LA BELLEZA

Texto y foto por Mariana Jano

En sus ojos había una infinita tristeza, y sin embargo no por eso dejaban de brillar. Julia Pastrana era “la mujer barbuda”  “la mujer oso”, “la mujer mono”. Una mujer sinaloense con rasgos simiescos en el rostro, en la cara y abundante vello en todo el cuerpo característicos de la enfermedad hipertrecosis generalizada congénita un desorden genético combinado con hiperplasia gingival que daba a su boca un aspecto protuberante. Nació en Sinaloa en 1832 y  realmente existió con una inteligencia nata y hasta, se afirma, sentido del humor.

“Welcome, horrorícense ante La indescriptible, ¡La mujer simio, La más fea del mundo!”, suena el pregón de Picadilly Circcus y de los confines arriban los fenómenos, muy en paz, llevando su normalidad a cuestas, ojos que son espejos.” Escribe el autor de La belleza, que por hoy se presenta en el Teatro El Milagro.

A David Olguín, el autor y dramaturgo, de obras como ¿Esto es una farsa? Belice; La lengua de los muertos o Bajo tierra seguramente usted lo conoce por su trabajo también como director, actor, narrador, ensayista y editor que se ha destacado primordialmente en el teatro mexicano.

Continuemos con Julia. Por aquellos años la ciudad era chica y la voz se corría, decían que se le había encontrado en una cueva amamantada por un lobo, otros decían que su madre la escondía, pero pronto quedó huérfana, al cuidado de unos tíos.

La acción de la obra inicia cuando la entonces señorita Pastrana llegó a un circo, llevada  para casarse con un tal Theodore W. Lent,  quien la humilló y compró para su explotación… Las circunstancias la rebasaron, no por eso dice la Historia, dejó de aprender  francés y hasta un poco de alemán. La joven Julia es interpretada por Mauricio Pimentel, alto fornido y barbudo proyecta un fuerte contraste en escena a lo que en la realidad era Julia, una joven quien no alcanzó más allá del 1.37 de estatura y un peso muy bajo, esta es una caracterización interesante, acertada que le da fuerza a la obra y se complementa con la de Theodore interpretado por Laura Almela de manera más que brillante y para quien pareciera fue escrita la obra. A ellos se suma la actuación de Emmanuel Varela, no menos loable y quien entre otros papeles interpreta a Charles Darwin, el famoso científico que tuvo un encuentro con Julia y por supuesto que no la ubica como el eslabón perdido.

Julia Pastrana era de finos modales, así lo aseguran historiadores, era mezzosoprano de ópera y también así la explotaron. Viajó por Estados Unidos, Canadá, Europa y Rusia… pero La belleza, la deja prácticamente sin pronunciar palabra, así nos lo plantea la obra del mismo autor que la dirige. No era festividad, ¿Acaso morbo? Ese imán que puede resultar desagradable, cruel, un tanto prohibido y hasta malvado.

El tema resulta interesante y muchas veces se ha abordado en el arte de diferentes maneras, recuerde por ejemplo la película de El hombre elefante o el existencialismo kafkiano. ¿Qué es belleza y para quién? La felicidad ¿Va de la mano de la belleza sea filosófica, espiritual o estética?

 Sobre las tablas de Gabriel Pascal se proyecta la  escenografía e iluminación un diseño que a primera vista no tiene nada pero que resulta natural al crear varios espacios como un proscenio las tras bambalinas.

Sobre Julia Pastrana se han hecho documentales, por lo menos un libro, obras teatrales como la exhibida  de Nueva York, que dio pauta a que se repatriara su cadáver por la artista visual Laura Anderson, quien luchó por esto cerca de 10 años consiguiéndolo en el 2013, después de que los restos de Julia habían permanecido años en un instituto forense en Oslo Noruega. No importa lo que no dice La belleza de este montaje lo importante es lo que sí dice  y esto vale la pena que usted lo vea y lo haga trascender desde su mirada interna.

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