GUANTES

Colaboración Ignacio Velázquez

Fuente: https://semanal.jornada.com.mx/2022/04/24/guantes-miguel-maldonado-932.html

 

 

  • Rara vez se enamora un guante del otro. Sufren si la persona que los lleva no se frota las manos, el único modo que tienen de besarse; para lograrlo, se ponen fríos, así la obligan a frotarse. La mayoría de las veces, los tiran por friolentos. A ellos, a los más fogosos de todos.

 

  • Hay manos que llevan solo un guante, lo llevan en la mano deforme. Al otro guante la soledad del cajón lo enloquece –los guantes impares no sobreviven sanos sin su pareja–, y desea que la otra mano también se deforme o que de menos se queme, y así lo lleven de la mano con su par.

 

  • Obligado a hacerlo, el ladrón usa los guantes con desgana, lo suyo no es el guante y la pipa. Algunos guantes se avergüenzan de sí mismos y durante el robo se rasgan las vestiduras, dejando huellas. Al resolverse el crimen, nadie agradece la pequeña rebeldía que hay en las cosas.

 

  • El guante izquierdo mantiene sólo un sueño: que la mano que lo lleve sea zurda y así poder gozar los privilegios del guante derecho. Ignora lo que se siente escribir una carta, apretar un muslo, lanzar un beso, marcar el teléfono con la mano temblorosa y escuchar la voz anhelada.

 

  • Los guantes quirúrgicos desean una vida mejor, como todas las cosas que hacen el trabajo sucio. Sueñan con ser guantes de seda y asistir a las cenas. Creen que están cerca de su sueño cuando los llevan a la cocina: no saben que también los cocineros usan látex para no ensuciarse.

 

  • La mano deforme, cubierta de día por un guante, admira el brillo en la piel desnuda de la mano buena, “mano de pianista”, así le dice a la brillante. Daría uno de sus dedos por ser como ella. Pero si lo hiciera, sería de nuevo una mano deforme que habría que cubrir con un guante.

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