Categoría: Notas Nacionales

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FRACTALES (PERIPLO EN BUSCA DEL AMOR, LA AMISTAD Y LA CONCIENCIA)

FRACTALES (PERIPLO EN BUSCA DEL AMOR, LA AMISTAD Y LA CONCIENCIA)

Por Alejandro Laborie Elías

Fotografías de Ale Mostra

Ana Lucía Ramírez, Estefanía Ahumada y Luna Beltrán -egresadas de la Universidad Veracruzana- convierten el teatro en una delicia, en la expresión sublime del arte, dan una cátedra de cómo conjuntar la formación, la entrega y, obvio, el talento. Tres jóvenes quienes demuestran cómo a partir de la nada se puede llenar el escenario. Dominan lo serio y el humor, ambos elementos dan paso a un montaje inolvidable: Fractales.

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En forma conjunta se desdoblan, dan vida a Ana para conocerla y adentrarse en su niñez, adolescencia, su transcurrir sentimental y sus inquietudes para ser alguien en los mundos teatral y cinematográfico. Si en todos los montajes hubiera actrices y actores como este trío, el quehacer escénico no tendría parangón, sería el paraíso de los teatrófilos. Dominan las emociones de la protagonista, sea en lo individual en sus respectivas caracterizaciones o cuando interactúan las tres para ser una; además interpretan a otros personajes involucrados en la historia. Sus expresiones faciales y corporales son dignos de la mejor de las loas. Con ellas se concretiza el periplo en busca del amor, la amistad y la conciencia.

Ante lo antes expresado hay que reconocer el origen de esta odisea teatral a cargo de las muchachas, el cual emana de la pluma de Alejandro Ricaño, uno de los más destacados dramaturgos mexicanos en la actualidad. Un autor quien domina todos los géneros, inclusive, puede apartarse de ellos sin ningún problema, su creatividad se lo permite. Fractales es otra muestra de su inagotable imaginación. No está por demás aclarar el significado de la palabra con la que se intitula la obra: “figura geométrica que se repite hasta el infinito”. La definición adquiere sentido durante el desarrollo y cuando concluye el montaje.

Una vez que se cuenta con un magnífico texto, nada mejor para darle existencia teatral que un director creativo y con oficio, éste es Adrián Vázquez. Con un escenario desnudo, sólo unas cajas con cubierta transparente, en ocasiones iluminadas desde el suelo, crea una atmósfera donde conviven lo lúdico y lo conmovedor; un ritmo ágil, no hay segundo en que se pierda el interés, atrapa a los espectadores durante 70 minutos que transcurren en un abrir y cerrar de ojos. Su mayor logro, convertir a las tres actrices en un solo personaje y acompañantes, a Adrián también se le reconoce su virtud de vaciar el escenario y llenarlo sin parafernalia.

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La trama, en concreto, es: “Un viaje al universo personal de una joven actriz llamada Ana, quien sueña con ser extra en una película de Iñárritu, pero en cada casting al que asiste se vuelve un fracaso. Ana intentará desentrañar las razones de su imposibilidad de actuar, de crear, de sentir”.

Fractales, en una nueva temporada después de su éxito en La Gruta, se representa en el Foro Shakespeare (Ciudad de México): los miércoles a las 20:30 horas, del 3 al 31 de agosto; viernes 26 en el mismo horario; sábado 27 a las 19:00 y 21:00 horas, y domingo 28 de agosto a las 18:00 horas.

 

 

TRISTESSA (LA ESPERANZA Y EL HORROR DEL VACÍO)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página de la producción en facebook

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Un día atareado toda la mañana invadida por ocupaciones, por la tarde consulta con el médico, una hora y media de antesala, tiempo suficiente para leer dos textos dramáticos. Abandonar la clínica, opciones para rehabilitar la mente y el cuerpo, desde mi perspectiva acudir al teatro, hay una función de estreno. Con el tiempo en contra, sufro todos los ajetreos del Metro, llego diez minutos antes del inicio de la función, recojo mi cortesía, estoy en la mejor disposición para disfrutar una puesta en escena.

