Categoría: Notas Nacionales

Espacio para notas a nivel nacional

MAMÁ POR SIEMPRE (OFELIA MEDINA Y MANUEL OJEDA: IMPRESIONANTES)

MAMÁ POR SIEMPRE (OFELIA MEDINA Y MANUEL OJEDA: IMPRESIONANTES)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotos de Ale Mostra

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Nada comparable como gozar de una obra de teatro, más cuando se puede considerar lo más cercano a la perfección del arte, que implica esta expresión artística y estética. Protagonizada por Ofelia Medina y Manuel Ojeda, ambos impresionantes, reúnen su experiencia y talento para dar una cátedra actoral, sobre todo, el segundo, cuando caracteriza a un niño de 11 años de edad, uno “ve” al pequeño, su voz modulada para no hacerlo parecer un bobo como ocurre frecuentemente, logra esa maravilla de que el espectador vea lo que  no está en el escenario en términos reales. Los dos bajo la batuta del argentino Manuel González Gil. El texto, Mamá por siempre, del canadiense Michael Tremblay, dramaturgo llevado a escena continuamente en la Ciudad de México.

Un dramaturgo, director y actor, escribe, dirige y actúa una obra donde la protagonista es su propia madre. Recorre varias etapas de la vida de él mismo: 11, 14, 18, 21, 35 años de edad. Obvio, hay una evolución por parte de cada uno de ellos, en la relación entre los dos y las situaciones que los rodean. Una madre -se deduce del título- posesiva, obsesiva, dominante, castrante… influye en torno al devenir de su hijo, sin embargo, hay, por parte de la primera, un gran amor hacia el segundo y viceversa. En cada etapa se abordan diferentes temas, algunos parecieran triviales, sin embargo, a la postre contiene una buena dosis de profundidad, lo cotidiano conlleva a la reflexión: disertaciones alrededor de una novela, charlas sobre el teatro, por qué a los 21 años el muchacho regresa a su hogar a altas horas de la noche y por qué él se convirtió en dramaturgo; los momentos cuando ella está en la antesala de la partida final. Pequeños rompimientos en los que Miguel se dirige directamente al público para explicar a los espectadores… sobre Ana -la madre-, en verdad un deleite de diálogos, cautivan, emocionan; en reencuentro ficticio que sólo la magia del teatro puede lograr, el encuentro en un mismo lugar con quien ha partido y quien le sobrevive, con la ventaja de traer a la madre cada noche, cada función, todo emanado del amor que lo liga con ella por siempre.

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Si Ofelia y Manuel están impresionantes, el mismo calificativo merece Manuel González Gil. Le imprime un ritmo imposible de describir con palabras, un tono envolvente, hipnótico, cada escena posee su propia esencia, nos conduce por una odisea onírica, teatro en el teatro; no es un teatro de arte es el arte del teatro. Increíble como guía a sus actores, aprovecha de ellos lo que son: dos monstruos, dos pilares del teatro nacional. Tiene la habilidad de convertir en protagonistas: sentimientos y sensaciones como el dolor, la angustia, la alegría, la despedida inevitable. Dan deseos de verla por segunda ocasión, la razón, Laura Flores alterna con Ofelia Medina -que paquetote para ésta- en el personaje de Ana, mismo que inicialmente interpretara Rebeca Jones.

No creo exagerar, una de las mejores propuesta vista en mi vida, si lo hago sería sólo por la impresión tan grata que me provocaron estos histriones y el director, bajo la producción de Sergio Gabriel. Sin escenografía, tan sólo unos practicables (cubos y prismas que se convierten en lo que se requiera); un ciclorama enriquecedor, con sólo cambiar el color de la iluminación, un vestuario cotidiano y sencillo, salvo una escena donde Ana está elegantísima y una gran musicalización. El equipo creativo lo conforman: Martín Bianchedi, Flor María Inés, Melissa Bernstein, Manuel González Gil y Alfredo Gutiérrez, entre otros.

La temporada se lleva a cabo en el Teatro Wilberto Cantón -por increíble que parezca, porque este espacio se especializa en bodrios- de jueves a domingo.

 

 

LULÚ (LA DERROTA DE UNA TRIUNFADORA)

LULÚ (LA DERROTA DE UNA TRIUNFADORA)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imágenes  Facebook de LItzhel Razo

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Una niña de 12 años de edad es atrapada cuando intenta robar un reloj; la víctima en vez de denunciarla la adopta, la manda a la escuela, tiene todo en la vida; su protector, hombre solvente económicamente, se convierte en su amante. Sin embargo, la casa en dos ocasiones –con un doctor y un pintor- queda viuda en ambos casos, uno fallece de un infarto, el otro se suicida al conocer su vida de prostitución y la infidelidad de ella. Después de tener todo, cae en la desgracia por…, su destino vitalicio… Es la derrota de la triunfadora.

