Autor: Ignacio Velázquez

ALGO DE POESÍA

Texto por Ignacio Velázquez

Fuente: http://amediavoz.com/castellanos.htm

rosariocastellanosRosario Castellanos

Reseña biográfica

Poeta mexicana nacida en el Distrito Federal en 1925. Su infancia transcurrió en Chiapas y luego estudió Filosofía y Letras obteniendo una maestría en la UNAM. Practicó, con gran éxito, todos los géneros literarios, destacándose especialmente en su obra poética que la ha convertido en una de las más altas representantes de México en el último siglo. Obtuvo importantes reconocimientos, entre los que se destacan el Premio Xavier Villaurrutia 1961, Sor Juana Inés de la Cruz y el Premio Carlos Trouyet. Toda su obra está recopilada en el libro Poesía no eres tú. Falleció en Tel Aviv en 1974, cuando ocupaba el cargo de embajadora de su país ante el gobierno de Israel.

Ajedrez

Porque éramos amigos y a ratos, nos
amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados,
meditando encarnizadamente
como dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

Apelación al solitario

Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.

¿Cómo podrías estar solo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan,
hasta el amanecer?

Destierro

Hablábamos la lengua
de los dioses, pero era también nuestro silencio
igual al de las piedras.
Éramos el abrazo de amor en que se unían
el cielo con la tierra.

No, no estábamos solos.
Sabíamos el linaje de cada uno
y los nombres de todos.
Ay, y nos encontrábamos como las muchas ramas
de la ceiba se encuentran en el tronco.

No era como ahora
que parecemos aventadas nubes
o dispersadas hojas.
Estábamos entonces cerca, apretados, juntos.
No era como ahora

Los adioses

Quisimos aprender la despedida
y rompimos la alianza
que juntaba al amigo con la amiga.
Y alzamos la distancia
entre las amistades divididas.

Para aprender a irnos, caminamos.
Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,
los verdeantes prados.
miramos su hermosura
pero no nos quedamos.

 

ALGO DE POESÍA

Texto por Ignacio Velázquez

Fuente: http://amediavoz.com/pacheco.htm

jose emilio pachecojose emilio pacheco

José Emilio Pacheco. Reseña biográfica

Poeta y ensayista mexicano nacido en Ciudad de México en 1939.

Empezó a brillar desde muy joven en el panorama cultural mexicano, gracias a su dominio de las formas clásicas y modernas, y al enfoque universal de su poesía. Además de poeta y prosista, se ha consagrado también como eximio traductor, trabajando como director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Ha sido docente universitario e investigador al servicio de entidades gubernamentales.

Entre sus galardones se cuentan: Premio Nacional de Poesía, Premio Nacional de Periodismo Literario, Premio Xavier Villaurrutia, Premio Magda Donato, Premio José Asunción Silva en 1996, el Premio Octavio Paz en el año 2003, el Premio Federico García Lorca en 2005, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2004, la XVIII edición del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2009 y el Premio Cervantes en 2009.

De su obra poética se destacan: Los elementos de la noche en 1963, El reposo del fuego en 1966, No me preguntes cómo pasa el tiempo en 1969, Irás y no volverás en 1973, Islas a la deriva en 1976, Desde entonces en 1980, Trabajos en el mar en 1983 y El silencio de la luna, poemas de 1985-1996.

A quien pueda interesar

Que otros hagan aún

el gran poema

los libros unitarios

las rotundas

obras que sean espejo

de armonía

 

A mí sólo me importa

el testimonio

del momento que pasa

las palabras

que dicta en su fluir

el tiempo en vuelo

 

La poesía que busco

es como un diario

en donde no hay proyecto ni medida

 

Aceleración de la historia

Escribo unas palabras

y al mismo

ya dicen otra cosa

significan

una intención distinta

son ya dóciles

al Carbono 14

Criptogramas

de un pueblo remotísimo

que busca la escritura en tinieblas.

Alta traición

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

fortalezas,

una ciudad deshecha,

gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

-y tres o cuatro ríos.