 

Triste mi suerte, sin aludir al título de la obra en cuestión TRISTESSA. LA ESPERANZA Y EL HORROR DEL VACÍO, versión extraída de la novela de Jack Kerouac, a cargo de Gibrán Valencia, también responsable de la iluminación y “dirección”. La esperanza se me evaporó desde el inicio, el horror del vacío durante todo el desarrollo. En verdad un montaje horroroso y vacío en más de un sentido, empezando porque no hay escenografía, una mesa de esas de tugurio, con sus dos respectivas sillas; un vestuario de miedo, en realidad más que personajes parecen payasos, sobre todo el hombre, ella arrabalera de callejón de algún barrio perdido, ni hablar los actores deben someterse a la voluntad y capricho de quien dirige. Al fondo del escenario, una mesa de trabajo, ahí está ubicado el equipo de sonido y la consola desde donde se opera una parte de la iluminación. Lo rescatable de la “propuesta” es la musicalización, temas originales y covers, responsabilidad de Leonel Martínez (diseño sonoro). Gibrán emplea un proyector para crear efectos de iluminación, en principio hay que reconocer su esfuerzo, mismo que echa por la borda, los espectadores instalados del lado izquierdo con relación al escenario, no ven, vamos ni se enteran de lo que acontece con una haz de luz azul, ésta refleja en la pared lateral las sobras de los actores, la “iluminación”, en términos generales, queda en la penumbra permanente.

 

Los supuestos temas van y vienen, palabras deshilvanadas, teatro del absurdo pareciera, en realidad es una versión de lo absurdo del teatro. Un tema central puede ser el viejo asunto de que la vida no es real… el impedimento de eludir el deseo… siempre está frente a uno. Seres viviendo en el inframundo, sus existencias no tienen sentido, esperar en el vacío existencial, sólo aletargado por los efectos de la morfina. Previo al ingreso del público a la sala, lo producción ofrece mezcal, al menos en la función de estreno, tal vez para aletargar los sentidos de los futuros torturados, en realidad deberían obsequiar morfina para estar a tono con los personajes. Texto denso, confuso, en ocasiones se reduce a “tonterías” en otros quiere ser filosófico, lo cierto es que la dirección se perdió, el contenido queda al margen de lo visual, trazo invadido por exabruptos absurdos, una “coreografía” interminable, sólo Valencia sabe lo que significa, se requiere de un experto en semiótica para adentrarse en la simbología pretendida.

 

Las víctimas, como suelo denominarlas, del “director” son Athena Alín y Rodolfo Jacuinde, el volantre publicitario los acredita como intérpretes, no se sabe de qué, pero ellos lo creen. Ni a cual ir de los dos, inexpresivos a pesar de sufrir algo parecido a los efectos de un ataque de epilepsia en escena, sobre todo en el caso del segundo, como dice la sabiduría popular: “lo que hay que hacer para comer”. En fin no hay más que decir, no tiene caso desperdiciar espacio y menos que los lectores pierdan su tiempo. TRISTESSA está en La Capilla (Coyoacán, Ciudad de México), los miércoles a las 20:00 horas.

TE MATARÉ, DERROTA (LA ESENCIA DE LA TRAGEDIA DEL EXILIO

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen tomada de la página del Facebook de Micaela Gramajo

 

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Son magníficos -texto y montaje-, son raros, hasta calificativos como eso no es teatro. Fueron los comentarios escuchados por mi parte. La curiosidad, el morbo si se quiere, me atosigaban, por diversas razones no había acudido a su representación. ¿De qué estamos hablando? TE MATARÉ, DERROTA, un tratamiento sobre la esencia de la tragedia del exilio. Desde mi particular perspectiva estamos frente a un teatro documental, éste a últimas fechas esta incrementándose en los escenarios nacionales.

 

Una familia polaca de origen judío se ve obligada a abandonar su país por el hambre y las enfermedades provocadas por la Primera Guerra Mundial (1914-1918). De 13 hijos sólo sobrevivieron cinco; tiene que volver a huir, exiliarse en Argentina por el antisemitismo imperante en Europa. El 22 de agosto de 1976 arriban a la República Mexicana, obvio algunos quedaron en el camino. El texto está inundado con datos relacionados con la desgracia de sus integrantes, vivencias por demás interesantes e inquietantes, sin embargo, se abusa de la genealogía hasta dejar en la deriva a la audiencia ante el magnemárum de parentescos. Si bien es un documental teatral, a pesar del tema no se pierde en el amarillismo, hechos duros, por desgracia reales. Un testimonio de existencia involuntaria, una forma de compartir desde la dramaturgia y la puesta en escena el infortunio de vivir -más bien de sobrevivir- en un país ajeno, tener la necesidad de expresarse en un idioma desconocido, asumir nuevas costumbres. De refilón se menciona si los judíos -israelitas- merecen consideración ante lo que están haciendo contra los palestinos. Hay toques de humor, como cuál es la diferencia entre un judío y una pizza: ésta no grita cuando entra al horno. Humor de lo más negro, pero al fin y al cabo humor. Esta necesidad, este apremio surge de la pluma de Micaela Gramajo, una de las protagonistas del texto.