Esto es en síntesis la temática de la adaptación de Itzhel Razo de Lulú: el espíritu de la tierra, de Frank Wedekind. Un texto de gran manufactura, más el sublime sentimiento del ser humano, el amor, enfrentado a los más bajos y degradantes instintos; una mujer, quien no puede ser Dios pero puede ser el diablo; una modelo y bailarina de tango capaz de inspirar frases como: “cada vez que te miro, es como si fuera la primera vez, todo lo demás se desvanece”. Itzhel captura la esencia de cada uno de los personajes, va hasta lo más profundo de su ser, viola su intimidad, provoca compasión y desprecio, todo desde una dramaturgia inteligente, propositiva, adentrada en lo humano.

Ella misma es codirectora al lado de David Hevia. Acertada, pulcra, con un ritmo pausado, hacen énfasis en los momentos pasionales y violentos, marcan la psicología de cada personaje. Un cubo, una estructura si se quiere, por escenografía, simboliza el encierro de esos seres vacíos existencialmente, iluminado en forma fundamental con luz neón; vestuario híbrido, intemporal, ellos de oscuro, Lulú un vestido rojo, se puede interpretar el color como símbolo de violencia, de sangre, de muerte, de tortura. El pero en la codirección, una chelista en escena quien parece un adorno, sus intervenciones son mínimas por no decir nulas, un verdadero desperdicio, la mayor parte de la musicalización es grabada.

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Lamentablemente, ante un buen texto y una buena codirección, las actuaciones no están a la altura; hay entrega, deseo, mismo que a la postre no fructifican, unos la libran, otros deprimentes. Esta obra con otro elenco -de actores- sería un deleite, mientras tanto, es sólo un intento desde el punto de vista actoral. Ante la anterior observación no viene al caso mencionar sus nombres, no se trata de fastidiar.

Lulú se presenta en Un teatro (Nuevo León 46, Col. Hipódromo Condesa, Ciudad de México), hasta el 7 de agosto; los sábados a las 21:00 y domingos a las 19:00 horas.

 

 

JUGUETES BAJO LA TIERRA

JUGUETES BAJO LA TIERRA

Texto y fotos por Eugenia Galeano Inclán

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Es tan amplia la oferta teatral en la Ciudad de México que no sólo es imposible cubrir la cartelera entera, sino que tampoco conocemos todos los teatros y, mucho menos, los foros alternativos que existen. En esta ocasión la obra de la cual hablaremos se presenta en uno de esos foros, digamos “desconocidos”, el Sótano foro, localizado en el subsuelo de un templo.

La compañía Teatro en circuito fue fundada por Jorge Santoro e Israel Ugalde con el propósito de presentar obras con impacto y verdad, para lo cual se han dado a la tarea de crear historias abordando temas de aquello que preocupa a la sociedad. Su objetivo es exponer, por medio del arte teatral, diversas temáticas sin afán de politizar, juzgar ni criticar, dejando que cada quien forje su opinión al respecto. Desde luego, tendrán mucha tela de donde cortar: desaparecidos, secuestros, narcotráfico, robos, trata de blancas, feminicidios, venta de órganos, homofobia, impunidad. Lamentablemente, todo esto forma parte de nuestra actualidad, aun cuando quisiéramos escuchar otro tipo de noticias.

Las narrativas parten de la ficción, pero están escritas para reflejar sucesos reales. Es así como surge Juguetes bajo la tierra, un texto de la autoría de Is Ugalde. Se trata de cinco historias: A Oscuras, Mónica, Julia, Aldana y El Perdón, que se van entrelazando durante la representación. El autor nos presenta un prisma pentagonal de donde afloran cinco puntos de vista diferentes. Mediante los parlamentos, los personajes dan a conocer lo que sienten y piensan.

Se brinda al espectador la oportunidad de escuchar a chicas que han sido cazadas como presas, sólo porque tuvieron la mala suerte de toparse con un malhechor en el momento menos esperado, cuando caminaban solas por la calle. Se encuentran en plena oscuridad, atadas de manos y piernas con los ojos vendados, a merced de lo que quieran hacer con ellas. Por lo que alcanzan a oír, saben que al principio serán tratadas como “juguetes”, para satisfacer los bajos instintos de alguien sin escrúpulos. Mónica es una joven disminuida, a punto de ser ultimada. Ha perdido todo, excepto su fe. Tratará de dar batalla. Julia (o Julio) es un transexual con una doble vida, trabaja de mesera e imitadora, pero también forma parte de una red de venta de órganos. Acalla su conciencia, pensando que lo hace por el bien de su familia. El detective Aldana da un claro ejemplo de la burocracia. Distante, deshumanizado, no le falta capacidad, sino voluntad para encontrar solución a los casos que atiende. El señor Flores es conducido por una médico forense a una plancha, a fin de que identifique el cuerpo. Él se quiebra, tiene sentimientos encontrados, por un lado, la incertidumbre de no saber dónde está su hermana desparecida lo agobia, por otro, no quisiera que sea ella quien yace ahí.