 

Caverna

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

Pero la cueva preservó su entierro

Aquí están alineados

cada uno con su ofrenda

los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte

Aquí sabemos lo que sabe la muerte

La piedra le dio vida a esta muerte

La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto En esta cueva ni siquiera vive la muerte

 

ALGO DE POESÍA

Texto por Ignacio Velázquez

Iñaki Vela

Introvertido y extrovertido, iconoclasta, rebelde, visceral ante lo que le parece injusto, repudia a los políticos, eso es lo poco que se sabe de este “pobre escritor”, como se autodenomina él mismo. Se sabe que sus orígenes vienen de España, su obra es raquítica pero crítica y cuando es autocrítico más despiadado es, pero dice que no quiere a nadie como a su persona. Su obra no gusta a mucha gente a lo que siempre ha respondido que escribe solo por gusto, cuando se le ocurre, cuando tiene un chispazo, cuando se le antoja o cuando siente inspiración, y según sus palabras, eso no sucede con frecuencia, al fin y al cabo, dice que escribe para acabarse la tinta de una pluma vieja que tiene en su escritorio.

 

Se puso de moda

Un día desapareciste, sin más ni más

Así tenía que ser

Nunca supe quien eras, mucho menos quién eres

Soberbia siempre,

Desde que te conocí

Pero no era más que una capucha

Una máscara

Y desde que escribes, peor tantito

De un día a otro

Se formó un hueco entre nosotros

Al principio fue laguna

Y terminó en un océano obscuro

Lo que jamás podré olvidar son tus siempre, siempre, apetitosas nalgas

Con ellas me quedo, en la memoria y en el tacto

Por lo demás, solo silencio y soledad

Eso que entre la gente se puso de moda

 

Contrastes abismales

Era una mujer tan fea, pero tan fea…

No solo de cara, sino de modos

No solo de mente, sino de andrajos cutáneos también

Su madre burlona le puso el nombre de…

Se porto sarcástica la vieja

Sabía que su hija sería siempre fea

Tan fea, pero tan fea

De cara y de modos

Que le puso Flor

 

Brindis

Entre más te conozco

Menos te sé

Brindemos por eso

Con las copas en alto

Aunque la botella del vino

Esté vacía

ALGO DE POESÍA

Texto por Ignacio Velázquez

Foto de Yazmín Ortega Cortés

Periódico La Jornada. 3 de septiembre de 2017

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/09/03/cultura/a16n1vox

 

juan gelman

Juan Gelman (1930-2014)

Juan Gelman (1930-2014), un poeta ferozmente político, el Fondo de Cultura Económica acaba de publicar Otro mundo: antología 1956-2007. El autor, quien se definía como argen-mex, forjó un vasto universo literario, y tras el exilio huyendo de la dictadura en su país natal decidió permanecer en México.

Madrugada

Juegos del cielo mojan la madrugada de la ciudad violenta.

Ella respira por nosotros

Somos los que encendimos el amor para que dure,

para que sobreviva a toda soledad.

Hemos quemado el miedo, hemos mirado frente a frente al dolor

antes de merecer esta esperanza.

Hemos abierto las ventanas para darle mil rostros.

Lluvia

Hoy llueve mucho, mucho

y pareciera que están lavando el mundo,

mi vecino de al lado mira la lluvia

y piensa escribir una carta de amor/

una carta a la mujer que vive con él

y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él

y se parece a su sombra/

mi vecino nunca le dice palabras de amor a la mujer/

entra a la casa por la ventana y no por la puerta/

por una puerta se entra a muchos sitios/

al trabajo, al cuartel, a la cárcel,

a todos los edificios del mundo/

pero no al mundo/

ni a una mujer/ni al alma/

es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/

como hoy/que llueve mucho/

y me cuesta escribir la palabra amor/

porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/

y solo el alma sabe dónde las dos se encuentran/

y cuándo/y cómo/

pero el alma qué puede explicar/

por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/

palabras que naufragan/

palabras que no saben que hay sol porque nacen y mueren la misma noche en que

amó/

y dejan cartas en el pensamiento que él nunca escribirá/

como el silencio que hay entre dos rosas/

o como yo/que escribo palabras para volver

a mi vecino que mira la lluvia/

a la lluvia/

a mi corazón desterrado/

Saberes

Pasé junto al árbol que da flores blancas en invierno y supe

que moriré antes que él

En mi puerta el sol dora

pasados por venir

ALGO DE POESÍA

Por Ignacio Velázquez

Fuente; https://www.poemas-del-alma.com/delfina-acosta.htm

 