 

Ella misma codirige junto con Bernardo Gamboa y Marco Norzagaray. El público accede al foro, es invitado a apreciar un pequeña exposición relacionada con el exilio de los Gramajo. Una escenografía mínima, una iluminación sencilla, un vestuario intrascendente. Un hablar pausado como si viniera de ultratumba, de almas muertas cuyas voces surgen de espectros ávidos por ser escuchados. Micaela lleva la mayor parte de la oralidad, de hecho inicia con un largo monólogo, narra para ubicar, explicar, al mismo tiempo externar no saber por qué aconteció esa desgracia a sus seres queridos. Retomando la entrada de la presente nota, queda en cada espectador determinar si la propuesta esmagníficia, rara o no es teatro. Por mi parte, es buen teatro en una de las diferentes modalidades contemporáneas.

 

Alberto Gramajo, Nicolás García Lieberman y Micaela Gramajo dan paso a los hechos reales en el escenario. Hay dramatismo, sin embargo, no se desgarran las vestiduras; actuaciones sobrias, secas, frías, acordes a la(s) historia(s). Conmueven, la palabra tiene un peso específico; casi no hay desplazamiento escénico. Hay una caja de cartón, el “regalito”, éste se utilizó para repartir volantes sin ser descubierto (Argentina), medio curioso porque mediante una detonación se distribuía la propaganda, en la escenificación explota realmente, claro fuera del foro y lejos de la gente. En la actualidad Alberto Gramajo, padre de Micaela, se encuentra delicado de salud e incapacitado para estar presente en la función, su voz se escucha a través de una grabación, parte de sus textos y su imagen se oyen y ven mediante una pantalla de televisión; digno de admiración, la magia del teatro y de la voluntad. estar sin estar.

 

Lamento mi asistencia hacia el final de la temporada, ofrezco una disculpa a Micaelea y a todo su equipo creativo. Al momento de redactar la presente queda una función, martes 2 de agosto a las 20:30 horas en La Gruta del Centro Cultural Helénico (Ciudad de México).

NORMAL, EL MUSICAL (AMOR, HOMOSEXUALISMO, JUDÍOS)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

 Imágenes de Normal, el musical (tomadas de la página de la producción en Facebook)

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La palabra normal por definición es lo que piensa y hace la mayoría de la gente, aunque no sea siempre lo correcto. Quienes se apartan de los convencionalismos sociales sencillamente es “anormal”, aun cuando sea por razones ajenas a su voluntad, ejemplo, los minusválidos.

 

NORMAL, es el título de un nuevo musical basado en tres temas fundamentales: el amor en todas sus manifestaciones, el homosexualismo y lesbianismo, y las tradiciones ortodoxas del judaísmo. Las anécdotas giran alrededor de tres parejas cuyos integrantes ven afectadas sus vidas ante las decisiones de apartarse de lo “normal” para lograr su felicidad y plenitud existencial.

 

Para las generaciones maduras asiduas al teatro es fácil recordar que desde los años sesenta hasta mediados de la década de los noventa del siglo XX, la comedia musical fue una de las preferidas de los habitantes de la Ciudad de México. Al frente de esas producciones que hicieron época, es indudable la importancia de Silvia Pinal y Manolo Fábregas, recintos engrandecidos con este género como el antiguo teatro Silvia Pinal y el Insurgentes, entre otros; obras como MAME, LA JAULA DE LAS LOCAS y VIOLINISTA EN EL TEJADO, EL DILUVIO QUE VIENE, por citar algunas de una interminable lista. Sin embargo, como todo, tuvo su momento y pasó a la historia, no a la extinción. ¿Por qué? Arribó OCESA al ambiente escénico, producciones millonarias (en dólares), acondicionamientos de espacios (por ejemplo el antiguo cine Orfeón), tecnología de punta, elencos conformados por numerosos actores, bailarines, música en vivo, respaldados por grandes equipos de creativos. Los productores mexicanos no tenían nada que hacer, ni remotamente forma de competir, frente a ese emporio.

