simbiosis es tan sutil que puede pasar desapercibida. Hay subtemas: involucrarse en lo prohibido para mejorar la condición económica de una madre, reunir una cantidad de dinero –por ejemplo, doscientos pesos- para acceder a buenos carteles o funciones. Los protagonistas son dos hermanos: El Güero y El Chaparro. El primero se convierte en entrenador y representante del segundo. El Chaparro entra en contacto con los corruptos para participar en un combate clandestino; éste se lleva a cabo y gana cuando no era lo esperado. Le proponen un segundo encuentro el cual debe perder y… la historia sigue hasta… El desarrollo es lineal sin descontar su buen tratamiento, por ello despierta el interés de todos, incluyendo a los ajenos al mundo de los golpes. Parte del subtexto es el lado humano, las buenas intenciones, la fraternidad, los lazos de sangre y, en forma lamentable, la ingenuidad. El desenlace es esperado, sin embargo, toca las neuronas de la sensibilidad, aspecto de suma importancia en el teatro.

Jesús y Rafael optan por un montaje dinámico, ágil, el lenguaje corporal es vital, por momentos coreográfico; la exigencia y desgaste físico al límite; acción de principio a fin mientras se expresan los diálogos y desdoblamientos en otros personajes. No hay escenografía, todo se reduce a dos punching bag, mismos que simbólicamente sufren varias metamorfosis. El único “pero”, la mayor parte del tiempo los actores gritan, la euforia escénica llevada al máximo. Toda la acción, el peso de la propuesta recae en los actores.

Salvador Carmona y el propio Israel Sosa son los intrépidos del cuadrilátero. Con lo expresado en el párrafo anterior quedan claros los requerimientos a satisfacer. Se les debe reconocer que además de lo físico su trabajo actoral es loable, proyectan emotividad, energía, viven el boxeo y transgreden las vísceras del respetable.

Bare knuckle está por concluir su temporada en Casa Actum (queda una función el 14 de septiembre a las 20:30 horas). A partir del 3 de octubre tendrá una nueva temporada en Un teatro (col. Condesa, Ciudad de México), los martes a las 20:30 horas. Por otra parte, representará a Puebla en la próxima edición del Festival Internacional Cervantino.

LA NENA (NUEVA TEMPORADA EN EL CÍRCULO TEATRAL). DESAMOR ENTRE UNA MADRE Y UNA HIJA

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografía de Daniel Austria

 

La nena

Asistir a una representación teatral es uno de mis grandes gozos; éste se incrementa cuando puedo acudir por segunda ocasión, obvio, porque me encantó la propuesta en todos los aspectos que la integran, más cuando voy como un simple espectador, esto es, olvidarme de la libreta de anotaciones, estar al pendiente de todos los aspectos con la minucia de un cirujano periodístico, reitero, simplemente en calidad de uno más de los espectadores. Es una gran experiencia, disfruto el teatro como un niño con juguete nuevo, La nena, de Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), fue un deleite basado en lo antes expresado. Comparto nuevamente con mis lectores la nota que en su momento escribí en el mes de julio, ojalá los motive a ir al Círculo Teatral.

El citado autor domina y aborda prácticamente todos los géneros, sin embargo, destaca su manejo del humor, fino pero negro, lo que produce en el espectador la ambivalencia risa-sufrimiento. En La nena, un encuentro de desamor -casi llegando al odio- entre una madre y su hija. La primera, aparentemente, padece de cáncer terminal en el hígado, a ciencia cierta no queda claro por qué la noticia se la comunica su sirvienta, además el diagnóstico procede de un doctor quien perdió su licencia décadas atrás. Un encuentro físico, un desencuentro sentimental; reproches, injurias sin piedad alguna; el alcoholismo de la madre frente a la indiferencia de la hija; frustraciones, remembranzas de hechos traumáticos. En fin, una relación, como se dice en forma coloquial, de perros y gatos.