delfina acosta

Delfina Acosta es una poetisa, narradora y periodista de origen paraguayo, nacida en Asunción en 1956. En 1986 se editó su primer libro Todas las voces, mujer…, el cual le mereció el Primer Premio Amigos del Arte, además de considerarse una obra de referencia. Hasta ese momento, algunas de sus poesías se habían incluido en la publicación Poesía itinerante, dirigida por el Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero. Trabaja como columnista del diario ABC Color, a cargo de la crítica literaria de poetas y narradores paraguayos en el suplemento cultural. Entre sus poemarios publicados, encontramos La cruz del colibrí, cuyo prólogo fue redactado por la poetisa Gladys Carmagnola, Romancero de mi pueblo, ganador del segundo puesto del Premio Federico García Lorca, Versos esenciales, dedicado completamente a la memoria de Pablo Neruda, y Querido mío, premio Roque Gaona, muy bien recibido en su país.

Un día tú dijiste

Un día tú dijiste: soy feliz. La tienda azul del mar es mi camisa. Junté en mi percha todo de este mundo: el torso del océano y la brisa. Te fuiste a caminar alegremente por Chile entero dando Buenos días al vendedor de anzuelos y pescados, a la mujer inmóvil de la esquina, que abrió, feliz, sus ojos, al oírte, y abrió, también, de golpe, sus sombrillas, al sastre que lustraba un saco a cuadros, y a la virtuosa ronda de las niñas. Mas para ti no ha sido aquello mucho. Te diste a hablar también a las semillas de lo que luego fue un oscuro bosque, y aquel carbón del pobre vuelto chispa. Ah…, cuánto conversaste así Neruda. Qué alegre y corto se te puso el día. Y aún quisiste hablar con el silencio para escuchar el oro de su risa. Después de hacerse tarde regresaste a tu conciencia de una flor con firma. Cenaste. Te acostaste. Las estrellas en tu ventana, aguadas, sonreían.

  

El beso

Voy a contarte un cuento que otras saben. Las menos como tú jamás supieron. Era un juego de a dos pues se enfrentaban un rey hermoso y una reina a besos. Y érase que ella alegre se moría como última tecla en cada beso. Y él riendo tomaba con su boca un poco de su lengua y de su aliento. Pasó el verano bajo el puente chino, sopló el otoño y garuó el invierno, volvió la primavera y se marchó detrás de un par de niños aquel juego. Y érase esa mujer que aún lo amaba, y moría de pena, pero en serio. Y érase la tristeza en el ciprés la hora en que llovía en ese reino

Niño bello

En tu día de bodas, niño mío, arrancaré las flores de tu herida. Tu cutis sobre el mío hará caer del cielo en esa noche lozanía. Te limpiaré a la aurora con mi lengua y me odiarás fielmente cada día. Mi nombre harás rodar del río al mar. No le amarás aunque su amor le pidas a la mujer que dejará alargar por ti su cabellera de llovizna, y a la otra también, que trenzará sus bucles con malezas y gramillas. Deja niño que sea yo quien cause el mal irreparable en ti. Que digas que te he querido y que te quise más de lo que por quererte me querías

Costumbre perra

Si la hojarasca en niebla se convierte yo dejo la ventana y voy, amado, en busca de tus sábanas. Me acuesto con paños de mi fiebre en tu costado. Qué amor tan taciturno es este sueño: llegar ya tarde a noches de relámpagos, ya tarde a los ocasos, no morirnos cual árbol de oro viejo al pie de un astro. Mi sueño es solo un verso de crepúsculo, un lobo de ojos tristes reclinado sobre su mal pues se perdió en el bosque y el viento en sus oídos es engaño. Esta manera de quemarme el alma, este morirme sin haber sangrado, esta costumbre perra de quererte, este quedarme entera en tu costado.