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A partir de una idea original de Chely Martínez, dirección de Santiago Sáinz, libreto de los propios Chely y Rodrigo, y Quetza Arana, se presenta NORMAL, EL MUSICAL. Una puesta en escena digna, unas historias bien definidas, sin negar su desarrollo lineal, final predecible y feliz de todos los personajes, inclusive la conclusión raya en lo cursi y en la retórica.

 

Veintidós cuadros -inmersos -por curioso que parezca dado hay confrontaciones fuertes de opiniones y modos de ver la vida, en la alegría-. La música (varios compositores) es rica en modalidades, parte fundamental de la propuesta. Las coreografías (Laura Barrabés y Rodrigo Sáinz) muy sencillas, en algunos casos simples, eficaces y, se debe reconocer, vistosas, digamos cumplen con su cometido escénico. La escenografía también sencilla, muros en tonos blancos y una escalera; el proscenio como buena parte del escenario vacíos; la iluminación es lo más loable del montaje, ambas diseñadas por Tenzing Ortega.

 

El elenco lo encabeza Lupita Sandoval (una magnífica madre judía, ortodoxa, al final cede por la felicidad de sus hijos). Alfonso Soto, Adrián Pola, Christian Veac, Denisse Aragón, Habda Malacón, Lucía Huacuja y María José Bernal, entre otros.

 

Quienes quieran recordar cómo se hacía el teatro musical en México o las generaciones jóvenes conocerlo, la convocatoria es el el nuevo teatro Silvia Pinal (Ciudad de México).

 

LEÓN (EL BUENO PARA NADA)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Cartel promocional de León, el bueno para nada, bajo la dirección de Hugo Arrevillaga.

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El menospreciarse es una de las actitudes más nefastas para el desarrollo social de una persona, más alarmante y destructivo cuando el afectado es un niño. León es un pequeño inseguro, su hermano mayor es su apoyo, padece la irresponsabilidad de su madre, soporta las burlas y agresiones de sus compañeros escolares. Se crea la necesidad de suponer que ingiriendo tuercas y tornillos, y comprarse unas ruedas metálicas adquirirá la energía de un tren. En concreto, él mismo está convencido es un bueno para nada. A la postre descubre que la fuerza de carácter en más de alguno sólo es un caparazón, oculta la debilidad interior.

 

Por este camino existencial, psicológico, nos conduce el canadiense Francis Monty con su obra LEÓN, EL BUENO PARA NADA, pensada para un público juvenil, desde mi punto de vista está enfocada a los niños, de hecho, por momentos, da la sensación de tratarse de la narración de un cuento más que un texto dramático. Un monólogo, un actor, varios personajes, el mensaje es que no se puede madurar de golpe, en forma instantánea, las transformaciones llevan tiempo, por fortuna -o desgracia- la infancia se cura, todos de niños soñamos, anhelamos con ser adultos. La traducción, un docto en estos menesteres, es de Humberto Pérez Mortera.

 

Uno de nuestros grandes directores, Hugo Arrevillaga, lleva a escena la intención de la toma de conciencia para no subestimarse. Nuevamente muestra su gran capacidad creativa, es un director que parte de la “sencillez” para alcanzar propuestas inolvidables. Su imaginación lo lleva a emplear escenografías nada ostentosas y el peso de la puesta recae en el actor, recordemos se trata de un monólogo. Hugo es un pilar de la renovación, de la revitalidad del teatro mexicano contemporáneo.

 

Leonardo Zamudio es León, Esteban (hermano mayor) y la madre. Muy buenas caracterizaciones, ligeros cambios de voz y actitudes; lleva al espectador de la compasión a la admiración. Naturalidad es en concreto lo transmitido, como si el protagonista hubiera sido inspirado por él.

 

Una producción ideal para niños, jóvenes y adultos, fondo y forma van de la mano, LEÓN, EL BUENO PARA NADA, está en temporada en La Capilla (Coyoacán, Ciudad de México), los sábados a las 12:30 horas, hasta el 27 de agosto.

LA BELLEZA (RELACIÓN PERVERSA, UNA PASIÓN DE AMOR)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imágenes de Internet

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La belleza se entiende en términos generales como el conjunto de cualidades cuya contemplación produce deleite. Sin embargo, es un concepto subjetivo, lo que ayer fue bello hoy ya no lo es y viceversa, lo que para unos es atractivo para otros no, inclusive está condicionada por la moda, en cada época ha sido diferente su apreciación. Ahora bien, ¿puede producir deleite, en el sentido de la definición, lo que para la mayoría sería fealdad? En esta disyuntiva nos involucra David Olguín -autor y director- en su más reciente propuesta dramatúrgica bajo el título LA BELLEZA.

