ECO

Texto y fotos por  Eugenia Galeano Inclán

 

En una Nota anterior, les comentamos sobre WILMA, dramaturgia, dirección y actuación de Itzhel Razo, la cual dio inicio a la Residencia que Proyecto Granguiñol Psicotrónico está cubriendo en el Teatro El Milagro, luego, dentro de dicho marco tocó el turno al estreno de ECO, suceso escénico de Rodrigo Castillo Filomarino.

 

Rodrigo Castillo Filomarino es un músico mexicano que se desempeña como compositor, diseñador sonoro y productor musical.  Así mismo, ha realizado diseños de iluminación.  La musicalización de la obra «Noche de Estío» de Rodolfo Usigli, bajo la dirección de Germán Castillo, producción de la Compañía Nacional de Teatro -CNT- fue la que marcó el inicio de su carrera profesional en 1999.  Desde entonces, su trayectoria ha estado ligada al teatro y a la danza.

 

Las propuestas de Rodrigo Castillo Filomarino han sido exitosas y muchas de éstas han resultado memorables.  A lo largo de su labor ha recibido diversos reconocimientos, nominaciones, premios y galardones.  Es Miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA 2019.

 

Ahora, con ECO incursiona en la dramaturgia y en la dirección escénica.  Luis Alcocer Guerrero, director de Proyecto Granguiñol Psicotrónico, describe el texto de ECO de la siguiente manera:  «Un hombre suspendido en el tiempo escucha el eco de su propia vida y nos invita a escuchar la reverberación que nos rodea.  En su ópera prima, Rodrigo Castillo Filomarino concibe el sonido como una vibración que nos vincula con la memoria y con los otros.  Una voz es como un rostro que busca nuestra mirada.  ¿Estamos dispuestos a recibir sus palabras?  ¿Qué hacemos con esos sonidos que llegan a nosotros como un abrazo?  La respuesta está en nuestra capacidad de escucha.  Esto, viniendo de un compositor que se ha dedicado a la creación de música para la escena, se puede leer como una declaración de principio:  la música para la escena se origina, antes que nada, en una escucha atenta de las imágenes que transitan por el escenario«.

 

En efecto, Rodrigo Castillo Filomarino acudió a su memoria para escribir ECO, la cual incluye una serie de vivencias, recuerdos, sensaciones y, desde luego, algo de ficción.   Tomando en cuenta que se trata de una ópera prima, es sorprendente lo buena estructura que Rodrigo dio al texto.  Capta la atención del espectador desde el principio.  No sólo es interesante sino también ilustrativo, toda vez que una de las principales  herramientas del autor para ejercer su especialidad es el oído y comparte con el público algunas guías para aprender a escuchar, como por ejemplo, la manera de determinar si un vehículo con sirena viene hacia nosotros, si se aleja o si estamos dentro.  Así mismo, revela lo mucho que extraña el sonido de la cuchara de la abuela cuando preparaba su exquisita sopa de fideos con espinaca, siendo que la mayoría de las personas lo que recuerdan es el sabor, por no haber dado la importancia debida a lo que escuchan.  También alude a la belleza del sonido del mar y como en determinadas ocasiones es mejor hacerse el sordo.

 

Apostó por un montaje interdisciplinario en el que conjuga teatro, danza y música.   En cuanto al teatro, podemos suponer que un actor es quien representa al autor, dado que la narrativa se basa en experiencias personales.  En la danza, una destacada bailarina ejecuta originales coreografías que añaden dinamismo a la puesta en escena, a pesar de que en este caso es independiente, es decir, no se interrelaciona con aquello de lo que se habla.  La música es, como de costumbre, vistosa, espectacular y en consistencia con el relato.  Sin embargo, es grabada.  Desde mi perspectiva, la música en vivo es un privilegio para cualquier representación y proporciona un lucimiento incomparable.

 

La labor de dirección por parte de Rodrigo Castillo Filomarino es impecable, su trazo escénico es firme y definido.  Divide la danza del teatro, deja el movimiento a cargo de la bailarina y, en cambio, minimiza el desplazamiento para el actor, tal vez a causa de un hecho que ocurre justo al inicio de la función, lo cual implica un reto para que el actor despliegue su histrionismo en la expresividad y las inflexiones de voz, más que en corporalidad.  La estética está presente en todo momento y el ritmo es muy preciso.

 

La labor histriónica por parte de José Alberto Gallardo es extraordinaria y sale airoso del reto de tener escasa movilidad.  Aporta una amplia gama de matices para reflejar emociones, al igual que realiza un gran trabajo vocal.

 

Por su parte, Stephanie García recorre todo el escenario con una cadenciosa coreografía que ella misma diseñó para el proyecto, a la cual añade ciertas improvisaciones cuando lo considera pertinente.

 

El espacio escénico y la iluminación fueron diseñados por Vanessa Farfán, a quien le bastan unas teclas de madera colocadas en forma estética para crear el entorno adecuado.

 

Quienes asistieron a ver ECO no sólo disfrutaron de la ópera prima de Rodrigo Castillo Filomarino, sino que lo más probable es que hayan aprendido a escuchar mejor y a apreciar más los sonidos.  el montaje conformado por una acompasada coreografía y una espléndida actuación enmarcadas en una música soberbia tuvo un éxito rotundo, se agotaron las localidades de las dos funciones presentadas y el público aplaudió cálida y lagamente al final de cada representación.

 

El estreno de ECO ocurrió dentro del marco de la residencia de Proyecto Granguiñol Psicotrónico en el Teatro El Milagro, ubicado en Milán número 24, colonia Juárez, Ciudad de México.

 

 

Marzo 2020

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