ALGO DE POESÍA

Por Ignacio Velázquez

Fuente:  http://amediavoz.com/plath.htm

 

sylvia plath

Sylvia Plath

 

Poeta y ensayista norteamericana, nacida en Jamaica Plain, suburbio de Boston, Massachusetts, en 1932. Procedente de una familia de ascendencia alemana, mostró desde pequeña un gran talento para la poesía, escribiendo sus primeros poemas a la edad de ocho años. Sin embargo, muy pronto presentó un severo trastorno bipolar que la condujo al primer intento de suicidio antes de los diecisiete años. Sometida a un intenso tratamiento psiquiátrico, pudo graduarse con honores en 1955 en el prestigioso Smith College. Obtuvo una beca Fulbright para la Universidad de Cambridge, donde  continuó escribiendo poesía y conoció al poeta Ted Hughes, con quien se casó en 1956. Su menguada salud, sumada al divorcio en 1962, la llevaron a quitarse la vida un año después. Su obra fue reconocida posteriormente, gracias  al impulso recibido por parte de Hughes, quien se encargó de promoverla. Fue la primera poeta en recibir post-mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra.

 

Otoño de ranas

El verano envejece, madre fría,
y los insectos son raros y escuálidos.
En este hogar palustre solamente
graznamos, nos ajamos.

Las mañanas se van en somnolencia.
El sol tardíamente nos alumbra
entre cañas sin nervio. Moscas fáltanos.
El helecho se muere.

La helada hasta la araña envuelve.
Cierto que el dios de la abundancia
por aquí anda. Nuestra gente
adelgaza, da pena.

 

 

Metáforas

Adivíname: nueve sílabas
tengo, elefante, casa grande,
melón con solo dos tentáculos.
¡Oh fruta, marfil, leño fino!
Dinero nuevo en este bolso.
Soy medio, escena, vaca grávida.
Comí muchas manzanas verdes.
Del tren en que voy nadie baja

 

 

Temores

Esta pared blanca sobre la que el cielo hácese a sí mismo:
infinita, verdad, intocablemente intocable.
Los ángeles se bañan en ella, y las estrellas igualmente, en indiferencia también.
Mi medio son.
El sol se disuelve contra esa pared, desangrándose de sus luces.

Gris es la pared ahora, desgarrada y sangrienta.
¿Cómo salir de la mente?
Los pasos a mi zaga concéntranse en un pozo.
Este mundo carece de árboles y de pájaros,
solo hay agrura en él.

La pared roja no hace más que sobresaltarse:
un puño rojo se abre y se cierra,
dos papelosas bolsas grises:
he aquí mi materia, bueno: y terror también
a que llévenme entre cruces y una lluvia de lástimas.

Irreconocibles pájaros en una pared negra:
torciendo el cuello.
¡Esos sí que no hablan de inmortalidad!
Dos frías balas muertas se nos aproximan:
con mucha prisa vienen.

 

ALGO DE POESÍA

Por Ignacio Velázquez

Henri Michaux

Henri Michaux

El poeta y pintor francés Henri Michaux (1899–1984) influyó de manera determinante en la estética y el pensamiento de los poetas y artistas de nuestro tiempo. Desde sus primeros escritos en 1922 hasta sus grandes libros en los que aborda sus experiencias con las drogas entre 1956 y 1966, o en los últimos de tono más sosegado, su escritura se despliega en un torbellino de folletos y libros de artista, signo -si no síntoma- de la dispersión y fragmentación desesperadas que constituyeron su ritmo propio. Su estatura literaria nunca se vio disminuida por su carácter secreto, que acrecentó el enigma de su personalidad. Su correspondencia inédita, Donc c’est non (Así que no), con figuras intelectuales como el escritor Jean Paulhan o los editores Gaston y Claude Gallimard, y Jean–Jacques Pauvert, muestra su escritura implacable y exasperada, que se negaba a todo compromiso o complacencia.

Mi vida

Te vas sin mí, vida mía.

Ruedas.

Y yo todavía espero dar un paso.

Llevas la batalla hacia otra parte.