La dirección está a cargo del joven Ómar Olvera, pulcra, acertada, un gran trazo y aprovechamiento del espacio. Compenetrado con los personajes, con su psicología; a pesar de la trama nunca los lleva a exabruptos, la clama envuelve el caos emocional. Se inclina por una escenografía realista -Pedro Pazarán-, sin embargo, todo el escenario está invadido por naranjas, ahí se altera el realismo, el simbolismo de los cítricos queda a la deriva -al menos para mí-, desde mi particular punto de vista podría prescindir de ellos, nada se modificaría y la estética se sobre pondría. Un vestuario sencillo: la madre, un camisón; la hija, ropa casual; una iluminación casi fija, no por falta de creatividad sino por las limitaciones del espacio.

Las actuaciones corren a cargo de Evangelina Martínez (la madre) y Laura Castro (la hija). Evangelina, sencillamente impresionante; la actriz le da su tiempo a esa mujer mordaz, al personaje la maldad le brota por toda la piel, su histrionismo y experiencia hacen de su participación un deleite actoral; se compenetra con el género, proyecta la amargura y, sobre todo, la soledad -más emocional que física-, logra proyectar lo anterior con una mezcla de arrepentimiento e intento de reivindicación, lo cual enriquece al personaje, solo una histrión alcanza esos niveles.

Por su parte, Laura Castro alterna con Evangelina, acorde con los requerimientos del texto, no se amedentra frente a la primera actriz, en forma natural asume la indiferencia ante su madre en forma creíble. Es grato encontrar juventud y madurez, es de esperarse que los productores le den más oportunidades.

La nena se representa en el Círculo Teatral, Veracruz 107, Col. Condesa, Ciudad de México, los lunes a las 20:30 horas, hasta el 16 de octubre.

ENEMIGO DEL PUEBLO (LOS PREJUICIOS DAÑAN AL TEATRO)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la Compañía Nacional de Teatro

 

El enemigo del pueblo1

En términos generales los prejuicios no son buenos, esto se aplica al teatro, asistir predispuesto puede ser una equivocación que conlleva consecuencias nefastas, a menos que se superen durante el desarrollo o conclusión de la puesta en escena. Si debo ser honesto estaba prejuiciado al acudir a ENEMIGO DEL PUEBLO, de Henrik Ibsen, en una versión y dirección de David Gaitán. De antemano sabía que había hecho modificaciones al texto, sobre todo a la estructura dramática original. En concreto, se redujeron los personajes a tan sólo seis; se deslizan hechos que rebasan en tiempo el final del siglo XIX donde transcurre la historia, y; por último, lo más alarmante: el cambio de carácter y forma de ser del Dr. Stockmann, personaje principal, quien pasó de un hombre bonachón originalmente a un misógino, agresivo y medio desadaptado con relación a su entorno familiar y social. La gran pregunta era: ¿Ante todas estas modificaciones qué quedaba de la esencia de Ibsen en esta versión mexicana? Una segunda interrogante: ¿No era más “fácil” elaborar un nuevo texto?

 

A través de dos hermanos, los Stockmann, uno el alcalde y el otro el doctor del pueblo. El primero representa lo público, el poder, el manejo de los recursos, la manipulación, la corrupción; el segundo, el interés de la comunidad, la salud como prioridad ante lo económico. Más que un conflicto político es ético. Profundiza Gaitán en conceptos, con una visión contemporánea, tales como la democracia, la censura y la autocensura de la prensa, el bien común, los derechos humanos. Además hay un análisis sobre las consecuencias al interior de una familia. En concreto; ¿qué se debe hacer?

 

 

El conflicto se centra en un balneario. Por un lado, desde su apertura ha aportado un importante ingreso económico en beneficio del poblado, sin embargo, sus agua son tóxicas, dañinas a largo plazo para la salud. ¿Se debe alertar, cerrar y remodelar? Se convoca a una asamblea pública, ahí se determinará el destino del conflicto.

 

Gaitán, más allá de mis prejuicios, logra una gran adaptación, moderniza el tema y lo enriquece con una visión conceptual contemporánea. Hay una buena dosis de humor, de ironía, de sarcasmo, esto es, a través de la hilaridad aborda la seriedad. Lleva a los espectadores mediante un hilo conductor congruente con cada personaje, invita a la reflexión, no en forma pasiva, por el contrario, el público -una parte- participa con unas pistolitas que disparan burbujas de jabón, éstas se utilizan cuando hay un comportamiento reprobable e inmoral por parte de los protagonistas, en particular del Dr. Stockmann.