 

El texto cuenta la historia de Julia Pastrana, una sinaloense nacida en el siglo XIX, quien padecía el síndrome de hipertricosis lanuginosa, esto es, el cuerpo cubierto de pelo. Una compleja relación de Pastrana con su propietario, Theodor W. Lent, un empresario circense del sur de los Estados Unidos. La obra profundiza en una relación entrañable, perversa, una pasión de amor. (Sinopsis de la programación de julio de la Coordinación Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes). Hay una rara, sorprendente simbiosis entre ambos personajes, el amo se siente atraído sentimentalmente por la “simio”, de igual forma ve en ella un interés económico, exhibirla explotando el morbo de la gente. A tal grado llega la relación que cuando Julia le comunica a Theo su embarazo y le externa su temor de heredar el síndrome, el segundo siente aún más alegría. Hay más, lo dejamos hasta aquí para despertar el interés entre los posibles asistentes a su representación.

 

La mancuerna de varias aventuras teatrales conformada por David Olguín y Gabrie Pascal (escenografía e iluminación) conjugan sus dones artísticos, crean un espacio para dar paso al teatro en el teatro. La obra es complicada, profunda, evoca la imaginación y la reflexión, a pesar de ello David nos adentra en lo humano, inclusive se vale de lo poético. No menos poética es la propuesta de Gabriel, un mundo escénico para enmarcar la “contradicción” vivida por los personajes. Si David es un gran dramaturgo, no menos es su capacidad como director, es de los pocos que pueden asumir sus propios textos y no traicionarse, por el contrario enaltecerlos como en este caso, la estética literaria y el montaje por delante.

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La corona de la puesta la lleva una reina del teatro, Laura Almela, una de las mejores actrices de nuestro país, David optó en el sentido de que el papel masculino lo hiciera una mujer, Laura, y viceversa, Mauricio Pimentel es la desafortunada bestia peluda. Por fortuna los involucrados están muy bien caracterizados, no hay joterías o actitudes marimachas. Un excelente trabajo de ambos actores, acompañados por Rodrigo Espinosa (varios roles).

 

Esta historia perversa y apasionada se lleva a cabo en el teatro El Galeón (Ciudad de México), jueves y viernes a las 20:00, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas, hasta el 21 de agosto.

EN CASA EN EL ZOO (EL TALENTO DE EDWARD ALBEE)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

 Imagen de Ítari Marta tomada de la página de Facebook del Foro Shakespeare

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Un hombre (Peter) con una vida tranquila, realizado como persona, felizmente casado, padre de dos hijas, buena posición económica es obligado a meditar por su esposa (Ann) sobre su forma de hacer el amor; más tarde por un desconocido (Jerry) un encuentro casual con éste, tiene una confrontación por una banca del parque, sin antes un intercambio de ideas; ambos, esposa y desconocido, cambiarán toda su perspectiva existencial y se verá involucrado en…

Este personaje (Peter) surgió de la genialidad de Edward Albee, catalogado como el dramaturgo vivo más representativo de los Estados Unidos. En su origen, bajo el título EL CUENTO DEL ZOOLÓGICO (1958), narra el encuentro de dos personajes con diferentes idiosincrasias, formas de ver la vida, esto a fin de cuentas los lleva a entablar una polémica, centrada, en forma sutil, por momentos velada en otras abierta, digamos en el subtexto, sobre la desigualdad social y la deshumanización. Interesante ignorar en aquellos años y muchos después por qué Peter en vez de alejarse, escucha e intercambia posiciones con Jerry.

 

En 204, Albee escribió una presecuela intitulada HOMELIFE. esta segunda parte se convirtió en el primer acto y la concebida en 1958 en el segundo. En conjunto ahora se les identifica como EN CASA EN EL ZOO, donde los protagonistas enfrentan situaciones límite, al borde de la demencia, juego de ideas, temas van y vienen, se adentran en el absurdo. El texto de Albee, reunidas las dos partes, se presenta por primera vez en México, bajo la producción del Foro Shakespeare. Comedia negra, Peter salta del mundo civilizado al de la barbarie. Cabe comentar, el dramaturgo agrega un personaje en la precuela, Ann, la esposa.