Juguetes bajo la tierra es un concepto integral bien armado. Mantiene el interés del espectador de principio a fin. El diseño de la secuencia es acertado y con buen ritmo. Poca escenografía, unos cuantos elementos de apoyo para dar el entorno propicio. Música de fondo, canciones cantadas a capela, narrativas desgarradoras, a fin de describir la crueldad en su justa dimensión.

En la dirección escénica colaboran Israel Ugalde -autor- y Jorge Santoro, quienes también actúan en la obra. Su trabajo en dirección es impecable.

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El elenco está integrado por: Jorge Santoro (señor Flores), Israel Ugalde (detective Aldana), Kary Karmona (Mónica), Joselyn Paulette/Mónica Retana (una de las secuestradas y médico forense), Viko Tapia (Marcela, hermana de Julia) y Alex Zego/ José Remis (Julia). Todos tienen un buen desempeño histriónico y corporal. Sobresalen Jorge Santoro y Kary Karmona, por la intensidad con la que interpretan sus respectivos monólogos, y Viko Tapia por su melodiosa voz. La producción es de Jorge Santoro y Jack Art – Teatro en circuito.

Teatro que mueve y conmueve. El mismo tema desde cinco perspectivas. Relatos donde la temática es expuesta con veracidad y crudeza. No deje de ver Juguetes bajo la tierra, obra impactante sobre una realidad que no quisiéramos estar viviendo. La temporada actual concluye en esta semana. Tienen intención de reponerla, pero aún no saben dónde ni cuándo.

Juguetes bajo la tierra acaba de concluir una exitosa temporada en el Sótano foro, ubicado en la Calzada México, Tacuba número 70, colonia Tlaxpana, a una cuadra de la Estación Normal del Metro, abajo de la Iglesia San Antonio, Ciudad de México.

 

HENEQUÉN (LA ESCLAVITUD EN YUCATÁN)

HENEQUÉN (LA ESCLAVITUD EN YUCATÁN)

Por Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imágenes tomadas de la página de Facebook de Carretera 45

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Pocos, sobre todo, las generaciones jóvenes, están al tanto de la situación de esclavitud vivida por los mayas a finales del siglo XIX y principios del XX, por situar una época. Aparentemente, abolida, los nativos padecían, no sólo la pérdida de la libertad, en muchas ocasiones, producto de sus deudas con los prestamistas; eran herrados como animales, azotados, golpeados, mal alimentados, hacinados, sin ningún tipo de asistencia social, largas jornadas laborales, recibían su paga en moneda sólo aceptada en la hacienda donde eran explotados, obligados(as) a casarse con quien el patrón decidiera…

Este negro panorama es llevado a escena por Conchita León -dramaturga y dirección-, al frente del grupo Saas Tun, radicado en la ciudad de Mérida, Yucatán. El texto se denomina Henequén. En principio se puede decir que hay pocos diálogos, en buena medida es narrativo, casi siempre dirigiéndose al público en forma directa; en gran parte es narrativo de hechos, descriptivo de una realidad histórica -en menor grado, obvio, presente-, lenguaje inteligente, concreto, con belleza literaria, toca visceralmente al espectador, ubica en una realidad desconocida, un tema que no debe quedar en el olvido, sirva para reivindicar los derechos y dignidad de los actuales pueblos mayas. Se agradece a Conchis la oportunidad de acercarnos a través del teatro a nuestra historia.

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La dirección es acertada, buen ritmo si se toma en cuenta la estructura dramática. Un espacio diseñado, parece en su totalidad por Juliana Faesler. Títeres y móviles, doña Paulina, una anciana, nieta e hija esclavos, narra la tragedia de sus antepasados, en forma curiosa el muñeco es manipulado y recibe la voz de un varón; otro es el hijo del hacendado, dueño de los campos henequeneros (henequenales), bien manipulados, dan un toque estético, seres inanimados cobran vida, el material para su manufactura deja de ser pasivo para desgarrarnos. Aun cuando en el fondo hay mucha violencia, se maneja en forma sugerida, no directa, incluso, con valores artísticos, si se permite la expresión. Se le debe reconocer a Conchis, junto con Juliana, la iluminación, sobre todo, por las limitaciones del equipo del lugar, Carretera 45, donde dieron tres funciones, avalaladas por la residencia del grupo La Máquina de Teatro.

