FELIZ AÑO NUEVO, MAMÁ

Texto y fotos por:  Eugenia Galeano Inclán

Aun cuando vivimos en comunidad, cada relación entre humanos requiere de ciertas condiciones.  Al principio, todo es sencillo, los bebés dependen totalmente de la madre y el padre, así que mantienen excelentes relaciones con ellos, luego van conociendo al resto de la familia, hermanos, abuelos, tíos, primos y amistades.  Tan pronto comienzan a tener cierta independencia, comenzarán a determinar quienes les simpatizan más y quiénes menos.  Luego, llega el colegio y su mundo se amplía.  Fuera de núcleo familiar, habrán de convivir con extraños, hasta irlos conociendo y elegir de entre los compañeros a quienes serán sus primeros amigos.  Este patrón se repetirá una y otra vez a lo largo de la vida, en los trabajos, círculos familiares, de amistad, de pareja, etcétera. 

Existen ciertas relaciones que son particularmente difíciles.  Por ejemplo, la más tradicional y comentada es la de suegra-nuera.  Se sabe que la madre del novio siempre encontrará algún defecto -o varios- a la joven que elija su hijo.  Entre hermanos media la rivalidad, sentimiento natural que se supera con cariño.  Hay parejas que sostienen relaciones de amor-odio, mismas que pueden llegar a desembocar en tragedias.  Resulta muy conflictivo lidiar con personas celosas extremas, violentas o con aquellos que padecen alguna adicción.  Cada persona va estableciendo sus límites y, desde luego, tendrá libertad para decidir al lado de quien quiere estar.

En el caso de que los padres se separen o divorcien, la situación se presentan más complicaciones porque prevalecen las divisiones y las nada gratas elecciones con respecto a fechas especiales, vacaciones, viajes o asuntos cotidianos.  

Por lo general, las relaciones más entrañables que existen son entre padres e hijos.  En particular, madre e hija o padre e hijo, en virtud de que los progenitores, aparte del inmenso cariño que sienten por el vástago, de una u otra manera se ven reflejados en ellos.  Sin embargo, también hay excepciones.   Este tema es el que aborda Alex Figueroa, un joven dramaturgo mexicano, en FELIZ AÑO NUEVO, MAMÁ.

La trama que Alex Figueroa concibe para  FELIZ AÑO NUEVO, MAMÁ es el reencuentro de una madre con su hija tras un prolongado alejamiento.   Clara fue infeliz en su matrimonio hasta el punto en que la única salida que encontró fue salir corriendo, pero, al hacerlo, dejó también a Lola, su pequeña hija.  Pensó que con el tiempo podría recuperarla, pero esto no fue posible.  Han transcurrido veinte años y, desde entonces , Clara lleva consigo el peso de no estar con su hija, no verla crecer, desarrollarse, madurar, en tanto que en Lola prevalece un tremendo resentimiento por el abandono, tanto así que a la única familia que reconoce son su padre y su abuelo.  Si bien ha tenido algunos encuentros esporádicos con Clara, jamás la ha llamado «mamá» y, en cuanto se le presentó una oportunidad de trabajo en el extranjero, decidió poner tierra de por medio para evitar encontrársela aunque sea por casualidad.  

El texto de Alex Figueroa capta la atención del público de principio a fin, el relato está plagado de suspenso.  El autor delinea bien a sus tres protagonistas:  Clara, Lola y Carmen, la mejor amiga de Clara, su confidente, que siempre ha estado presente para apoyarla y cuidarla.  Uno de los logros más consistentes del autor es retratar el sentir íntimo de los personajes y exponerlo ante los espectadores, a fin de que perciban el remolino de pasiones que atraviesan.  

Al darse la tercera llamada, el público verá a Clara, quien acaba de salir del hospital, donde estuvo tres largas semanas luchando entre la vida y la muerte.  El médico le ha dicho que tiene sus días contados.  Igual podrá vivir algunos años más, pero el final es inminente por la condición de su salud.  Esto le ha permitido reflexionar sobre lo que hará antes de morir.  Lo que más desea es conversar con su hija, sabe bien que son «dos paralelas que jamás se van a unir«.  Está consciente de que las heridas siguen abiertas, porque no ha habido forma de cicatrizarlas.  Considera que lo más probable es que su hija nunca la perdone, pero, de cualquier manera, ella tiene una necesidad imperante de cerrar círculos para irse tranquila.  Carmen la cubre con una cobija, le pregunta qué necesita, platica con ella y le sugiere que visite a su hija (conoce tanto a su amiga, que casi le lee el pensamiento).  Así mismo, se ofrece a acompañarla.  Por fin, Clara acepta y comienzan a planear el viaje.  Irán cuando el año nuevo esté por comenzar.

La labor de dirección por parte del propio autor es impecable.  Su trazo escénico es firme y riguroso.  Impone a su elenco una actuación basada en la contención.  No requieren de alzar la voz ni de alardear para mostrar sus tormentas íntimas.  Los desplazamientos están bien planeados y logrados.  Marca con acierto los cambios de actitudes y entornos.  El ritmo es preciso.

Las tres actrices ofrecen una labor histriónica, vocal y corporal extraordinaria.  Margarita Sanz es Clara,  Elizabeth Pedroza es Lola  y  Emma Dib es Carmen.  Destaca la primera actriz Margarita Sanz por la amplia gama de emociones que aporta a su personaje y, sobre todo, por la naturalidad que acostumbra  imprimir a cualquier personaje que encarne.

La escenografía es sencilla, pero funcional y estética, llama la atención la forma en que incorporan un pequeño balcón que redimensiona los espacios.  El vestuario es de buen diseño, finamente confeccionado y reflejando la personalidad de cada una de las protagonistas. 

Complementan el equipo creativo de FELIZ AÑO NUEVO, MAMÁ:  Alexis Marsicano en asistencia de dirección;  Elizabeth Franco en asistencia de producción;  Jesús Giles en dieseño de producción;  Antonio Solano Hernández en realización de escenografía;  Erika Jiménez en diseño de vestuario;  Carlos Camacho en asistencia de sonido;  Luis Fernando Cantón en diseño de cartel,  y  PinPoint Comunicación en publicidad y relaciones públicas.

La producción es de Adoro Teatro.

Una obra sobre sentimientos y relaciones humanas que nadie debe perderse.  Una historia estremecedora es llevada a escena con pulcritud.  Ante la veracidad que logran las actrices que dan vida a los personajes, el espectador queda impactado.  Un montaje de calidad realizado por un equipo que despliega talento, compromiso y amor por el quehacer teatral.  Apresúrate porque la temporada actual es muy breve y sólo restan cuatro funciones. 

FELIZ AÑO NUEVO, MAMÁ 

se presenta a las 20:00 horas los días lunes 27 de enero,  martes 28 de enero, miércoles 29 de enero  y  jueves 30 de enero de 2020  en el TEATRO LA CAPILLA

ubicado en la calle Madrid número 13 (casi esquina con Centenario) Coyoacán,  Ciudad de México

Duración aproximada:  80 minutos

Clasificación:  Adolescentes y adultos

El costo de la localidad es de $250

Descuentos en taquilla para estudiantes, maestros, INAPAM, vecinos de Coyoacán, Iztapalapa y Benito Juárez

La temporada concluye el jueves 30 de enero de 2020

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