 

Como director emplea el multimedia apoyado con voz en off, fundamentalmente para instruir sobre el uso y sentido de las pistolitas. Con la colaboración del gran maestro Alejandro Luna, se presenta una escenografía sobria, sutil y elegante: un mapa del barrio de Coyoacán, reproducción de uno elaborado en 1847 por espías estadounidenses. Una formidable y creativa iluminación. Juventud y experiencia se dan cita en el mismo escenario. Gaitán con maestría embona las diferentes, más bien opuestas personalidades, sin caer en lo panfletario -sólo en el discurso moralista de la conclusión-, conjuga las ideas políticas del socialismo y psicológicas del psicoanálisis, así como un severo cuestionamiento al capitalismo. Dramaturgo-director se encuentran estéticamente para beneficio del teatro.

 

Luis Rábago y Juan Carlos Remolina excelentes, sobre todo el primero, convincente, uno de sus mejores papeles en su larga trayectoria. Los acompañan Amanda Schmels y Astrid Romo quienes dan realce a la puesta cuando se vuelven protagonistas. Antonio Rojas encarna la corrupción, el cinismo, la avaricia, la inmoralidad, ni mandado a hacer. David Calderón sin pena ni gloria.

 

Este enfrentamiento entre lo público y lo privado, cuando dos posturas son válidas por contradictorias que parezcan entre sí, bajo la producción de la Compañía Nacional de Teatro, se escenifican en el Teatro de las Artes (Centro Nacional de las Artes, Ciudad de México), hasta el 1 de octubre (excepto 15 y 16 de septiembre), de miércoles a viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas.

 

 

 

 

INSTINTO (CORRER POR NUESTRA VIDA)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro 

Imagen tomada de la página de Facebook de Bárbara Colio, autora y directora

InstintoBárbara Colio, una de las mujeres más activas y comprometidas con el quehacer teatral, nos adentra en una de las múltiples visiones de lo qué es el instinto, inclusive el concepto varía mucho si lo enfocamos desde la perspectiva de los humanos o de los animales. Una mujer cuida a su bebé por amor, una hembra de la fauna por instinto. En términos simples, el instinto es el estímulo interior que determina una acción dirigida a la conservación; es un sentimiento o actitud que obedece a una razón profunda pero no consciente para quien la realiza. La perspectiva de Bárbara parte de lo que acontece en nuestro entorno social, como las clases económicas, el grado de educación, el deterioro cultural… esto nos lleva, por instinto, a “Solo, correr por la vida”. Drástico pero respetable.

Cuatro desconocidos padecen una noche de insomnio. Cuatro personajes quienes en principio no tienen nada en común por más que se le busque: una corredora de bolsa, prepotente a más no poder; un fotógrafo, la imagen es su razón de existir; una mesera, sin más oficio que atender a los comensales, y un albañil, rarámuri, más ingenuo e inocente que la inocencia misma y honrado. El punto de encuentro, por increíble que parezca, una tienda de autoservicio. La primera con la prioridad de adquirir buen vino y queso; el segundo, llevarle alimento a su perro; la tercera, allegarse una gran caja de jabón y, por último, el rarámuri obsesionado con solo adquirir cinco rebanadas de un paquete de pan integral.

Cada uno de ellos, poco a poco, dejan ver (al público y a sí mismos) su formas de ser (pensar), sus prioridades, sus conceptos sobre el prójimo y, tal vez, su análisis del entorno social donde se desenvuelven. Bárbara, por fortuna y su talento, no cae en el panfleto o estudio sociológico, conocedora del teatro ha escrito un texto que conlleva a la reflexión, asume las “reglas” dramáticas. Hay una peculiaridad, los personajes antes mencionados se desdoblan, se transforman en una familia (padre, madre e hijos), degustan una cena y profundizan, fundamentalmente, pero no en forma tan obvia, sobre el instinto. Lo anterior enriquece, le da un atractivo más, la posibilidad de compenetrarse con el espectador o por instinto salir corriendo.