 

La traducción y dirección son de Víctor Weinstock, cercano en forma personal con el autor, muestra una amplia identificación con la obra, una propuesta que permite a los personajes violentarse, tranquilizarse, tomar aire y reiniciar la lucha bestial, producto de la naturaleza animal del ser humano. Víctor forma parte, al menos en este caso, de los directores que saben la importancia de la palabra, pero ésta no sería nada o no tendría ningún valor sin la emotividad, él lo sabe y conduce a sus actores por ese puente que no permite los exabruptos sino la necesidad de caracteres fuertes y débiles en forma casi simultánea. Opta, en el primer acto, por un espacio íntimo, elegante y sobrio, las paredes en colocadas en forma triangular con relación a la audiencia, unos cuantos muebles; el espacio se abre para dar paso al parque en el segundo acto, sin embargo la acción tiene desplazamientos reducidos, lo cual favorece el montaje, el movimiento no se convierte en un distractor. El diseño de escenografía es de Patricia Gutiérrez y el vestuario -alusivo a los años setenta del siglo XX- de Adriana Pérez.

 

Ahora bien, quiénes encarnan a estos entes que se desenvuelven entre arenas movedizas y tierra firme: Ítari Marta, Odiseo Bichir, y Bruno Bichir. Excelente conjugación, cada uno embona con el texto, con la psique de los seres aprehendidos en el escenario, sus actuaciones se agradecen, permanecen en el recuerdo. En particular da gusto el caso de Bruno, se apartó del “hombre simpatías” y asume con toda seriedad a Jerry. Odiseo es apto para cualquier género, sin embargo, los roles de carácter se le dan en forma natural como en esta ocasión, gran participación en los dos actos. Ítari en lo mejor de su trabajo escénico y, comentario al margen, muy guapa en su caracterización.

 

EN CASA EN EL ZOO se representa en el Foro Shakespeare, foro principal (Ciudad de México), viernes 20:30, sábados 20:00 y domingos 18:00 horas.

EL LÍQUIDO TÁCTIL (OBRA OBSCENA, PERVERSA, EXTRAÑA Y MISTERIOSA)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Cartel promocional y foto del facebook

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El argentino Veronese es sin la menor duda un innovador del teatro contemporáneo, tanto como autor y director, apartado de las reglas, su dramaturgia no es fácil, en ocasiones es irreverente, lo cierto es un creador propositivo, no teme arriesgar, tiene el valor para enfrentar cualquier reto, inclusive los que él mismo se impone. La compañía Los Endebles, bajo la dirección de Boris Schoemann, lleva al escenario EL LÍQUIDO TÁCTIL, obra considerada por éste como “obscena, perversa, extraña y misteriosa”.

 

Adjetivos perfectos para definir el texto. No hay propiamente una historia, por tanto no hay en esencia un hilo conductor claro, objetivo, preciso. Dos hermanos y la esposa de uno de ellos reunidos en un jardín, degustando cervezas, cada uno con su tema, hablan defendiendo posturas y gustos, los diálogos se entrecruzan por momentos, a fuerza de insistir, cada uno va por su cuenta, obvio hay desavenencias, ataques de histeria, los traumas salen a flote, envidias, justificaciones, encuentros y desencuentros emocionales.

 

A la postre hay temas en los que se hace énfasis, en apariencia en forma deshilvanada, se requiere concentración para llegar al fondo, el subtexto es más importante que el texto. Veronese “juega” con el espectador, incluso lo hace cómplice y lo obliga a reír. Los tópicos abordados son Chejov, el teatro y el cine, los perros, el cigarro… Cada uno de estos se convierte en obsesión para los integrantes del triángulo, hay argumentos para atacar y defender, duelo de desquiciados. El autor vuelve a hacer de las suyas para bien o para mal, queda en los asistentes asumir la postura que desee o pueda discernir.

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Boris, fundador y director de Los Endebles -compañía que está celebrando 16 años de existencia- infunde su toque personal a partir de la importancia de las ideas y deja bajo la responsabilidad del elenco tocar la sensibilidad del público.Una escenografía realista y sobria, el mínimo indispensable para recrear el lugar del encuentro. Es un buen director, desde su arribo a nuestro país lo ha demostrado al frente de innumerables montajes, nuevamente lo confirma, tal vez el único pero en su trayectoria en México es su tendencia por llevar a escena dramaturgos extranjeros, fundamentalmente franco parlantes, al mismo tiempo hay que reconocerle que esta preferencia nos ha permitido acercarnos a autores de otras latitudes lo cual se le agradece.