Me abandonas así.

Nunca te he seguido.

No veo claramente tus ofertas.

Lo poco que quiero, nunca lo traes.

A causa de esa falta, anhelo tanto.

Tantas cosas, casi el infinito…

A causa de ese poco que falta, que nunca traes.

 

Vejez
¡Noches! ¡Noches! ¡Cuántas noches para una sola mañana!
¡Islitas dispersas, cuerpos de fundición, costras!
¡Miles de nosotros se acuestan en la cama, fatal desenfreno!
Vejez, veladora, recuerdos: arena de la
melancolía.
¡Aparejos inútiles, lento desmontarse!
¡Así que ya nos echan!
¡A empujones! ¡Salir a empujones!
Plomo del descenso, con niebla a la espalda…
Y la pálida estela de no haber podido Saber

La muchacha de Budapest
Tomé sitio en la niebla tibia de un aliento de muchacha.
Me fui, no dejé mi sitio.
Sus brazos no pesan nada. Se los encuentra como el agua.

Lo marchito se esfuma en su presencia. Solo sus ojos quedan.
Largas y hermosas yerbas, flores largas y hermosas crecían en nuestro campo.
Obstáculo tan leve en mi pecho, cómo te apoyas ahora.
Te apoyas tanto, ahora que ya no estás.

 

Fuente 1; http://el-placard.blogspot.mx/2010/10/poemas-de-henri-michaux.html

Fuente 2; http://elfuegoylafabula.blogspot.mx/2012/02/poemas-de-henri-michaux.html

Fuente 3; http://sclaberinto.blogspot.mx/p/lectores-no-publicos.html

ALGO DE POESÍA

Texto por Ignacio Velázquez

Imagen de Internet

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2006/02/26/sem-cedeno.html

juan fulfo

José Cedeño

La poesía en Rulfo

Había una luna grande
en medio del mundo.
Se me perdían los ojos mirándote.
Los rayos de la luna
filtrándose sobre tu cara.

No me cansaba de ver
esa aparición que eras tú.

Suave,
restregada de luna;
tu boca abullonada,
humedecida,
irisada de estrellas;
tu cuerpo
transparentándose
en el agua de la noche.

¿No es la poesía el arte literario en donde el sonido y el ritmo se conjugan para emanar de ellos un sinnúmero de reflexiones y de imágenes? ¿Dónde radica esa diferencia entre el lenguaje cotidiano y el poético?

Jakobson ya hacía esta diferencia entre las funciones del lenguaje, y reconoce esa línea que divide el discurso poético del habla cotidiana: “la poesía es el lenguaje en su función estética”. Esa diferencia que radica, principalmente, en desdoblar el significado de las palabras, combinarlos, y emerger de ellos verdades ambiguas, incluso con interpretaciones personales.

Y aunque, normalmente, los narradores tienden a seguir la forma cotidiana de hablar para dedicarse solo a contar, existen casos extraordinarios que se niegan a despegarse de este redescubrimiento del lenguaje, en donde, al mismo tiempo, se aspira a jugar el juego de la música. Este es el caso de Juan Rulfo.

… Y la tierra es empinada.
Se desgaja por todos lados
En barrancas hondas,
De un fondo que se pierde
De tan lejano.

Dicen los de Luvina
Que de aquellas barrancas
Suben los sueños;
Pero yo
Lo único que vi subir fue el viento,
En tremolina,
como si allá abajo
lo tuvieran encañonado
en tubos de carrizo.

Partiendo de la premisa de que la poesía tiene el sonido y el ritmo como elementos fundamentales para su discurso, no podemos negar que esa es una de las riquezas de la voz de Rulfo. Él habla y en su discurso los sonidos y el ritmo fluyen autónomos para después convertirse en imágenes poéticas imborrables:

Cae una gota de agua,
grande, gorda,
haciendo un agujero en la tierra
y dejando una plasta
como la de un salivazo.

Cae sola.

Nosotros esperamos
a que sigan cayendo más.

No llueve.