Las actuaciones acordes a las necesidades dramáticas; cada integrante del grupo en su rol, acertados, integrados; el protagónico, si bien recae en un títere, desde lo humano es la propia Conchis, acompañada por Raúl Niño, Lourdes León (muy bien es su condición de blanca humillando indígenas) y Alejandra Argoytia. Da gusto ver la formación, no sólo entrega, digna de reconocimiento tomando en cuenta las condiciones en las que se desarrollan estos grupos independientes en el interior de la República Mexicana. Ojalá haya oportunidad de volverlos a ver en la Ciudad de México, para sensibilizar acerca de cómo el último lujo para un maya puede ser morir en su pedazo de tierra.

 

DIOS, O NO SER (UN SER SUPREMO CRUEL; DESEAR MORIR Y NO PODER)

DIOS, O NO SER (UN SER SUPREMO CRUEL; DESEAR MORIR Y NO PODER)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto cartel promocional

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No cabe duda, la existencia o no de Dios ha sido y es motivo de disertaciones y discusiones, ensayos y libros; unos a favor otros en contra; para unos es cuestión de fe, creer en él, sólo eso; para otros un invento del hombre, en principio para darle razón de ser a lo inexplicable -por ejemplo, los fenómenos naturales en la antigüedad-, en segundo lugar, aferrarse a un ente, quien brinda esperanzas, incluyendo un más allá después de la muerte terrenal.

Dios, o no ser, de David Gaitán y dirección de Martín Acosta, nos presenta dos temas fundamentales, al menos en términos generales: un Dios cruel y omnipresente, y desear morir y no lograrlo. Alguien atrapada en una especie de limbo huye del mandato divino, de un Dios castigador y vengador -muy similar al que describe el Antiguo Testamento en la Biblia- malo, perverso con los hombres. Texto caracterizado por su fervor filosófico, abstracto y a la vez concreto, inmerso en la metafísica más que en lo teológico, irreverente; la existencia requiere huir de Dios. Texto complicado, denso, por momentos confuso, imaginativo.

Varias ciudades y lugares dan pauta a la escenificación dramatúrgica, muy larga en su desarrollo. Una mujer quien es Dios porque lo vio. En realidad representa, si se desea metafóricamente, a la última persona en creer en la divinidad, seguida de un discípulo. Dejar de temerle a Dios es matarlo.

Según la información proporcionada, la propuesta de David surgió de una pregunta trivial: “¿En dónde está el avión de Malaya Airlines desaparecido en 2014?”. De hecho hay referencias directas sobre el accidente, inclusive un “muerto” cuyo espectro aparece 10 años después del misterio aéreo. En fin, un texto nada fácil de asimilar, el tiempo dirá sobre la aceptación o no del público.

Martín Acosta, uno de los más destacados directores en el teatro intimista, de cámara o pequeño formato, vuelve a demostrar su capacidad e imaginación. Parte de un minimalismo, curiosamente cobra relevancia una cuerda tensada, ésta cruza el escenario con un valor simbólico, divide… Da su tiempo y valor a la palabra, a pesar de que al principio parecen frases deshilbanadas, incongruentes, sin un aparente hilo conductor. Da relevancia a la parte actoral, inclusive, saca “adelante” al propio Gaitán, quien muestra muchas carencias como actor.

Además de David, aparecen en escena la mexicana Diana Sedano, un trabajo impecable; es el alma y mente de la puesta, en realidad es el eje en torno al cual gira todo lo demás, probablemente lo mejor de su carrera teatral. Por otra parte, están los españoles: Domingo Cruz y Carolina Rocha, apegados a la dirección, sin exabruptos, muestran experiencia y con ella enriquecen el montaje. Éste cuenta con el apoyo de Iberescena.

Todo aquel que desee involucrarse en esta disertación sobre la existencia o no de Dios, deben acudir a La Gruta, del Centro Cultural Helénico (Ciudad de México), hasta el 17 de agosto; los miércoles a las 20:30 horas.

 

LOS PURITANOS (Ópera)

Por: Eugenia Galeano Inclán

Fotografía de  Blendaboy Graphis y cartel promocional 

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Por lo general, acostumbramos hablar sobre la obra musical de los compositores, pero, a veces, vale la pena, conocer ciertos datos de su vida personal.  Vincenzo Salvatore Carmelo Francesco Bellini (1801-1835), quien acortó su nombre para ser conocido profesionalmente como Vincenzo Bellini, nació en un entorno musical.  Vincenzo Tobia, su abuelo, se ganaba la vida como agricultor, pero era un apasionado de la música, tanto que se convirtió en violinista aficionado y tocaba su instrumento en cuanta reunión se lo solicitaran.  Heredó a su hijo Rosario Bellini su pasión y éste se convirtió en organista profesional.  Cuando nació Vincenzo Bellini, tanto el padre como el abuelo le impartieron sus primeras lecciones de música desde muy temprana edad.