 

Gabriela Zas Montero, Jorge Chávez caballero y Daniel Bretón reciben la oportunidad de la compañía y su director, estos últimos tienen importantes logros en su ya considerable existencia. Los tres responden a las exigencias de la puesta y retos del dramaturgo, asumen el ritmo pausado, los silencios marcados, salen avantes de la reunión forzosa y la incomodidad que conlleva. Plenamente enlazados, hay trabajo de conjunto a pesar de las individualidades propias de cada uno. Cabe destacar lo hecho por Gabriela, tiene escenas dignas de reconocimiento, tiene cambios de estado de ánimo impresionantes, en cierto sentido es la razón de ser actoralmente hablando. Hay un cuarto participante, su presencia es de segundos, da vida a Titán, un perro, lleva una máscara y apoyado en sus movimientos corporales, el can es una realidad.

 

EL LÍQUIDO TÁCTIL se representará durante lo que resta del presenta año, los domingos a las 18:00 horas, en La Capilla (Coyoacán, Ciudad de México).

 

EL DIPUTADO (TRANSGREDIR LA LEY, PAGAR LAS CONSECUENCIAS)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imágenes de El Diputado

El diputado

Los estudiosos de las ciencias sociales -juristas, antropólogos, psicólogos, filósofos, sociólogos…- si no todos, una mayoría considera a la pobreza y a la necesidad como causas de la delincuencia, personas que toman caminos equivocados con la finalidad de llevar el pan a sus familias, desamparados asumen decisiones que transgreden la ley, el resultado es pagar – con la privación de la libertad- su conducta delictiva y demás consecuencias como la afectación a cónyuges, hijos y demás seres allegados.

 

Chucky -protagonista de EL DIPUTADO, de Edelberto Pilo Galindo- es un modesto empleado en un bar, eso por las noches, además descarga trailers en largas jornadas por el día. Sus miserables ingresos y ante la necesidad urde -ingenuamente- el secuestro de un licenciado, cliente asiduo del tugurio. Actúa de “buena fe”, aspira a obtener un rescate de 50 mil pesos, está dispuesto a hacer una rebaja con tal de cubrir sus deudas. Ignora que el susodicho licenciado a la postre resulta ser un diputado federal. Se inicia una relación “rara” entre víctima y victimario, hay varias vueltas de tuercas, varios supuestos implicados cuando todo ha sido planeado en forma individual, tortura a los cercanos, un final inesperado. La necesidad y la ingenuidad fatal combinación para iniciarse como secuestrador.

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La dramaturgia transita por varios géneros, una estructura oscilante en diferentes tiempos y tres lugares, atrayente, bien escrita, mejor desarrollada, a pesar de la temática abunda el humor, en gran parte éste fluye de la inocencia de Chucky. En un momento dado pareciera el dramaturgo se desvía del fondo principal para entrar en un discurso sobre el quehacer de los diputados, las cifras ofensivas de sus emolumentos, su función en la aprobación de las leyes, sobre el oficio político y el hecho de alcanzar el poder. Sin embargo, cerca del final se entiende el por qué de este tema paralelo, si no justificación si explicación del proceder de Chucky. Hay “largos” monólogos para ubicar hechos y personajes basados en rompimientos escénicos.

 

Uriel Bravo, al frente de integrantes de Avatares Compañía Teatral, con sede en la ciudad de Querétaro, toma la batuta, da forma a la trama. Acertado cómo guía a su elenco, esto es, explota sus cualidades y aminora su deficiencias, el conjunto es por demás heterogéneo, mientras unos sobresalen otros deberían abandonar el teatro. El trazo es sucio, las entradas, sobre todo las salidas en las diferentes escenas son forzadas y a destiempo. El espacio es mal aprovechado, una barra -la del bar- va de una posición lateral -pasiva- al proscenio, cuando se podría “dividir” el escenario en dos secciones y con la iluminación ubicar el tugurio y el sitio donde permanece confinado el secuestrado. La escenografía es lamentable, la citada barra no alcanza ni el calificativo de artesanal, “decorada” con unos papelajos de quinto patio, su desplazamiento sobre una plataforma con rueditas, apenas como para transportar verduras en un mercado. La iluminación sencilla, aceptable.