El ritmo es, sin duda, ese gran motor en la narrativa de Rulfo. Recuerdo la primera lectura que hice de El llano en llamas y aún suenan como un tambor, sobre mis oídos, textos que no dejan de emitir sus pasos, que se desdoblan uno tras otro: palabras que sueñan con llegar a Talpa y no se detienen sino con la muerte de Tanilo (eso sí, recomiendo escuchar la versión de voz viva hecha por el propio Rulfo con ese acento serrano en busca de sobrevivir).

Algún día llegará la noche.
En eso pensábamos.
Llegará la noche
y nos pondremos a descansar.
Ahora se trata de cruzar el día,
de atravesarlo como sea
para correr del calor y del sol.
Después nos detendremos.
Después.
(…)

Ya descansaremos bien a bien
cuando estemos muertos.

O ese ritmo en Macario, en donde emergen frases una tras otra, semejando el salto de las ranas que Macario espera para darles muerte.

Las ranas son verdes
de todo a todo,
menos de la panza.
Los sapos son negros.
También los ojos
de mi madrina son negros.
Las ranas son buenas
para hacer de comer con ellas.
Los sapos no se comen;
pero yo me los he comido también,
aunque no se coman,
y saben igual a las ranas.

El uso ingenioso de los verbos que hace Rulfo, repitiéndolos frase tras frase, provocando un ostinato rítmico (en el caso anterior el verbo “ser” que da color a las ranas, a los sapos y a los ojos de Felipa, la madrina de Macario). Es como si Rulfo clavara los verbos a puñaladas hasta asegurarse que la sangre que se derrama los contiene:

Hay aire y sol,
hay nubes.
Allá arriba un cielo azul
y detrás de él
tal vez haya canciones;
tal vez mejores voces…
Hay esperanza, en suma.
Hay esperanza para nosotros,
contra nuestro pesar.

En este trozo de Pedro Páramo, Rulfo utiliza el “hay” como un verbo que termina convirtiéndose en un lamento, en un aye, en un ¡ay! Un lamento del que está hecha toda su obra: desde los lamentos venidos de los muertos hasta los que producen los vivos en busca de esta esperanza.

Es este ritmo que utiliza Rulfo, y que se combina con el encuentro de las imágenes y las metáforas, el que hace que los murmullos se conviertan en frases canoras en las que podemos descubrir, siempre que lo hagamos, una nueva lectura.

Sintió que su mano izquierda,
al querer levantarse,
caía muerta sobre sus rodillas;
pero no hizo caso de eso.
Estaba acostumbrado a ver morir
cada día
alguno de sus pedazos.
Vio cómo se sacudía el paraíso
dejando caer sus hojas:
“Todos escogen el mismo camino.
Todos se van.”

Es el final de Pedro Páramo y Rulfo deja caer primero la mano de Pedro Páramo, y enseguida amplía esa imagen a las hojas del paraíso que caen y entonces metaforiza esa caída para desdoblarla en una desesperanza universal.

Y es que allá
el tiempo es muy largo.
Nadie lleva las cuentas de las horas
ni a nadie le preocupa
cómo van amontonándose los años.
Los días comienzan y se acaban.
Luego viene la noche.
Solamente el día y la noche
hasta el día de la muerte,
que para ellos
es una esperanza.

ALGO DE POESÍA

Por Ignacio Velázquez

Fuente: http://amediavoz.com/un.htm

KO

koPoeta, novelista y ensayista coreano nacido en Gunsan en 1933. Procedente de una familia campesina; desde muy pequeño estudió los clásicos chinos y se interesó por el cultivo de la poesía. Durante su juventud, traumatizado por el ambiente de la guerra en su país, superó un intento de suicidio ingresando en la orden Budista, donde permaneció hasta 1962.

Su primera publicación importante, Cantos a la orilla del mar, fue publicada en 1966. La inestabilidad emocional, la afición al alcohol y la lucha infructuosa por los derechos humanos, lo llevaron a un nuevo intento de suicidio que sólo logró superar después de permanecer arrestado y contraer matrimonio a la edad de cincuenta años.

Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y ha recibido importantes premios entre los que se cuentan: El Premio Coreano de Literatura en 1974 y 1987, el Premio Manhae de Literatura en 1989, el Premio Sueco de Literatura para autores asiáticos en 2006 y el premio canadiense: Griffin Poetry Prize Lifetime, en 2008. Desde 1983 se trasladó a Anseong, Gyeonggi-do, Corea del Sur, donde aún vive.

Bajando de la montaña

Al mirar atrás
¡ah!
la montaña de la que desciendo
ha desaparecido.
En el lugar donde estoy
la brisa otoñal agita
indolente
la piel que mudó la serpiente

 

Bebé

Antes de tu nacimiento
antes que tu padre
antes que tu madre

tu balbuceo ya estaba ahí

 

En tu regazo

Un siglo en tu regazo
sin patria
sin amigos
sin camino que pueda emprender

Qué delirio, el territorio de la oscuridad

Reminiscencia

Durante decenas de años
esperé un copo de nieve
mi cuerpo que ardía como una brasa
se apagó

El canto de la cigarra
cesó

ALGO DE POESÍA

Por ignacio Velázquez

Fuente: http://amediavoz.com/torresbodet.htm

 jaime torres

Jaime Torres Bodet.- Reseña biográfica

Poeta y dramaturgo mexicano nacido en Ciudad de México en 1902. Desde muy joven mostró inclinación a la literatura. Inició sus estudios profesionales en la Escuela de Jurisprudencia y en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional de México donde se licenció en Filosofía y Letras. Gracias a su amplia trayectoria intelectual, mereció cargos importantes en el campo de la diplomacia y la literatura, tales como, Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, del Colegio Nacional, del Instituto de Francia y de la Academia del Mundo Latino. Doctor Honoris Causa de varias universidades y representante diplomático de su país en varios países europeos y americanos. Su obra poética se inició con «Fervor» en 1918, al que siguieron entre otros, «El corazón delirante» 1922, «La casa» en 1923,  «Poemas» 1924, «Biombo» en 1925, «Destierro» en 1930, «Cripta» en 1937, «Sonetos» en 1949, «Fronteras» en 1954, «Sin tregua» en 1957, «Trébol de cuatro hojas» en 1958 y «Obra poética» en 1967. Obtuvo en 1966 el Premio Nacional de Letras. Después de padecer una larga enfermedad, se quitó la vida en 1974.

 

Amor

Para escapar de ti
no bastan ya peldaños,
túneles, aviones,
teléfonos o barcos.
Todo lo que se va
con el hombre que escapa:
el silencio, la voz,
los trenes y los años,
no sirve para huir
de este recinto exacto
-sin horas ni reloj,
sin ventanas ni cuadros-
que a todas partes va
conmigo, cuando viajo.

Para escapar de ti
necesito un cansancio
nacido de ti misma:
una duda, un rencor,
la vergüenza de un llanto;
el miedo que me dio
-por ejemplo- poner
sobre tu frágil nombre
la forma impropia y dura
y brusca de mis labios…

Canción de las voces serenas

Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.

Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor.

Y se nos irá la aurora
en volver a esa canción,
en perseguir otra nube
y en deshojar otra flor.

Y se nos irá la vida
sin sentir otro rumor
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón…

La doble

                                                   Era de noche tan rubia
como de día morena.

Cambiaba, a cada momento
de color y de tristeza,
y en jugar a los reflejos
se le iba la existencia,
como al niño que, en el mar,
quiere pescar una estrella
y no la puede tocar
porque su mano la quiebra.

De noche, cuando cantaba,
olía su cabellera
a luz, como un despertar
de pájaros en la selva;
y si cantaba en el sol
se hacía su voz tan lenta,
tan íntima, tan opaca,
que apenas iluminaba
el sitio que, entre la hierba,
alumbra al amanecer
el brillo de una luciérnaga.

¡Era de noche tan rubia
y de día tan morena!

Suspiraba sin razón
en lo mejor de las fiestas,
y puesta frente a la dicha,
se equivocaba de puerta.

No se atrevía a escoger
entre el oro de la mies
y el oro de la hoja seca,
y -tal vez por eso- no
supe jamás entenderla,

porque de noche era rubia
y de mañana morena…