 

Vincenzo Bellini no tardó en convertirse en niño prodigio.  Cuentan sus biógrafos que al año y medio de edad podía cantar un aria completa, que a los dos años comenzó a estudiar teoría musical, a los tres inició sus lecciones de piano, instrumento que llegó a tocar con soltura dos años después, es decir, a los cinco de edad.  Gracias a que se supo de sus sorprendentes avances, el duque de San Martino le otorgó una beca en el Colegio San Sebastián de Nápoles, Italia, donde cursó estudios de armonía con Giovanni Furno, de contrapunto con Giacomo Tritto y composición con el célebre Nicola Zingarelli.

 

Vincenzo Bellini compuso música sacra, de cámara, un concierto para oboe, sinfónica y otros géneros musicales.  Sin embargo, fue la ópera la que le dio fama.   Su primera ópera fue “Adelson e Salvini” en 1825, cuyo éxito fue rotundo y, a raíz de éste, Domenico Barbaja, director del Teatro de San Carlos de Nápoles y de La Scala de Milán, encargó a Bellini que produjera más obras.  Probablemente, su ópera más conocida es “Norma“, sobre todo, porque en una de sus reposiciones fue protagonizada por la afamada cantante María Callas.

 

Los expertos dicen que las óperas de Bellini son representativas de la pasión romántica.  Se sabe que Bellini sirvió de inspiración a otros célebres compositores, como Verdi y Wagner en el aspecto operístico, mientras que en el ámbito instrumental a Chopin y Liszt, entre otros.  Quizá por su sensibilidad y conocimientos Vincenzo Bellini hubiera sido el más grande compositor de todos los tiempos, pero lamentablemente la vida no le duró tanto para serlo.  La obra que cerró su ciclo creativo fue LOS PURITANOS (I puritani), con libreto de Carlo Pepoli, basada en Têtes rondes et cavaliers (Cabezas redondas y caballeros) de Jacques-François Ancelot y Joseph Xavier Saintine, misma que fue estrenada en París en el Théatre Italien (Teatro Italiano) el 24 de enero de 1835.  Unos cuantos meses después, Vincenzo Bellini perdió la vida tras una breve enfermedad, el día 23 de septiembre de ese año, teniendo tan solo 34 años de edad.

 

A pesar de su corta vida, Vincenzo Bellni es reconocido como un insigne compositor y destacado melodista. La ópera es una de las disciplinas musicales que más trabajo demanda.  De principio, se requiere de     un texto, luego los parlamentos con arias y recitativos, algunos coros para apoyar a los intérpretes, la composición musical y la orquestación.  Cada melodía debe ser interpretada por un cantante con determinada tesitura,   Así mismo, se debe mantener la continuidad de la acción dramática y combinar los cuadros con precisión y las voces con armonía.

 

La trama de LOS PURITANOS es un triángulo amoroso.  Riccardo está muy enamorado de Elvira y regresa del campo de batalla dispuesto a conquistarla, pero al llegar se entera de que Elvira está por casarse con Arturo.  Tras un malentendido, la boda no se celebra.  Elvira pierde la razón por el amor que profesa a Arturo,  La acción se desarrolla en una época en que estaba de moda Escocia, con todo su romanticismo, aunado a sus brumas y castillos tenebrosos.  Cromwell había derrocado a Carlos I, último rey de la dinastía Estuardo, así que al drama romántico que viven los protagonistas, se le suman los conflictos social, político y religioso que privan en esos momentos.  Se sabe que los partidarios de Cromwell practicaban un protestantismo extremo que, en aquel entonces, se definía como 2puritanismo”.  De ahí el título de esta ópera.

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Los personajes son:  Elvira –soprano– (hija de Lord Valton, enamorada de Arturo).  Lord Arturo Talbot –tenor– (novio de Elvira, Capitán, partidario de los Estuardo),  Sir Riccardo Forth  –barítono– (coronel, líder Puritano y enamorado de Elvira),  Sir Giorgio Valton –bajo– (tío de Elvira, coronel retirado, Puritano),  Enrichetta de Francia –mezzosoprano o soprano– (viuda de Carlos I, fugitiva de Cromwell),  Sir Bruno Robertson –tenor– (oficial Puritano, amigo de Riccardo),  Lord Gualterio Valton –bajo– (padre de Elvira, Puritano, Gobernador del Castillo de Plymouth),  y  el Coro (soldados, Puritanos, habitantes del castillo y otros).