 

Los miembros de Avatares en esta propuesta queretana son: Manuel Gómez Becerril, Manuel Puente, Cecilia Navarro, Bernardo Lira y Rafael Ramírez. Manuel Gómez, extraordinario, un deleite su personaje, no es fácil caracterizar a un ingenuo, siempre el riesgo de cruzar la línea que conlleva a la estupidez, por fortuna el actor se queda del lado que el protagónico exige; posee naturalidad, bis cómica en el buen sentido del término, un gozo su participación, es el alma del montaje. En contraparte, Rafael Ramírez una decepción, un gay con una jotería falsa, rebuscada, cae en el estereotipo para este tipo de personajes, no aporta nada, por el contrario sus escenas deslucen la totalidad del montaje.

 

Avatares Compañía Teatral presentó una función única en el Foro Contigo América de EL DIPUTADO, nos brindó la oportunidad de adentrarnos en lo que se está llevando a cabo en la vecina entidad, ojalá que como este grupo nos visiten más en la Ciudad de México.

 

ADIÓS MARINEROS (EXCESO DE NARRACIÓN)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Crédito fotografías: Ale Mostra

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Una de las características de un texto dramático -la excepción los ahora llamados unipersonales- son los diálogos, esto es, dos o más personajes intercambian o alternan parlamentos. Es válido que un actor quede solo en el escenario, exprese ideas o pensamientos para sí mismo, en otros casos rompimientos para que un narrador se dirija directamente al público para ubicar personajes, hechos, fechas… Gibrán Portela, a través de ADIÓS MARINEROS, ADIÓS MONSTRUOS DEL MAR, lleva al exceso, al abuso despiadado la narración, obvio los diálogos son excepcionales, tres actrices explicando cada escena, contando todo, a tal grado, de no ser por el ritmo acelerado del montaje, conllevaría al aburrimiento y perderse entre tanta palabrería.

 

Dos historias en una, en apariencia o en principio, nada que ver una con la otra, inclusive desconcertante el planteamiento, desarrollo, por tanto la estructura. En una se habla sobre un capitán de navío quien prometió no volver a pisar tierra, de entrada se desconoce el motivo. En la otra una mujer solicita los servicios de un detective privado para seguir al marido, un conocido miembro de la comunidad, nada más y nada menos que Baldor, sí ese que nos trae a la memoria el famoso libro de álgebra. La trama es confusa de inicio, se va aclarando a medida que transcurre la obra y se entrecruzan lo que parecía no tenía ninguna relación. Asesinatos, misterios, encrucijadas. Un puerto rodeado por la neblina, alrededor un mar que no se ve ni se oye, donde habitan monstruos quienes pueden arrasar con todo; monstruos que bien pueden ser los demonios que asolan al capitán en su interior, no pisar tierra igual a evadir la realidad, los habitantes del puerto espectros en busca de su liberación. Claro, todo lo anterior es mi interpretación, igual estoy errado de principio a fin.

 

La dirección de Ricardo Rodríguez es una concepción “rara”. El capitán y su tripulación en un mundo “mítico”, los habitantes del puerto salidos de una película estadounidense de las décadas de los años 30 o 40 del siglo XX, desde el tonito como la velocidad con la que hablan los personajes; en forma lamentable a la larga torturante el alto volumen de voz, éste queda atrapado en los gritos. Por otra parte, Auda Caraza y Atenea Chávez proponen una escenografía que sólo ellas saben qué es o lo que pretende simbolizar, a mí no me transmitió nada sólo confusión. Jesús Hernández, iluminación, por largos periodos lanza la luz directo a los espectadores, hecho por demás molesto y lo que debería ser visible se convierte en invisible. Hablando de lo invisible, las intérpretes “manipulan” diferentes objetos que no están en escena, acertado el concepto, en realidad estamos frente a pantomima.

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Tres entusiastas muchachas, voluntariosas, entregadas, con el vigor de la juventud, entrega total, ritmo vertiginoso, van y vienen, mueven las estructuras escenográficas, muchos personajes desfilan ante la audiencia, la dirección les impone un fuerte desgaste físico y emocional. Respeto por su motivación a Verónica Bravo, Teté Espinoza y Rebeca Trejo.

 

ADIÓS MARINEROS, ADIÓS MONSTRUOS DEL MAR tiene lugar en el Foro Shakespeare (Foro Urgente 2), Ciudad de México, hasta el 22 de agosto, los lunes a las 20:30 horas.