Bárbara es versátil, esto le permite asumir la dirección del texto. El momento de transición de los personajes es sutil, artístico, sin exabruptos, lo cual representa un reto para el público, un distraído se perderá el sentido del desdoblamiento. Un ritmo excelente, parece contradictorio pero no hay necesidad de correr. Junto con Mario Marín del Río, se sugiere el supermercado, mediante una estructura en alto, objetos propios de tal lugar en una cantidad mínima, un espacio al fondo, fuera del establecimiento, lamentablemente invisible para la gente ubicada en las butacas laterales. Matías Gorlero -iluminador- vuelve a constatar ser un pilar creando atmósferas.

Nailea Norvind, Harif Ovalle, Francesca Guillén y Tizoc Arroyo al nivel de las exigencias dramáticas, temáticas y psicológicas de los heterogéneos personajes, dan unidad y fuerza al texto en el escenario. Nailea cada día mejor, ya es parte del teatro de arte; Harif no necesita mayor comentario, posee talento y una larga trayectoria que lo avalan. Francesca y Tizoc enaltecen el trabajo de conjunto.

Lamentablemente mi ausencia de los teatros -por cuestiones de salud- me obligó a asistir cuando la temporada está por concluir, aún así hay que correr por Institnto al teatro El Galeón (Ciudad de México), los jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas, hasta el 10 de septiembre.

LAS MISERABLES (¡LAS REINAS CHULAS EN EL FORO SOR JUANA!)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página del grupo en Facebook

Reinas chulasEl Foro Sor Juana Inés de la Cruz, ubicado en el conjunto del Centro Cultural Universitario (CCU), de la UNAM, ha sido sede de grandes montajes, de búsqueda, de teatro experimental, enaltecedores del quehacer escénico. Ha albergado a los mejores directores, actores, escenógrafos, iluminadores, musializadores… tanto consagrados como a jóvenes quienes a la postre han enriquecido el arte escénico.

Es un símbolo para los teatristas y teatrófilos, un lugar obligado, para los creadores un espacio anhelado. Ha convocado textos nacionales y universales. Es “camaleónico”, cada vez que uno lo visita el primer aspecto a admirar es cómo será la disposición de la escenografía, cuántos de los niveles serán empleados por el director, cuál será el desplazamiento del elenco, cómo y dónde será ubicado el público y, ante todo, casi segura la garantía de propuestas de excelente calidad estética y artística, de salir satisfecho, con gozo y deseo de volver.

Ahora bajo la Coordinación de Difusión Cultural de Jorge Volpi, nos llevamos la sorpresa de la presentación del grupo Las reinas chulas. Exitoso en su género de cabaret o autodenominado “carpa contemporánea”. Operan la sede de El Vicio (Coyoacán), donde se presentan sketches, cantantes, cuenta chistes, espectáculos que pretenden ser teatro con producciones pobres que, en general, dejan mucho que desear y un largo etcétera… Posee un público cautivo, el cual además de reír, la hilaridad es una de las ofertas, puede consumir bebidas alcohólicas y alimentos de elaboración sencilla. Un lugar con una gran tradición en su estilo.

Regresando al Foro Sor Juana, a reserva que me tilden de conservador y miope con relación a diversas manifestaciones, es una afrenta la presentación de espectáculos con las características de Las miserables, de creación y dirección colectiva por parte de las integrantes de la agrupación en cuestión, Ana Francis Mor es la cabeza, ha resultado una gran empresaria, a quien -por cierto- considero una excelente directora del teatro, bien o mal, clasificado como de arte. El cabaret nos la robó, a nadie se le puede pedir cierre o abandone una mina de oro.

El montaje en cuestión es plenamente feminista, a más no poder, mujeres tratando de reivindicar sus derechos frente a los hombres en general, ante los legisladores y gobernantes en particular. Asistí con la expectativa de que Ana Francis y compañía partieran de la obra de Víctor Hugo, nada que ver, abunda el albur y recurrencia de las groserías. Ubican la trama entre los siglos XVII y XVIII, sin embargo, se adelantan en el tiempo y abordan hechos contemporáneos, al menos los sugieren, inclusive hacen referencia a Peña Nieto (Rey Luis Enrique XVI) y a Mancera. Cuestionan la religión –“ser católico es una traición”– y sueñan, en ese ir y venir entre el pasado y el futuro, en que a la postre el hombre y la mujer serán iguales en derechos.