 

Aun cuando Vincenzo Bellini concibió la expresión lírica demandando gran precisión y agilidad vocal, así como la utilización de marcadas y variadas coloraturas, el elenco mexicano superó el reto y sorprendió a la audiencia con su magistral interpretación.  Leticia Altamirano (Elvira),  Javier Altamirano / Alessandro Luciano (Lord Arturo Talbot),  Armando Piña (Sir Riccardo Forth),  Rosendo Flores (Sir Giorgio Valton),  Isabel Stüber Malagamba (Enrichetta de Francia),  Enrique Guzmán / Edgar Gutiérrez (Sir Bruno Robertson),  y  José Luis Reynoso (Lord Gualterio Valton).  Los Covers o Suplentes son:  Angélica Alejandre (Elvira),  Hugo Colín (Lord Arturo Talbot),  y  Oscar Velázquez (Sir Riccardo Forth).

 

El diseño de escenografía de Luis Manuel Aguilar es muy acertado, provee el ambiente propicio, práctica y ofrece ciertas variantes.  La espectacularidad escénica reside en el diseño de vestuario por parte de Brisa Alonso, a quien con esta encomienda se le dio la oportunidad de tener un lienzo de mayores dimensiones para plasmar su arte.  En esta ocasión, Brisa pudo echar mano de oropeles, gasas, sedas, linos, rasos, mantas, brocados, apliques, complejos bordados, y hasta hojalateó armaduras, sin dejar de lado los múltiples detalles, como botonaduras y demás.  Brisa Alonso desplegó su creatividad en todos los atuendos de dama y de caballero.  Combinó telas y colores en forma impresionante.  La elegancia y vistosidad alcanzadas son incomparables.  La talentosa Brisa no se ciñe por esquemas ni se impone límites, sin embargo, realiza una exhaustiva investigación para determinar tendencias y modo de la época de que se trate.  Igual confecciona un traje varonil en tonos vivos que provee vuelo a una falda sin necesidad de un miriñaque metálico.  Prueba de ello es que Elvira, enfundada en su suntuoso vestido de novia, puede hincarse, correr, o arrojarse al suelo, sin denotar rigidez alguna por el vestuario.  Definitivamente, Brisa es una de las mejores diseñadoras de vestuario en nuestro país.

 

El resto del equipo creativo está integrado por:  Srba Dinic, director concertador,  Ragnar Conde, director de escena,  Carlos Arce, diseño de iluminación,  Gabriel Ancira, diseño de maquillaje y peluquería, Orquesta y Coro del Palacio de Bellas Artes,  Christian Gohmer, director huésped del coro,  Bertha Coutiño, producción,  Rogelio Riojas-Nolasco, asistente musical,  Gilberto Gamboa,  Sergio Vázquez y Ángel Rodríguez, pianistas y maestros internos,  César Velázquez y León Felipe Tapia, maestros internos,  Hilda Pamela Garduño, asistente de dirección de escena,  Francisco Méndez Padilla, traducción y supertitulaje.

 

LOS PURITANOS se estrenó en México en el Teatro Principal en febrero de 1843.  Se volvió a representar en el Palacio de Bellas Artes hasta mayo de 1952 y recientemente a finales de mayo de 2016.

 

El desempeño de los artistas mexicanos dedicados al  bel canto es extraordinario.  Varios de ellos son constantemente contratados para plazas importantes en todo el mundo y representan a México con mucha dignidad.  Nos sentimos muy orgullosos de ellos.  Esperamos que LOS PURITANOS sea repuesta en un futuro próximo.  De cualquier forma, es grato saber que el Palacio de Bellas Artes siempre ofrece una cartelera amplia y atractiva.

 

LAS ANALFABETAS (INCONGRUENTE E INTRASCENDENTE)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Fotografías de Ale Mostra

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En el sentido más simple de los términos, entendemos por incongruente algo imposible en la realidad y por intrascendente algo que no aporta casi nada o nada, con estas palabras definiría el texto LAS ANALFABETAS, de Pablo Paredes, dirigido por Paulina. Veamos por qué.

 

Una mujer, Ximena, de cincuenta y tantos años de edad, no sabe leer ni escribir a pesar de haber asistido a la escuela, por lo menos al primer año de primaria; nadie, ni sus maestras se percataron del “pequeño detalle”, hubiera sido más creíble ubicarla como una niña a la que sus padres nunca mandaron a un plantel educativo. Posee un carácter agrio, siempre atacando, cuestionando todo, rebelde, de repente cede para contra atacar. Desea aprender para escribirle cartas al presidente de la República, a los Reyes Magos, a su madre -a la que odia- y leer una carta dejada por su padre antes de que la abandonara. Incongruencia en el fondo dramatúrgico, sobre todo por lo primero apuntado en las primeras líneas de este párrafo. Además, analfabeta, pero vive en un departamento cómodo, con qué subsiste económicamente, sabrá Dios.

 

Transcurren varios, mejor dicho muchos minutos desde el inicio, ya sabemos que Ximena es analfabeta, ha contratado una maestra particular de español, para que la enseñe. Jaqueline muestra paciencia de santo con esa rebelde; en concreto el texto no aporta nada en gran parte del desarrollo inicial, diálogos intranscendentes, nada para meditar, una obra para el olvido. Si una es maestra de español por qué el título en plural, la pretensión, hay muchas formas de ser analfabeta.

Llega la lectura de la carta paterna, igual de intrascendente que toda la obra.

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Si el texto no da para mucho, la dirección menos. Paulina García -en medio de una escenografía realista , el interior del departamento de Ximena, e iluminación de Laura Rode- nos lleva por un montaje monorítmico, plano, sin emotividad -salvo dos escenas, una cachetiza entre ambas y un baile producto de la borrachera- el trazo es muy limitado, en su favor sólo se puede decir que ante un texto tan incongruente e intrascendente es mucho lo propuesto.

 

Un elenco de primer nivel, Dolores Heredia y Gabriela de la Garza, dos histriones, reconocidas nacional e internacionalmente, ambas con muchos triunfos en sus carreras, tanto cinematográficas como teatrales. es una lástima, ante la falta de un buen texto, digamos al menos fuera aceptable, y una dirección sin imaginación, es demasiado lo hecho en el escenario. En verdad un desperdicio.

 

LOS ANALFABETAS se representa en La Teatrería, colonia Roma, los viernes a las 21:00, sábados 18:00 y 20:00 y domingos 17:00 y 19:00 horas.

 

 

LA COLABORACIÓN

Por: Dalia María Teresa De León Adams

 

La Compañía Nacional de Teatro está estrenando la obra de Ronald Harwood La Colaboración.

 

Harwood nació en Ciudad del Cabo, Sudáfrica el día 9 de noviembre, de 1934, sin embargo se trasladaría a vivir en la ciudad de Londres en 1951, en donde se unió a la importante Shakespeare Company, fue presidente del PEN club y, obtuvo preseas como ganador por mejor adaptación de los guiones cinematográficos de “El pianista” en 2002 y, “La escafandra y la mariposa” en 2007. Actualmente Sergio Bela se dio a la tarea de traducir la obra al español La colaboración de Ronald Harwood, dirigiéndola magistralmente.

 

Sergio  Bela fue motivado ante su predilección por el afamado músico alemán Richard Strauss; música que inclusive dirigió en dos ocasiones en la Unión Americana y, que fueron la opera de “Salomé” y “La mujer sin sombra”. Por ello decidió traducir La colaboración, pues dicha dramaturgia está basada en un episodio de la vida artística del alemán Richard Strauss.

 

La trama de ésta puesta en dos tiempos escénicos. La narración está hecha a través de la imaginación de su autor, quien imaginara los posibles diálogos que surgieron en la época hitleriana entre el músico Richard Strauss y su escritor Stefan Zweig, mientras ambos componían la obra operística “La mujer silenciosa”.

 

La obra también ventila la situación imperante en cuanto que en aquellos tiempos, cuando el Tercer Reich se daba a la tarea de eliminar cualquier influencia judía, dentro de la cultura alemana recalcitrante quedó prohibida la obra, pese al gran éxito obtenido en el estreno.

 

Los pormenores de la gran mistad qué había surgido entre éstos dos grandes genios, son plasmadas en ésta obra teatral con las magníficas actuaciones de Juan Carlos Remolina y Diego Jáuregui, compartiendo créditos con otros grandes actores entre los que se encuentran Andrés Weiss, Renata Ramos, Mariana Gajá y Ricardo Leal.

 

Además nos encontramos con el diseño escenográfico y de iluminación por parte del destacado maestro Alejandro Luna y, de la presentación en vivo durante el tiempo intermedio de un grupo de jóvenes músicos de cámara, que incluye al pianista, a una soprano, un bajo y un tenor; todos ellos interpretando un fragmento de “La mujer silenciosa”, la cual estará por siete ocasiones en el hall del teatro.

 

La obra se presentará en la Sala Héctor Mendoza del CNT de jueves a domingos hasta el día 31 de Julio.

 

JOB (FUNCIÓN CON UN SOLO ESPECTADOR)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Imagen Facebook de Vicente Ferrer

 

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He vivido muchas anécdotas en torno al teatro, unas las he gozado, las menos sufrido, sin embargo, me acaba de suceder una para el libro de los récords: ser el único espectador -además con cortesía- en la sala; aun cuando expresé no tener ningún inconveniente si suspendían, los encargados del lugar me dijeron se daría la representación. La falta de público en esta forma escandalosa y patética tiene su razón de ser: un fallido monólogo en todos los sentidos.