Hay que reconocerles a Las reinas chulas su producción, se esmeraron en la escenografía, música en vivo (piano), multimedia con imágenes de conocidos cómicos contando, eso sí, chistes pésimos; un vestuario en el que invirtieron mucho dinero. Cantos, bailes (can-can) e improvisación. Sorprende el debut, al menos su aparición, de la conductora de televisión Fernanda Tapia, quien en el escenario no tiene cabida, parece payaso en el sentido peyorativo. El resto del grupo son Cecilia Sotres, Marisol Gasé, Nora Huerta y la propia Ana Francis. Todas bien en este rubro del cabaret que dominan sin discusión alguna.

Las miserables se presenta en el foro ya citado de la UNAM, hasta el 10 de septiembre, los jueves y viernes a las 20:00, sábados 17:00 y domingos 18:00 horas.

HASTA LA CHINA FUERON A DAR MIS MECHAS CON EL VENTARRÓN (RECUENTO, DUDAS, SOSPECHAS, CONFESIONES)

Texto por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de Facebook de la actriz Zaide Silva

Hasta la china...Amos Oz, es llevado a escena a través de un monólogo cargado de humor blanco -al menos en la traducción al español- bajo el larguísimo título Hasta la China fueron a dar mis mechas con el ventarrón. El dramaturgo israelita -además novelista y periodista- llega al escenario mexicano precedido de varios importantes galardones como el Premio Israel de Literatura (1988), Premio Goethe de Literatura (2005) y, tal vez lo más relevante, nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura.

Ante tales antecedentes no estaría fuera de razón pensar en un acercamiento a su dramaturgia mediante un texto denso, complicado, inmerso en abstracciones filosóficas, metáforas, analogías. Todo lo contrario, un monólogo ágil, ameno, con varios momentos de hilaridad. Basado en el acontecer cotidiano de una mujer, Antonia, dejada o abandonada por su infiel esposo. En el fondo la protagonista nos lleva por un recuento de su intrascendente vida doméstica y sexual; la invaden las dudas, sospechas, confesiones, atrevimientos. La obsesiona por qué la abandono su cónyuge, si la amante de éste es más joven, si es delgada… todo lo que su imaginación y, sobre todo, su inseguridad puedan invadir su mente. Oz en realidad no profundiza en una disertación de carácter psicológico, es la vida de cualquier mujer en sus condiciones de ama de casa y objeto sexual. El susodicho le había propuesto lo acompañara a un viaje, ella se negó, se fue al salón de belleza a cortarse el cabello, en forma simultánea iniciaba su soledad. Claro, finge para sí misma que todo le importa poco, “de nada me sirve de quién se enamoró”. Si bien no tiene nada de malo vivir sola, Oz en forma sutil nos hace ver que ese estado se puede volver un tormento, no es fácil de asimilar. Una dramaturgia sencilla para tratar un tema complicado, el humor sirve de catarsis, por llamarlo así, el tratamiento hace digerible lo que podría indigestar a cualquier espectador.

Antonia se personifica en escena a través de Zaide Silvia Gutiérrez, actriz de primer nivel, con una capacidad actoral indiscutible; domina el monólogo, el personaje se desenvuelve en una dualidad: su mente sufre una pena, su cuerpo da la sensación de alegría, abandono por la libertad. Lo anterior Zaide lo concreta en forma digna de alabanza. Por cierto, comentario al margen, parece que nuestra actriz siente afinidad por el tema y el monólogo, recuerdo -si la memoria no me traiciona- que en 1994, bajo la dirección de Margarita Isabel, interpretó La mujer sola, de Darío Fo y Franka Rame, temática similar, no igual, en su esencia. En fin, da gusto verla y nos permita reconocerla y admirarla.

Otto Minera es el responsable de la dirección. Trazo idóneo, el movimiento corporal en varias ocasiones es coreográfico, las manos hablan, refuerzan las palabras. Jorge Kuri diseñó la escenografía, un espacio sugerente, la casa de Antonia, minimalista, poca utilería, todo queda bajo la responsabilidad de Zaira.

Hasta la China fueron a dar mis mechas con el ventarrón, por cierto, con tan largo título llama la atención que la puesta transcurra en escasos 60 minutos en el Foro La Gruta, del Centro Cultural Helénico (Ciudad de México), los miércoles a las 20:30 horas, hasta el 13 de diciembre.