 

Lleva por título Job, gira en torno a la vida del santo -sabemos no existió, es un personaje mítico legado por la religión judía y aceptado por el cristianismo-, cuya principal virtud fue la abnegación, aunadas a la paciencia y fe que siempre tuvo en Yavé. El texto es nada más y nada menos de Fernando Savater. ¿Qué se puede decir del mismo? De una gran profundidad, de reflexión, se desarrolla entre lo teológico y lo filosófico y, obvio, una riqueza poética. Después de todas las calamidades sufridas por Job -pérdida de sus propiedades, ganado, riqueza y familia- se refugia en una caverna, ahí lo sitúa Savater en una meditación ficticia, esto es, más allá de la versión bíblica.

 

Normalmente cuando un monólogo fracasa se culpa al actor, en este caso toda la responsabilidad, al menos la mayor parte, es del director, Juan Carlos Torres, quien puede presumir de falta de imaginación y creatividad. esto se traduce en creer que proyectando unos fotomurales -hacen las veces de ciclorama- se recrea la caverna; no hay escenografía, absolutamente nada, sólo algunos, mínimos elementos de utilería. Unos silencios interminables, recordemos en el teatro un minuto es una eternidad; apagones van y viene. El actor extiende una tela, dibuja -creo- una “figura humana”, qué simboliza, excelente pregunta pero sin respuesta. En una escena mientras dice el actor su texto, éste se la pasa limpiándose las piernas, en realidad ni él lo cree, en otra la voz se convierte en un susurro. Lo único rescatable, emplea voz en off para escuchar parte del Capítulo 1 del libro de Job (Biblia). La lista de desaciertos es interminable, ahora se entiende por qué no hay público.

 

La víctima de la dirección es Vicente Ferrer, entregado, hace su lucha, pero ante todo lo anterior no hay mucho por hacer. No hay más que decir, sólo agradecer la tortura dura 50 minutos.

 

JOB se presenta en el Círculo Teatral (Ciudad de México), los domingos de julio a las 18:00 horas.

ESCORIAL (EL REY QUE QUISO SER BUFÓN)

Por: Alejandro Laborie Elías, crítico de teatro

Foto cartel promocional.

 

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Escrita en 1928, aun cuando pudo ser ayer, BUFÓN es una obra que nos adentra en el manejo del poder por parte de un rey absolutista y su relación con el pueblo. Considerado un baluarte de la dramaturgia universal, Michel de Ghelderode (Bélgica), nos brinda una comedia grotesca con tonos de tragedia. Un rey quien representa el poder; un bufón quien simboliza a los súbditos. El primero, ante la agonía de su odiada esposa, saca a relucir todas sus frustraciones, sobre todo la impotencia cuando se percata no todo se mueve a su voluntad. Folial, su bufón, es obligado a representar una farsa, ésta tiene la peculiaridad de que ambos cambian sus roles, esto es, el rey quiso ser bufón. Éste no cree en su rey y por su alteza no cree en la fidelidad del otro. La idea del autor, supongo, es convertir a los dos -cuando intercambian los roles- , hacerlos más humanos. Un texto empapado en la poesía, de una gran teatralidad y contundencia escénica, nada le falta nada le sobra. En concreto, la eterna lucha por el poder y sus consecuencias en la relación gobernante-gobernado.

 

Luly Rede montó esta obra hace 17 años, hoy la retoma con el mismo vigor e ímpetu. Una propuesta artística, crea la atmósfera para el encuentro personajes-espectadores. Un trazo de gran manufactura. Parece que el primer estreno fue ayer, la farsa no ha perdido frescura, si se permite la expresión, profundiza escénicamente en lo fundamental y permite la catarsis con los toques de humor ahí infiltrados. Por escenografía, sólo el trono; el vestuario sugiere una época pasada, ¿cuál?, no es importante y una iluminación con la que refleja el interior de los personajes. Una gran propuesta de dirección. Considero a Luly no se le ha dado el reconocimiento y lugar que merece en el ámbito teatral.

 

Patricio castillo y Roberto Sosa, dos portentos de la actuación. Se conjuntan en forma perfecta. El primero tiene la habilidad histriónica de transmitir la decadencia del soberano, como otros sentimientos: culpa, soledad, dependencia, angustia… El segundo encarna el dolor, no sólo propio sino el de toda una sociedad; admirables e inolvidables escenas cuando caracteriza a un can, sus expresiones faciales y corporales indescriptible como impresionantes, da gusto encontrarse con dos histriones en el mismo escenario, transforman el teatro en toda una expresión de ARTE. También aparecen en escena Roberto Ríos “Raki” y Tania Arredondo, papeles circunstanciales -un monje y la reina- a tal grado que la actriz no pronuncia una sola palabra.

 

Puesta en escena apoteótica, de esas que la gente -los verdaderos teatrófilos- no debe perdérsela, una experiencia inolvidable. ESCORIAL se representa en el Foro Shakespeare, los sábados de julio a las 13:00 horas.